Montserrat Bertran Macià: «Las obras de Tagore fueron mi primer regalo de novios»

La fundadora de la Llibreria Adserà abrió las puertas del establecimiento en 1966 junto a su marido. Más de medio siglo de historia y de evolución del sector visto por una emprendedora de su tiempo

Gloria Aznar

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Montserrat Bertran en el local que abrió ahora hace 54 años. Foto: Alba Mariné

Montserrat Bertran en el local que abrió ahora hace 54 años. Foto: Alba Mariné

Un 23 de abril de 1966, Montserrat Bertran Macià junto a su marido Antonio Adserà, abrían la Llibreria Adserà, en el número 94 de la Rambla Nova. Han pasado 54 años desde entonces y en más de medio siglo de historia, han cambiado muchas cosas. Montserrat se ha jubilado, aunque gusta de iniciar el día junto a sus hijos y a aquellos libros de los que no se acaba de desprender. 54 años dan para mucho y aquella librería que abrió sin saber muy bien a dónde la llevaría, se ha convertido en referencia en la ciudad, promotora de la cultura y, sobre todo, en una tienda cercana a sus lectores. Muchos son los recuerdos de aquellos primeros años. También las anécdotas, algunas más agradables que otras. Y la evolución de un negocio al ritmo de la sociedad. Conversamos con esta emprendedora de su tiempo, junto a su hija, Gertri, figura clave en el devenir del establecimiento.

¿Cómo empezó la aventura de la librería?
-Montserrat (M): La abrimos cuando se marcharon los inquilinos que teníamos en el local. Mi marido era docente, por lo que solo, no podía llevarla. Tenía que encargarme yo. Y aunque era ATS dije que sí y empezamos las obras. Pero piensa que en aquellos años no sabía prácticamente nada de papelería.

«La gente no lo sabe, pero el libro de texto continúa siendo una mafia. Yo tenía el piso lleno de ejemplares que no servían»

Una librera ATS. ¿Qué fue lo más difícil?
- (M): Ponerme de cara al público porque mi padre tenía una farmacia en la calle Major y a veces íbamos a ayudar, pero lo hacíamos en el interior. Yo era tímida y me costó. Libros, sí que había leído muchos. De hecho, el primer regalo que me hizo mi marido cuando festejábamos fueron las obras completas de Tagore. 
- Gertri (G): Lo tengo yo aquí.
- (M): Incluso teníamos tiempo de hacer ganchillo sentadas detrás del mostrador.

Era otro ritmo...
- (M): Sí, y tuvimos suerte de los libros de texto... Suerte en parte porque al final perdimos dinero. El piso donde vivo, que tiene casi 100 metros cuadrados, estaba lleno de estanterías con libros de texto que no servían. Porque si traías una edición, los colegios pedían otra.

O sea que este cambiar de libros cada curso viene de lejos.
- (M): Sí, y además, si queríamos cambiarlos, teníamos que comprar otros por el mismo valor. Por ejemplo, si devolvíamos en valor de 10.000 pesetas, teníamos que adquirir diccionarios u otras cosas. Pero claro, gastar 10.000 pesetas en diccionarios...

¿Y ahora es el mismo sistema?
- (G): Ahora si los quieres devolver, tienes que comprar por el doble del valor. Y los últimos adquiridos ya no los puedes devolver.
- (M): La gente no lo sabe, pero el libro de texto continúa siendo una mafia. Y ahora con el ISBN no hay vuelta de hoja, pero antes esto no existía. Lo mejor que hicimos fue desvincularnos porque fue nuestra ruina. Tomamos la decisión cuando murió mi marido.
- (G): Ahora tenemos listas concretas, pero sin stock.

«Ideas teníamos muchas. En el 82 organizamos la Fira del Llibre en Català. También cocreamos el Gremi de Tarragona»

¿Cómo ha vivido la evolución del sector?
- (M): Ha mejorado. Actualmente hay mucha más gente que lee y que lee mucho en catalán. Aunque las mujeres leemos más que los hombres. 

¿Qué perfil era el de los finales de los 60?
- (M): Siempre han venido más mujeres. Y más bien gente mayor. Ahora viene mucha gente joven a comprar libros.

Curioso. En los años 60 no toda la gente mayor sabía leer y escribir.
- (M): En mi ambiente, sí. Yo tengo hermanos del año 35 y todos sabían leer y escribir. Algunas cosas que se explicaban, que pegaban en los colegios, que castigaban, el himno nacional... Todo eso yo no lo he vivido. Sí que es cierto que gente mucho más joven que yo explicaba barbaridades.

