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"¿Nieve? ¿Pero dónde está la nieve?"

Camioneros resignados. Algunos se pasaron 30 horas en un área de servicio. Allí comieron, durmieron y criticaron la prohibición de circular

Raúl Cosano

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Los camioneros Osvaldo Rivas y Antonio Hernández, aparcados en Atlafulla. Foto: Pere Ferré

Los camioneros Osvaldo Rivas y Antonio Hernández, aparcados en Atlafulla. Foto: Pere Ferré

Iván Uranga, jienense, salió de Murcia y tenía que llegar a Helsingborg, en el sur de Suecia, este viernes por la mañana.  No lo hará. Ayer a las cuatro de la tarde aún seguía en el bufet de Altafulla. «Llevo aquí 30 horas», decía. Escuchaba música, hablaba con la familia por WhatsApp, tomaba un cortado y mataba el tiempo. Fuera, en un parking de camiones repletísimo, descansaba el suyo cargado de lechugas. «Aquí hablamos unos con otros. Vamos a salir todos conociéndonos como hermanos», explicaba. 

En la barra Francisco toma una cerveza y comparte agobios con Juan Antonio. Uno iba de Granada a Girona, otro de Barcelona a Lorca, trayectorias inversas para un mismo problema: el temporal les ha apartado a ellos y a sus vehículos de la carretera durante prácticamente un día. «Cuando caiga nieve de verdad, ¿qué van a hacer?», se queja Francisco. Cada uno tiene su historia. José Manuel iba de Murcia a Alemania llevando lechuga. Es el producto estrella en este flujo intensísimo de conductores desde la huerta murciana que suele nutrir a buena parte de Europa. «Estamos resignados, hay que esperar», admite. Samuel Ivanov, búlgaro en Málaga, iba de Milán a Antequera llevando maquinaria. Todos se hacen una pregunta: ¿dónde está la nieve? Creen que la prohibición es exagerada y tiran de filosofía. 

Los camioneros Francisco y Juan Antonio conversan en el bar.  Foto: Pere Ferré

«Al menos aquí hablamos, conversamos, tomamos un café», cuentan. Fuera del bufet, en la puerta, hay un corrillo. Algunos fuman. Muchos miran el móvil, ávidos de noticias que les permitan seguir camino. Santiago Lesende está en su camión, donde ha dormido, «incluso mejor que en casa». Lleva productos sanitarios. El menú del día, la radio y la calefacción son buenos aliados, refugios para un perfil curtido en el rigor de los kilómetros y en la dureza de pasar semanas fuera de casa. Los que no pueden pagarse el plato combinado van al supermercado y tiran de bocadillo.

 Todos han vivido recientes episodios, mucho más virulentos, por otros rincones de Europa. Una nevada que «sí que fue dura» en Luxemburgo, un trayecto inhóspito por Alemania, un temporal en Francia en el que sí pudieron circular. «Si dijeran que hay tres dedos de nieve… pero no», denuncian. «Hay nieve en los pueblos, y en el interior, pero en la costa no la vemos, se podría circular perfectamente, simplemente extremando la precaución», avisa otro conductor encallado en el lugar. 

Transportistas a la puertas del bufet de Altafulla. Foto: Pere Ferré

Osvaldo Rivas y Antonio Hernández conversan en la cabina. Son de El Ejido y trabajan para la misma empresa. Uno va vacío desde Perpiñán. Tiene que cargar verdura en Valencia y llevarla a Almería. El otro transporta hortalizas y naranjas que han salido de Almería y llegarán a Alemania. 

Tienen mantas, una nevera con embutidos, fiambres, refrescos y fruta y una tele. «Nadie se la quiere jugar y salir a conducir porque te pueden poner una multa de 500 euros», cuenta Antonio Hernández. Tampoco esperan una sanción por llegar tarde al destino. «No podemos hacer otra cosa, no es culpa nuestra», reconocen. 

Después, en ese pequeño hogar armado, están las fotos de la familia y esos rótulos sobre el parabrisas, que van de Rocío a María Luisa o Chicho. La vasta explanada –hay decenas de ellas en la provincia atestadas de camiones– es una pequeña ciudad en la que se mueven camioneros murcianos, valencianos o andaluces pero también suizos, alemanes o rusos. Depredadores de asfalto con toneladas de paciencia. «Ya estamos acostumbrados», suspiran, escépticos por una medida que creen desproporcionada, sobre todo cuando miran a la AP-7 y ven que no hay nieve sobre el asfalto.

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