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Nervios en la recta final de la selectividad más atípica

La suspensión de las clases presenciales, la falta de sitios para estudiar y las medidas de seguridad marcan este año las PAU. Los psicólogos llaman a quitar presión a los alumnos

Norian Muñoz

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Carla, Sara, Kaouthar y Gabriela preparan la selectividad en una terraza en Camp Clar. FOTO: Pere Ferré

Carla, Sara, Kaouthar y Gabriela preparan la selectividad en una terraza en Camp Clar. FOTO: Pere Ferré

«Estoy nerviosa, no lo puedo negar, pero no solo porque me juego mucho con la nota, sino por todo lo demás: si voy a enterarme de dónde tengo que ir, si aguantaré el calor con la mascarilla, si de verdad no hay riesgo de contagiarse...». Quien así habla es Laura, alumna de segundo de bachillerato de un instituto de Tarragona, quien lamenta que, pese a que sus tutores se han mantenido en contacto con ella y sus compañeros durante todo el confinamiento, no volvió a tener clases presenciales. «Y a mí eso me habría dejado más tranquila».

Ella es una de los 40.067 alumnos que presentarán la Prueba de Acceso a la Universidad, PAU, los días 7, 8, 9 y 10 de julio en Catalunya. Son un 16% más de los que se presentaron a esta convocatoria el año pasado, y realizarán los exámenes en unas condiciones muy marcadas por la pandemia.

Los cambios de este año han venido a añadir una dosis extra de ansiedad a una prueba que generalmente ya se vive con muchos nervios. Según el profesor de psicología de la Universidad Abat Oliva CEU, Fernando Miralles, entre un 15 y un 25% de los alumnos tiene problemas de ansiedad en los exámenes y prevé que este porcentaje aumente considerablemente en esta selectividad.

Preparación desde casa

El primer cambio de este año tiene que ver con la preparación de los exámenes, ya que el tercer trimestre coincidió con el confinamiento y el cierre de los centros educativos, lo que dejó a los alumnos estudiando desde casa.

Kaouthar, alumna del Institut Campclar, cuenta que en su caso tenía un ordenador propio y conexión a internet, pero hay compañeros a quienes tuvieron que prestarles un ordenador del instituto para poder estudiar.

«Cuando nos dijeron: ‘Mañana no hay clases’ nos quedamos impactados; incluso llegamos a preguntarnos si íbamos a repetir todos... Pero enseguida los profesores se pusieron a trabajar en una situación que era nueva para ellos y para nosotros también... Al final hemos tenido clases virtuales y han ido bien. Cuando ya se ha podido, también nos hemos visto presencialmente... Además, como las pruebas se han atrasado, al final hemos tenido más tiempo para estudiar», señala.

Enamorada de la química, Kaouthar se siente preparada y espera no tener problemas para entrar al doble grado de Ingeniería Química y de Técnicas de Bioprocesos Alimentarios en la URV. Pero eso no quita que le preocupe el cambio en las reglas de juego: «Hemos repasado muchos exámenes de años anteriores, pero este año será diferente. ¿Y si no es tan fácil? ¿Y si no nos favorece?».

Se refiere a que este año las pruebas contarán con más opciones para elegir las preguntas o problemas a resolver en previsión de que en los exámenes aparezca materia que no se haya podido dar en clase.

Más que tener un ordenador

Pero la preparación no sólo implicaba tener un ordenador con acceso a internet, sino también contar con las condiciones de espacio y tranqulidad en casa, tal como comenta María, madre de una joven que este año se presenta a la prueba y que necesita una buena nota para poder estudiar el grado que quiere.

Explica esta madre que durante el confinamiento en su casa tuvieron que comprar un ordenador más porque ella y su marido estaban haciendo teletrabajo y tienen otros dos hijos que también necesitaban conectarse para seguir los estudios

Lo que no podían cambiar, recuerda, eran los espacios disponibles en casa, así que, apenas se permitieron las reuniones, su hija quiso buscar dónde estudiar fuera de casa con sus amigas. «Pero nos encontramos con que han abierto antes las terrazas que la biblioteca pública, que de momento solo abre para el préstamo de libros. También estuve mirando en la URV, pero solo pueden acceder los estudiantes universitarios, y en el Espai Jove Kesse... Al final han ido de cafetería en cafetería hasta que las echan. Están nerviosas y lo entiendo, de este examen dependen muchas cosas. Además, aunque no es lo principal, se han quedado sin viaje de fin de curso, que les hacía ilusión», señala.

Quitar presión

Modesta Pousada, directora del grado de Psicología de la UOC, señala, no obstante, que la sociedad y los medios de comunicación deberían ayudar a quitar presión a los alumnos, para que no sientan que en una prueba se están jugando todo su futuro.

«Las familias debemos ayudar a relativizar, explicar a los chicos que su felicidad futura no depende solo de un examen. Incluso en el caso de los que tienen una vocación muy potente hay que contarles que hay muchos caminos para orientar esa vocación, aunque en un primer momento no entren en el grado que querían. Además, muchas veces accedemos al grado o la universidad deseados y resulta que no era lo que imaginábamos», explica.

Dice que es importante tranquilizarles con el hecho de que si han llegado hasta bachillerato y las cosas les han ido bien, en las PAU no tendría por qué haber sorpresas. En España el 98% del alumnado que se presenta aprueba.

Respecto a lo que se puede hacer en los días que quedan hasta la prueba, recomienda planificar los repasos, para concentrarse primero en los puntos que realmente se necesita tener claros.

No estudiar a última hora

También, aunque parezca obvio, señala que es crucial alimentarse bien y tener una buena higiene del sueño, así como no abusar del café y otros estimulantes que, a la larga, tienen efectos contraproducentes. La tarde anterior al examen anima a no estudiar y a hacer algo que les guste, como ir a la playa o a ver una película; en resumen, a desconectar.

Para el propio día de la prueba, Pousada aconseja eliminar todos los elementos de ansiedad externos, como prever cuánto tiempo se necesita para llegar al lugar e, incluso, si se puede, ver con antelación cuál es el sitio exacto del tribunal.

En los momentos justo antes de la prueba no recomienda estudiar, no solo porque en cinco minutos no se puede resolver lo que no se ha estudiado durante meses, sino porque esto puede contribuir a ponerse más nervioso.

Dice, además, que es importante acudir con un reloj, porque aunque los profesores pueden ir alertando del tiempo que queda, es importante llevar un control del ritmo al que se están resolviendo las preguntas. Recomienda, además, comenzar respondiendo las que se está seguro de que se harán bien.

Señala la experta que es importante guardar algo de tiempo para hacer una revisión final. «Muchas veces cuando corriges un examen ves que hay errores o frases mal construidas que son fruto de las prisas y que los propios estudiantes las podrían haber corregido si hubieran hecho una lectura».

Finalmente, si nos damos cuenta de que nos ponemos nerviosos, hay que tratar de romper el círculo vicioso que se da entre los síntomas físicos, como la sudoración, el nudo en el estómago y la respiración acelerada y los pensamientos negativos como: ‘No seré capaz’ o ‘me quedaré en blanco’.

En este caso, la recomendación más frecuente y sencilla consiste en concentrarnos en respirar despacio y profundamente. «Esto genera una disminución del ritmo cardíaco y cuando siento mi cuerpo relajado, mi pensamiento se relaja también».

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