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Nadie en Tarragona se responsabiliza por el fiasco de los contenedores soterrados

El montaje y desmontaje del fallido sistema soterrado terminará costando cerca de 10 millones de euros, parcialmente subvencionados por la Unión Europea

DÁNEL ARZAMENDI BALERDI

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Durante los próximos meses se desmantelarán las primeras 119 islas de contenedores soterrados. FOTO: Pere Ferré

Durante los próximos meses se desmantelarán las primeras 119 islas de contenedores soterrados. FOTO: Pere Ferré

La efímera presencia de contenedores soterrados en Tarragona resultó fallida desde sus inicios. En el año 2006 se instalaron las primeras 95 islas, con un coste superior a los siete millones de euros. De este importe, la UE se hizo cargo de un 80%, aunque el 20% correspondiente al Consistorio tuvo finalmente un sobrecoste de un millón más.

Un par de años más tarde, el Ayuntamiento tuvo que gastar otros 1,2 millones para sustituir los contenedores deteriorados, dos de cada cinco.

Diez años después, el ejecutivo municipal deberá volver a pagar para desmantelar las islas actuales, tras llegar a la conclusión de que este sistema no funciona. La operación se llevará a cabo en dos fases, la primera de las cuales tendrá un presupuesto de 400.000 euros, según el proyecto redactado por la firma Enginyers Consultors del Camp. La decisión se tomó este pasado mes de enero, tras votarse en pleno extraordinario una modificación del polémico contrato de basuras con Fomento de Construcciones y Contratas.

Filtraciones y reparaciones

Según el informe técnico al que tuvo acceso el Diari, los contenedores soterrados «han dado malos resultados, tanto por lo que se refiere a la recogida selectiva como por las filtraciones de agua y un elevado gasto en reparaciones». Uno de los principales actores locales que ha reclamado la clausura de este sistema han sido las propias asociaciones de vecinos, al considerar que «huelen mal, crían cucarachas, se llenan de agua cuando llueve, y es una trampa en la que varias personas se han caído».

A la hora de analizar el motivo del fracaso de este modelo, las autoridades municipales que decidieron el desmantelamiento, en la época de Ballesteros, lo vincularon con el clima de nuestra ciudad y las actitudes incívicas: «en países nórdicos, con temperaturas en verano de 20 grados y en invierno de 2, puede que funcionen.

Pero en países mediterráneos no, porque las temperaturas son elevadas y se acumulan plagas alrededor de los contenedores. Y a eso se ha sumado el incivismo. Mucha gente lanza colillas dentro». Los vecinos compartieron este diagnóstico, pero añadiendo también responsabilidades del Consistorio: «parece que hay gente a la que le cuesta mucho trabajo tirar de una palanca para tirar la basura, pero también es cierto que han pasado meses sin limpiarse».

La propia impulsora de este modelo, la Agència de Residus de Catalunya (ARC), reconoció que «el sistema es menos robusto desde el punto de vista técnico, los niveles de recuperación son menores que en otros sistemas, y el coste de inversión es muy alto».

Sin responsables

Son muchos los ciudadanos que no entienden como una inversión de casi diez millones de euros haya sido un completo fracaso, sin que nadie asuma responsabilidades por lo sucedido. «Si esto sucediera en una empresa privada rodarían cabezas, pero como es dinero público…» Según las voces más críticas, el clima era un factor perfectamente previsible (es evidente que el Mediterráneo es más caluroso que Escandinavia), el escaso nivel de civismo local es un fenómeno perfectamente conocido (Tarragona se sitúa diez puntos por debajo de la media catalana en la recogida selectiva de residuos), y la falta de mantenimiento apunta directamente a la responsabilidad de las autoridades de la ciudad.

La Agència Catalana de Residus

El actual equipo de gobierno apunta hacia la ACR en el reparto de responsabilidades: «la Agència Catalana de Residus promovió la instalación de este sistema de contenedores soterrados, como promueve otro tipo de recogida como el puerta a puerta o los contenedores inteligentes.

No es, por tanto, un fracaso atribuible a Tarragona sino a todos los lugares donde se implantó este sistema. Lo que sí es atribuible a nuestra ciudad es la dispersión de tipos de contenedores, pues en una misma calle convivían diferentes tipos, como son los enterrados o los de superficie, y esto implicaba que para la recogida tuvieran que pasar por una misma ruta hasta dos tipos de camiones diferentes.

Y esto aún ha hecho más ineficiente la recogida, y es reprochable a los políticos del momento que lo decidieron sin una valoración técnica adecuada. Ahora mismo se está tramitando la licitación para el desmantelamiento de 119 islas de contenedores correspondientes a la primera fase».

Un contenedor dañado e inutilizado en la avenida Països Catalans. FOTO: Lluís Milián/DT

Por su parte, la portavoz municipal del PSC, Sandra Ramos, recuerda que este sistema se puso en marcha bajo la alcaldía de Joan Miquel Nadal. «El proyecto de los contenedores soterrados fue iniciado hace unos veinte años por la UE y con su financiación. En Tarragona llegó con la etapa Nadal-Mallol, y el gobierno Ballesteros lo continuó.

Una vez pasaron diez años de esta inversión, la consejera de limpieza, Ivana Martínez, conjuntamente con los técnicos del Consistorio, realizaron una valoración técnica y concluyeron que no funcionaban en esta ciudad. A finales del mes de junio debería haber comenzado el proceso para la retirada de los contenedores soterrados, y nosotros dejamos la partida presupuestada para ello. Por eso nos preguntamos por qué aún no han comenzado las obras y para cuando tienen pensado iniciarlas».

Rubén Viñuales, el más crítico

Especialmente contundente se muestra el líder local de Ciudadanos, Rubén Viñuales. «Ha sido un enorme fracaso en todos los sentidos. Lo peor de todo es que nunca sabremos del todo la verdad de lo sucedido, ya que el sistema se veía inviable desde un principio, al tratarse de departamentos estancos sin sistema de drenaje, lo que no podía más que ser un foco de malos olores, suciedad e insalubridad».

Por su parte, Dídac Nadal defiende la decisión de instalar este modelo, tomada en su día por el partido del que JxT es heredero político. «Cuando se implantó el sistema de contenedores soterrados en Tarragona, la subvención de la UE ya contemplaba que tenían una vida útil de aproximadamente diez años, por lo que ya están amortizados.

En aquel momento se optó por este modelo, puesto que permitían un horario más flexible a la hora de depositar los residuos y porque se integraba mejor en el paisaje urbano. El problema en Tarragona ha sido principalmente la falta de limpieza. Actualmente han quedado obsoletos, por eso en octubre de 2015 mi grupo municipal fue el primero en reclamar mediante una moción que se empezaran a sustituir por contenedores de superficie».

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