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‘Murs que parlen’, un proyecto para convertir las calles de TGN en galerías de arte

Arte urbano. La iniciativa municipal facilita a los jóvenes el acceso a espacios para pintar y crear

Gerard Cañellas

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Uno de los muchos ejemplos de arte urbano en la ciudad, este en Estanislau Figueras.  FOTO: pere ferré

Uno de los muchos ejemplos de arte urbano en la ciudad, este en Estanislau Figueras. FOTO: pere ferré

El departamento de Joventut del Ayuntamiento de Tarragona emprendió en 2008 el proyecto Murs que parlen, con el objetivo de facilitar el acceso a espacios públicos a jóvenes grafiteros de la ciudad. Paralelamente, el consistorio también ayuda, desde 2014, a la producción y promoción del arte urbano fomentando concursos con mensajes de sostenibilidad y feminismo, entre otros, como valor cultural para transformar, de alguna forma, las calles de la ciudad en una galería de arte. 

Con estas iniciativas, se de la opción a muchas personas a expresar su arte y sus creaciones en espacios públicos pero con cierto control, es decir, en muros y paredes destinadas específicamente a ello. A través el proyecto Murs que parlen, Joventut hace de mediador entre el consistorio y el artista, en el sentido de que si el espacio en el que se quiere pintar es municipal se da el permiso en cuestión de 48 horas, mientras que si es privado se tarda más, ya que se debe consultar con la propiedad. 

Unos trámites burocráticos con los que no está muy de acuerdo Darío Corbacho, presidente de la asociación Polígon Cultural, que desde el 2014 lleva la dirección artística del proyecto Murs que parlen. Corbacho cuenta que «se ha avanzado mucho en los últimos años en el tema de dar espacio para el arte urbano pero falta un impulso más. Estos espacios liberados no lo están del todo en el sentido que necesitas un permiso con el día y la hora a la que irás a pintar, con una hoja  que tienes que rellenar con todos tus datos, algo que al final imposibilita lo que tendría que ser un espacio de libre expresión, hace tiempo que reclamamos muros para experimentar, para obras efímeras y no permanentes». Por otro lado, y en relación a las pintadas ilegales que hay por toda la ciudad, Corbacho defiende que «no hay un solo tipo de grafiti, hay muchas formas de involucrarse en esta cultura y hay grafiteros con un código ético que tienen mucho respeto por los espacios». Finalmente, señala que «también hay que decir que el propio grafiti puede ser patrimonio, en Tarragona tenemos grafitis de épocas muy diversas que se han borrado, como uno en la Torre dels Escipions, que era del siglo XIX. 

Por su parte, Pere Grané, artista, gestor cultural y miembro de Polígon Cultural, comenta que «es grave que se pinte en el patrimonio de la ciudad, pero deberíamos plantearnos como los jóvenes han estado educados sobre este». Por ello, defiende que la educación y la prevención es importante. «Estoy convencido de que estos jóvenes que hacen grafitis en la Part Alta no son conscientes del daño que hacen y habría que ver el porque», dice Grané. Con todo, el artista comenta que «a veces los proyectos de arte urbano son más institucionales y no siempre llegan a los jóvenes que empiezan a pintar, hay que ver cuales son las carencias que provocan esto» e insiste en que «hay que educar en civismo». 

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