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«Morir solo en un hospital es la cosa más cruel»

Sociedad. El tarraconense Ferran Aguilar gana un premio LUX de fotografía gracias a las imágenes que capta tras seguir durante seis meses a los voluntarios de TarracoSalut

Norian Muñoz

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Los voluntarios palian la soledad de muchos pacientes. FOTO: Ferran Aguilar

Los voluntarios palian la soledad de muchos pacientes. FOTO: Ferran Aguilar

«Morir solo en un hospital es la cosa más cruel, así que, tener alguien que te de la mano no tiene precio», dice el fotógrafo Ferran Aguilar, que todavía se conmueve recordando las escenas que vivió mientras acompañaba a los voluntarios de TarracoSalut en el Hospital Universitari Joan XXIII.

Ahora ese trabajo, al que dedicó seis meses de seguimiento, le ha valido el Premio de Fotografía Profesional LUX de plata en la categoría de Reportaje Documental. Le ha hecho especial ilusión porque así se cumplirá lo que le empujó a hacer esas fotos: que más personas se enteren del trabajo silencioso y necesario que hacen estos voluntarios acompañando a personas en los momentos más vulnerables de su vida.

El sigilo que da la naturaleza

Cuenta Aguilar (Tarragona 1969) que su interés por la fotografía comenzó con una cámara Werlisa color que le regalaron a los 12 años. Ya entonces su afición era salir al campo a hacer fichas de animales y plantas, que dibujaba con detalle. Hoy cree que algo de esa mirada atenta de dibujante se ha quedado en su fotografía.

Un niño sonríe en el quirófano acompañado de un voluntario. FOTO: Ferran Aguilar

Así quedaron unidas, para siempre, su pasión por la naturaleza y por la imagen. Entre los muchos premios que tiene está, por ejemplo, el LUX de oro en 2013 por la colección de ocho fotografías tomadas en el transcurso de una montería de caza mayor en Andalucía.

Actualmente colabora como director de fotografía en diferentes documentales de naturaleza, fauna en peligro y restauración de ambientes acuáticos para la entidad BIOSCICAT.

No obstante, tener una cámara en las manos, también le permitió descubrir que le emocionaban muchas más cosas y que «hacer fotos de personas es lo que más impone».

Ferran Aguilar con la bata de los voluntarios de TarracoSalut en su estudio donde también ofrece clases de fotografía. FOTO: Pere Ferré

En el caso de las fotos del hospital la situación imponía más si cabe. «Allí no tienes donde esconderte», cuenta.

Todo comenzó con un pequeño encargo que le hicieron, pero estando allí se dio cuenta de que la entidad no tenía capacidad para pagar a un fotógrafo profesional y, en cambio, sí tenían una gran necesidad de comunicar lo que están haciendo para contar con más apoyos.

Elisabet Pedret, presidenta de TarracoSalut, cuenta que durante muchas sesiones, Aguilar estuvo simplemente compartiendo con ellos, hablando con la gente, sin llevar la cámara. «Era uno más de nosotros, empapándose de nuestra filosofía; fue fantástico», recuerda. Así, cuando llegaba la hora de hacer fotos, «ni los pacientes ni los voluntarios se sentían intimidados».

La entidad necesita voluntarios, especialmente para festivos y fines de semana. FOTO: Ferran Aguilar

El fotógrafo explica que le tocó estudiar por donde entraban y salían los profesionales y esperar, con paciencia, como cuando hace fotos en la naturaleza, a que sucediera la acción: esa caricia, ese gesto... Reconoce que algunas fotografías las hizo sin mirar, mientras hablaba con las personas, porque tiene bien interiorizada la posición desde la que disparar la cámara. «Son momentos, aquí no hay nada preparado», aclara.

Para ser voluntario de TarracoSalut hay que ser mayor de 16 años y pasar por una formación. Tanto si se quiere ser voluntario o colaborar como socio: tarracosalut.org

El fotógrafo también reconoce que habría sido imposible sin el apoyo del departamento de comunicación del hospital y el Sociosanitari Francolí, que entendieron lo que quería hacer y le dieron todas las facilidades.

«Ves las suerte que tienes»

Aguilar se movió especialmente por la unidad de pediatría, incluida la UCI y el quirófano, la unidad de cuidados paliativos y el sociosanitario.

Le cuesta elegir entre las imágenes que se le han quedado en la retina. Las hay tremendamente duras, pero prefiere acordarse de los niños que entran sonrientes al quirófano a una operación porque están escuchando una voz amiga «¿Sabes todo el sufrimiento que les ahorran?», pregunta.

Reencuentros emotivos: una enfermera y un voluntario con un paciente recuperado que regresa de visita. FOTO: Ferran Aguilar

En estos días de hospital asegura que «te das cuenta de la suerte que tienes de tener vida, salud, trabajo, una familia... Ves como los voluntarios dan cariño, esperanza y, sobre todo, dignidad. Un día tendrán que estudiar cuánta gente se recupera porque ellos están allí», señala.

Por eso cree que, más allá de los voluntarios, el sistema sanitario debería plantearse contar con personal para desarrollar esta labor.

Elisabet Pedret apunta que «el trabajo que hacemos no es glamuroso ni se ve» pero siempre hacen falta más voluntarios, no solo para el acompañamiento en el hospital (recuerda a un paciente que lleva más de un año ingresado y cuya familia viva fuera), sino también en domicilios, porque hay muchos enfermos que viven solos. «La soledad está oculta, a lo mejor el enfermo es el vecino de al lado y no lo sabes», recalca.

Una profesión en peligro

Este ha sido un año especialmente bueno para los tarraconenses en los LUX porque el fotógrafo de bodas, Carlos Sardà, se hizo con el de oro en la categoría de Reportaje Social, con la impagable imagen de un hijo besando a su madre tras quitarse la peluca el día de su boda.

La sonrisa entre la dura realidad de la UCI de Pediatría. FOTO: Ferran Aguilar

No obstante, pese a tantos reconocimientos, Aguilar advierte que la suya es una profesión en grave peligro por culpa del intrusismo. Paradójicamente, nunca se consumieron tantas imágenes pero, a la vez, se valoró tan poco el trabajo de los fotógrafos profesionales. En el caso de la fotografía social asegura que el 80% de quienes trabajan en la ciudad de Tarragona no son profesionales sino personas que ven en la fotografía una manera de hacer un dinero extra.

Sardà cree que falta, además, una implicación seria de la administración. Sería tan sencillo, asegura, como que alguien verificara, a la salida de las bodas, si quien está haciendo las fotos está cumpliendo con todas sus obligaciones legales.

«El mercado profesional se está haciendo cada vez más pequeño, tengo grandes dificultades para llegar a fin de mes... La trampa está en que nos apasiona lo que hacemos», reconoce.

Además de su trabajo como fotógrafo, Aguilar es profesor y director del aula fotográfica Foto Ferran en Tarragona, donde imparte clases de fotografía científica y macrofotografía.

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