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Negocios de barrio: El histórico bar del trofeo ciclista

Es el local del desayuno cicloturista. Las tapas y las cañas financian parte del Club Ciclista Campo Claro. Es sede y casi museo: Miguel Indurain y Perico Delgado en las fotos. Copas en las vitrinas

Raúl Cosano

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María del Pilar y Juan, encargados de llevar el bar del Club Ciclsita Campo Claro.  Foto: Lluís Milián

María del Pilar y Juan, encargados de llevar el bar del Club Ciclsita Campo Claro. Foto: Lluís Milián

Aquí uno entra a tomarse unas tapas y se topa con la leyenda Miguel Indurain, mirándole desde un cuadro y avanzando el carácter museístico del lugar e imponiéndole la historia mítica. También hay un legado del Club Ciclista Campo Claro. Así se llama el bar, desde que abrió en 1988 como sede de esta entidad que luce en las paredes campeonatos de España y otros hitos: diplomas, banderines, copas y retratos de formaciones de los equipos. 

María del Pilar y Juan están tras la barra, sirviendo cañas, cafés o desayunos, en un trasiego diario que despunta los fines de semana, cuando acuden muchos a probar sus bravas. Entregarse a las tapas en una terraza es uno de los mayores placeres. «Viene gente del barrio y de toda la zona», asumen. Quizás sin saberlo los parroquianos aportan su granito de arena para que el club siga existiendo contra las dificultades. 

Alrededor de unos 400 euros al mes van para financiar a una entidad que reúne alrededor de 80.000 para poder competir por toda España con sus diversos equipos. «Tenemos alrededor de 200 licencias federativas. Pero no ganamos un duro. Todo va para pagar los viajes a las carreras», cuenta Diego Boss, presidente desde hace 19 años. «Somos un club de promoción. Aquí el corredor no cobra nada, a no ser que gane alguna prueba, pero está aquí para darse a conocer, para mostrarse», relata Boss, que también es uno de esos cicloturistas que se dan auténticas palizas sobre el asfalto, a veces intimidados por los vehículos, para luego tener el premio de desayunar aquí, en el bar del club que es también el bar del barrio. Pura zona proletaria, ya cercana a Bonavista, esculpida por la inmigración y maltratada por la crisis. «Estamos en un barrio de trabajadores y eso se nota. El ciclismo se ha convertido lamentablemente casi en un deporte de elite», admite Boss. 

La razón de ser del ciclista en el club, que compite en elite y sub 23, es que le contrate otro equipo para saltar al profesionalismo. «Si nos viene un club de superior categoría a llevarse a un corredor, puede hacerlo. No hay fichajes ni cláusulas», cuenta Boss, esmerado en hacer cantera y en proyectar también a los más pequeños gracias a su escuela, otra de las señas de entidad de este club. 

Nombres como Oriol Llesuy, Edu Prades o Xavi Tondo han dado lustre a este equipo que ha tenido dimensión internacional. Rusos, argentinos, uruguayos, belgas o franceses han pasado por sus filas; con el barrio de Camp Clar –o Campo Claro, según el nombre oficial– de referente, y Perico Delgado, otro de los padrinos, bendiciendo esta supervivencia desde otro cuadro. 

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