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Mil familias en Torres Jordi y ni un parque para los niños

Los vecinos proponen sustituir la fuente gigante por un espacio dedicado al ocio infantil. Aseguran que actualmente el surtidor se utiliza para duchar a los perros

Carla Pomerol

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La plaza en cuestión cuenta con una enorme fuente, árboles y farolas que, en gran parte, no funcionan.  FOTO: alba mariné

La plaza en cuestión cuenta con una enorme fuente, árboles y farolas que, en gran parte, no funcionan. FOTO: alba mariné

«Torres Jordi también existe», dice Sílvia Font, una vecina de este barrio tarraconense situado entre el río Francolí y la ciudad. Y es que el ambiente que se vive en Torres Jordi es de abandono total por parte de las administraciones. Reivindica más limpieza, más luz, más parques infantiles y más inversión. Pero a los vecinos les sobra la enorme fuente ubicada en la Plaça del General Domènech Batet i Mestres –más conocida como la plaza de la Farinera–, en el corazón del barrio. Los vecinos de Torres Jordi piden al Ayuntamiento de Tarragona que se sustituya la fuente por un parque infantil completo. «Somos más de mil familias las que vivimos aquí y nos vemos obligados a desplazarnos hasta otros barrios a jugar porque no tenemos ningún parque infantil en condiciones», asegura Cristina Martínez, una de las responsables de la Associació de Veïns Residencial Palau-Torres Jordi.

Martínez recuerda que cuando ella era pequeña había un espacio en el barrio donde jugar con la pelota y subirse a los columpios. Pero levantaron un edificio y, desde entonces, los niños no tienen donde jugar. Hace unos años, el Ayuntamiento urbanizó y puso a punto la plaza que unía Residencial Palau –tres bloques– con la parte nueva, conocida como Torres Jordi. Construyeron una fuente gigante, acompañada de árboles con una base de hormigón. A pocos metros, justo delante de la Escola El Serrallo, instalaron un tren y un par de balancines. La falta de mantenimiento de la plaza la ha dejado totalmente inutilizada. 

«El tren está podrido y sucio. Los niños no pueden jugar allí, les va a coger algo», asegura Mar Tules, una vecina. Además, los bancos que envuelven el intento de parque infantil están sucios y llenos de hojas y de excrementos de estorninos. Los vecinos de Torres Jordi se ven obligados a ir a otros parques para que sus hijos puedan jugar. «El barrio está cambiando, cada vez somos más los jóvenes que venimos aquí a vivir. Casi mil familias sin ningún espacio para el ocio de sus hijos», explica Martínez.

La ducha de los perros
Los vecinos llevan años proponiendo una solución: sustituir la gigante fuente de La Farinera por un parque infantil. «El mantenimiento de este surtidor implica un gasto continuo y siempre está lleno de mierda», explica otro vecinos, Juan Antonio Vera. Por su parte, desde la entidad vecinal aseguran que desde hace unos años hay quien utiliza la fuente para duchar a sus perros. «Los vecinos ni nos acercamos ya», reconoce Pepi Lobato, quien vive muy cerca del surtidor. Emilio Mestres, otro vecino, explica que «no sacamos ningún provecho de esta fuente. La inversión para convertirla en un parque es mínima, solo necesitamos voluntad política». 

Por su parte, el concejal de Espais Públics del Ayuntamiento de Tarragona, José Luis Martín, asegura que no era conocedor de esta reivindicación, «pero no es necesario, ya que hay un parque a dos cientos metros, en la calle Vidal i Barraquer, y otro en la entrada del Serrallo». No obstante, Martín está dispuesto a hablar sobre el tema. Desde la asociación de vecinos aseguran que llevan meses intentando concertar una visita con el alcalde, «pero no hay manera, no nos contestan», asegura Martínez. 

Solo el día antes de las fiestas
El barrio de Torres Jordi se siente abandonado por las administraciones. «Somos tierra de nadie. No tienen ningún tipo de atención hacia nosotros», explica Martínez, quien añade, a modo de ejemplo que, «ahora llega la Navidad, pero aquí no sabemos si es Semana Santa o verano. No nos ponen luces de Navidad». 

La falta de alumbrado también es una reivindicación. En la Plaça del General Domènech Batet i Mestres funcionan la mitad de farolas. «El barrio está a oscuras, da miedo pasearse por la noche», asegura Martínez, quien destaca la inseguridad en el callejón que hay entre la guardería y el polideportivo. «Parece que entras en la boca del lobo», decía una vecina. «Cuando llegan las fiestas del barrio, a principios de septiembre, el Ayuntamiento repone las farolas rotas por otras rovisionales. Pero cuando se acaban, se las vuelven a llevar. ¿Son miserables o no?», explica Juan Antonio Vera, quien añade que «lo mismo pasa con las malas hierbas de la plaza; solamente las sacan el día antes de que empiecen las fiestas». 

Por su parte, el concejal de Espais Públics, José Luis Martín, reconoce que existe un problema de alumbrado en el barrio y asegura que hay un proyecto de mejora que se va a desarrollar una vez construido el edificio Kronos. Justamente por esto se quejan los vecinos. «Entonces sí que se mejorara el entorno. Mientras, toca aguantarnos», decía Mar Tules.

Los vecinos también piden otra línea de autobús que pare en su barrio. Ahora, el único trayecto posible es desde Torres Jordi hasta el Hospital Joan XXIII, de la línea 22. «Es necesario que podamos conectar con los barrios de Ponent y de Llevant», reivindican desde la asociación.

Peligro a la hora de aparcar
Los vecinos no se cansan de proponer soluciones para mejorar su día a día en el barrio. Aseguran que el cruce entre la calle Torres Jordi y el paseo de la Independència es peligroso, ya que por allí se accede a una zona de aparcamientos. Es por esto que proponen que se suprima la isleta divisoria donde están ubicados los árboles y los coches aparquen en batería mirando a los bloques, en lugar de la carretera. «De esta manera, los autobuses podrán girar con tranquilidad y evitaremos futuros accidentes. No sé cuantas veces han tenido que cambiar el semáforo ya», asegura Vera.

Este no es el único problema que tienen con los aparcamientos. Y es que desde hace unas semanas, los parkings privados y soterrados de Residencial Palau se han llenado de agua. Ahora, los vecinos han instalado unas bombas que expulsan el agua, evitando así las inundaciones, pero por el momento no se ha encontrado el origen de la problemática.

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