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Monas de Frozen, las más exitosas

La película de Disney es la temática más solicitada por los pequeños para su dulce de Pascua de este año. También triunfan los Minions, Pepa Pig y motivos futboleros del Nàstic y el Barça.
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Josep Roquet, dueño de la Pastisseria Palau y presidente del Gremi de Pastissers de Tarragona, preparando una tanda de monas.  Foto: Lluís Milián

Josep Roquet, dueño de la Pastisseria Palau y presidente del Gremi de Pastissers de Tarragona, preparando una tanda de monas. Foto: Lluís Milián

Se acerca el lunes de Pascua y los productos estrella, las monas, vuelven a ser un año más las protagonistas de los escaparates de todas las pastelerías de Tarragona. Este año la temática de moda que arrasa en las figuras de chocolate es Frozen, sobretodo con sus protagonistas, las hermanas Ana y Elsa, y el divertido muñeco de nieve Olaf. También tienen mucho éxito los Minions, Pepa Pig, que se arrastra del año pasado, y las figuras del Barça y el Nàstic. Entre las monas tradicionales, las más solicitadas son las de yema y fruta y las de mantequilla.

Parece que las figuras de chocolate cada vez ganan más fuerza, aunque también siguen teniendo éxito las monas tradicionales. «Antes se compraba una pieza de chocolate y se ponía encima del bizcocho. Ahora se diferencia más», explica el presidente del Gremi de Pastissers de Tarragona y dueño de la Pastisseria Palau, Josep Roquet. «Muchas personas compran figuras de chocolate porque no se estropean y duran más, y otras compran el pastel de las monas tradicionales, pero con la crisis la figura de chocolate encima se ha dejado de poner», añade Roquet. El pastelero afirma que la tendencia es vender las piezas de chocolate y los pasteles por separado, aunque también hay gente que sigue combinando los dos tipos de mona.

Cuanto a las preferencias de los clientes, Roquet afirma: «en las figuras de chocolate triunfan las novedades, mientras que en el caso de los pasteles la gente apuesta por las monas tradicionales de yema y fruta y las de mantequilla». Los precios de estas oscilan entre 30 y 35 euros el quilo. Aún así, las monas con una esencia más tradicional son los roscones con huevos duros encima. La verdadera tradición consistía en que los padrinos regalaban un roscón con tantos huevos duros como años tenía su ahijado hasta que éste hiciera la comunión. Este tipo de monas ya no se pide tanto, pero aún se sigue haciendo, sobretodo por encargo.

La tradición no se pierde

La mona es una tradición muy arraigada en la cultura popular catalana, por lo que la crisis no ha afectado a las ventas de este dulce tradicional. «La gente compra igualmente, pero en vez de una mona de quilo, la compra de medio -explica Roquet-. Los clientes prefieren monas más pequeñas pero de calidad». Antoni Teuler, gerente de la Pastisseria Trill, también coincide con esta idea: «Ahora intentamos hacer figuras menos pesadas y voluminosas, ya que la gente invierte menos presupuesto». María Dolores Blázquez, propietaria de la Pastisseria Sanromà, corrobora que la tradición no decae: «la gente compra igual, y quién puede pagar, paga». Aunque es pronto para hablar de ventas, el presidente del Gremi de Pastissers de Tarragona prevé que se venderán unas 50.000 unidades en el total de la provincia.

Días de intenso trabajo

Los días de Semana Santa son algunos de los más intensos para las pastelerías, que empiezan a hacer los bizcochos justo una semana antes del Lunes de Pascua. «Empezamos a hacer el bizcocho y las cremas a principios de semana y acabamos la elaboración de las monas el jueves y el viernes, ya que el día fuerte en que se vende una mayor cantidad de moas es el domingo», afirma Josep Roquet. El caso de las figuras de chocolate es muy diferente, ya que permite a los pasteleros trabajar con más tiempo de antelación porque el chocolate aguanta más tiempo y no necesita ningún tipo de conservación. «Nosotros nos ponemos a empezar a hacer las figuras de chocolate después de reyes», cuenta Antoni Teuler, gerente de la Pastisseria Trill.

Para estos días de intensas jornadas de trabajo muchos negocios pasteleros de la ciudad se valen de más personal para sobrellevar la faena. «Hemos contratado una dependienta en cada establecimiento por un mes», asegura María Blázquez, dueña de la pastelería Sanromà.

En los últimos años han aparecido grandes cadenas y supermercados que también venden este tipo de productos, aunque las pastelerías artesanales tienen sus propias armas. «La variedad, la especialización y la personalización es lo que nos desmarca comercialmente de las grandes superficies», explica Teuler. Josep Roquetañade que la suerte de las pastelerías artesanas es que tienen «clientes fieles de toda la vida», y más en el caso de las monas, que es una tradición muy arraigada en nuestra cultura que pasa de generación en generación.

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