Imagen de la Fira del Llibre en Català que se organizó en Tarragona en el año 1982. Foto: Adserà

Prescriptora de cultura. ¿Cómo  acierta?
- (M): Si es la primera vez que viene, preguntando por los géneros que prefiere. Dentro de lo que te pide, buscas un título que tú también hayas leído. Si te da un poco de pista va muy bien. Si no, es difícil. Ahora se encargan Gertri y Manolo. Ellos han levantado la librería. Personalmente, si hubiera tenido que continuar con los problemas que hubo hace diez o quince años, ya la hubiera cerrado.

¿De qué tipo?
- (M): Financieros y eso que el local es nuestro. Pero aun así ha sido muy difícil todos estos años. Durante el confinamiento han estado en la tienda haciendo paquetes y repartiendo por toda la provincia y también fuera.
- (G): Hemos empezado con libros en catalán en la Catalunya Nord. Todo a través de la web.

Actualmente hay más lectores, pero ¿se publica demasiado?
- (G): Hay un problema en el sector. Pienso que de alguna manera las librerías hemos sido los apoyos financieros de las editoriales. Durante muchos años ellas publicaban y nos enviaban lo que consideraban y en el plazo de dos meses lo facturaban. Yo, para poder pagar tenía que pedir un crédito al banco. La capacidad de pago ha arruinado a muchas librerías. Afortunadamente esto lo hemos podido cambiar. Ahora pedimos lo que nos interesa. Y la batalla está en la rotación de los ejemplares.

En los inicios lo más difícil para mí fue ponerme de cara al público. Era tímida y me costó. 

¿Los libros duran poco tiempo en los escaparates?
- (G): Sí. Que no se facturen en dos meses, sino en cinco o seis para poder darle rotación. La batalla es la duración de la novedad.

Montserrat, ¿tiene anécdotas?
- (M): Algunas. Como tuve cuatro niños muy seguidos, los más pequeños los tenía mucho en la tienda cuando salían del colegio. Y vaciaba una caja de cartón y los ponía allí para que estuvieran entretenidos, con juguetes o con lápices para pintar. En alguna ocasión sin darnos cuenta cogíamos el cuaderno ya pintado y lo poníamos para vender. Y al rato venía la señora. Pero también hay alguna anécdota no tan divertida.

¿Como por ejemplo?
- (M): Un joven nos sustrajo casi sesenta libros, de uno en uno. Lo conocíamos y nadie lo vigilaba. Mientras hablaba con nosotros cogía algún ejemplar y lo dejaba sobre el mostrador, de tal manera que cuando se iba se lo llevaba. Al final, de tantos que acumuló le entró el remordimiento y lo dijo. Nos los trajo y se disculpó. Pero no lo pude perdonar porque nos había robado el dinero, sí, pero sobre todo, nos había tomado el pelo. Confiábamos en él.

Antes leía de todo. A Delibes lo leí mucho. Pero ahora me gusta leer romántico. Siempre en papel, no en tableta. Y de Bolsillo.

¿Sigue bajando a la librería?
- (M): Bajo a buscar a Gertri y almorzamos en el café que hay al lado. Es el único momento del día que salgo porque tengo las rodillas muy mal. 

Se queda entre libros
- (M): Sí, entro un momento, sobre todo a buscar alguno nuevo.

¿Qué le gusta leer?
- (M): Antes leía de todo. A Delibes lo leí mucho. Pero ahora me gusta leer romántico.

¿En libro o en ebook?
- (M): En bolsillo. Puedo jugar en una tablet pero no se me ocurriría nunca leer en ella. 

¿En bolsillo? ¿Ve bien la letra?
- (M): Publican libros de bolsillo con una letra que está muy bien. 

¿Le gusta el olor de papel?
- (M): Sí. Pero ahora no huele tanto. Es un olor acogedor, a mí me gusta mucho.

¿Cuántos libros tiene en casa?
- (M): Pocos, porque los he ido dando. Tenía muchos dedicados.

¿Es cierto que la Primera Setmana del Llibre en Català se organizó en Tarragona?
- (M): En el 82 organizamos la Fira del Llibre en Català. También creamos el Gremi de Llibreters de Tarragona junto con otros libreros, aunque después desde Barcelona, nos propusieron juntarlos y claro, las inversiones en Tarragona eran menores. Ideas teníamos muchas.

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