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No hay planes para el Casablanca tras nueve años de abandono

Donde debió haberse inaugurado un edificio en 2012 hoy sólo hay ruinas. Será Patrimoni de la Generalitat quien decida su destino
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El edificio está rodeado de monte y suciedad y en el interior se pueden ver restos de mobiliario y material médico. Foto: Pere Ferré

El edificio está rodeado de monte y suciedad y en el interior se pueden ver restos de mobiliario y material médico. Foto: Pere Ferré

En el lugar donde debía funcionar un moderno centro sociosanitario (debió inaugurarse en 2012) hoy sólo puede verse un edificio rodeado de monte, con las ventanas tapiadas y las paredes llenas de grafittis. Es lo que queda del Sociosanitari Mare de Dèu de la Salut, también conocido como Casablanca, que conserva lo único que no han podido arrebatarle los años de abandono: unas vistas privilegiadas de la ciudad.

El edificio fue cerrado en 2005 tras la inauguración del Sociosanitari Francolí, junto al Hospital Joan XXIII. En aquel momento la consellera de Salut de entonces, Marina Gelli, anunció que se emprendería una remodelación que debía estar acabada antes de 2007.

No obstante, la idea de la remodelación no cuajó y se optó por derruir el edificio antiguo y construir un nuevo sociosanitario. GiPSS, Gestió i Prestació de Serveis de Salut, titular del equipamiento, convocó un concurso de ideas que ganó un grupo de arquitectos de Barcelona. El Diari Oficial de la Generalitat señalaba que el coste de elaboración del proyecto sería de 283.022 euros. El coste total de la construcción rondaba los 14 millones de euros y debía estar listo en 2012.

Pero ni el edificio se derribó ni se colocó la primera piedra del nuevo equipamiento. Como no había ningún uso previsto para el edificio, GIPPS lo entregó formalmente en 2013 al Departament de Salut de la Generalitat. Desde la delegación de Salut en el Camp de Tarragona explican que actualmente se siguen los trámites para que pase a manos de la Direcció General del Patrimoni de la Generalitat. Será pues esta dirección la que decida qué uso se dará al espacio, si se intentará un nuevo equipamiento, si se decidirá ponerlo en venta o si continúa el abandono, que el año que viene llegará a la década.

No obstante, hay quien interpreta que el paso a Patrimoni no es, necesariamente, una mala noticia. Es el caso del arquitecto Octavi Torné, quien en 2012 realizó su proyecto de final de carrera sobre este espacio.

Restos de un antiguo fortín

Torné proponía en su trabajo un Centro de Interpretación de las Fortificaciones. La idea se basaba en desmontar el edificio actual y dejar al descubierto los restos del antiguo baluarte y Fortí de Sant Jeroni. De hecho, la construcción actual conserva parte del muro perimetral.

El Baluard de Sant Jeroni era una de las fortificaciones levantadas en la ciudad en torno a 1709. Fue propiedad del Ayuntamiento hasta que lo cedió a la Diputació en 1925. En los 40 se construyó el hospital Casablanca, que pasó a la Generalitat en 1992.

La idea de Torné consistía en levantar un nuevo edificio, más pequeño, y restituir la configuración original de las fortificaciones. También proponía, además del espacio museístico, un párking para autobuses turísticos, lo que lo convertiría en un buen sitio para tener una vista completa de la ciudad.

El arquitecto considera que el hecho de que el espacio pase a manos de Patrimoni puede ser esperanzador porque abriría la puerta a tratarlo como un bien cultural. Recuerda que el suyo fue un ejercicio académico, pero cree que dar un uso cultural y turístico al enclave puede ser una oportunidad de repensar una zona que se ha quedado un tanto aislada del resto de la ciudad.

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