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«No imagino que la Policía se lleve a mi hija usando la fuerza»

La justicia ordena al tarraconense Antoni Miquel devolver a la pequeña con su madre que vive en Chequia. El plazo para ejecutar la sentencia acaba hoy, pero él asegura que no lo hará

Carla Pomerol

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Antoni Miquel y su hija menor de 11 años haciéndose una ‘selfie’ en el Pla de la Seu, ayer por la tarde, antes de entrar a clase de repaso.

Antoni Miquel y su hija menor de 11 años haciéndose una ‘selfie’ en el Pla de la Seu, ayer por la tarde, antes de entrar a clase de repaso.

M. no tiene hechas las maletas. Ni tampoco ha comprado el billete de avión. Sin embargo, la jueza le obliga a volver a la República Checa, donde vive su madre. Esta es la historia de M., una menor de 11 años que vive en Tarragona desde hace un año y medio junto a su padre, el tarraconense Antoni Miquel.

Su madre ha pedido la restitución de la menor y la justicia ha decidido que la niña debe volver a la República Checa. El día límite para devolverla es hoy. Pero el padre tiene claro que no obligará a M. a volver con su madre. «Mi hija no quiere oír ni hablar de volver a la República Checa con su madre», asegura Antoni Miquel. 

El calvario de este tarraconense comenzó en el año 2011, cuando se divorcia de su mujer, de nacionalidad checa. Inicia una pugna para conseguir la custodia compartida de su hija. Aunque Miquel regenta un negocio en Tarragona, decide irse a vivir a la República Checa para seguir manteniendo el contacto con su hija, «ya que su madre no le permitía verme». En Chequia, el caso se convirtió en mediático, porque Miquel decidió congregarse día tras día delante de los tribunales. Finalmente consiguió la custodia compartida. 

Según la versión de Miquel, «fue entonces cuando la madre empezó a intensificar los maltratos hacia la niña. Le culpabilizaba de todos mis éxitos como padre. Le cortaba el pelo, le pegaba con una cuchara y la encerraba en casa». 

De vacaciones en Tarragona

Una vez conseguida la custodia compartida, Antoni Miquel y su hija deciden viajar a Tarragona para pasar el mes de agosto en familia.  M. tenía 10 años. «Cuando llevábamos unos días aquí, me pidió que la ayudara. No quería volver a Chequia con su madre», relata Miquel, quien asegura que informó a los servicios sociales, a la escuela y a la madre de la menor de que no volvería.

En septiembre, la progenitora de M. viajó hasta Tarragona para encontrarse con su hija. «Le prometió que la dejaría tranquila y que no le pediría que volviera a Chequia», explica Miquel, quien añade que «no cumplió con su palabra». En febrero llegó la noticia: la madre pedía judicialmente la restitución de la menor. «Allí me derrumbé, aunque confiaba plenamente en que la justicia española protegería a mi hija», asegura Miquel, quien añade que «rápidamente decidí seguir luchando. Estoy convencido de lo que hago porque mi hija aquí es feliz».

En julio llegó la sentencia que obligaba a M. a volver a Chequia con su madre. «La justicia española no me ha hecho caso. Me dice que el tema de los maltratos deben solucionarse en Chequia», dice Miquel, quien desde el mes de julio no ha parado de presentar alegaciones y recursos para que se paralice el procedimiento. 

El 21 de diciembre, Miquel recibió una notificación por parte del Juzgado de Primera Instancia nº5 de Tarragona, en la que informaba que contaba con un plazo de 20 días para acatar la sentencia de restitución de la menor. En el documento dice que «si se opusiera –refiriéndose a Miquel– a lo acordado, se adoptarán las medidas necesarias para la ejecución de la sentencia de forma inmediata, pudiendo solicitar la asistencia de los servicios sociales y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad». Hoy es el día tope. 

Desde el pasado mes de julio, M. acude al psicólogo para poder llevar mejor estas situaciones. Miquel argumenta que «el último informe por parte de los psicólogos asegura que es muy posible que volver a Chequia sea una situación muy traumática para M., ya que está convencida de que nadie le ayudará». Miquel confía en que este informe haga revisar el caso a la juez.

Además, el padre sigue argumentando que su hija se ha arraigado mucho en la ciudad. «Saca unas notas buenísimas, participa en todas las actividades que le propongan e incluso forma parte de una comparsa de Carnaval», explica Miquel, quien asegura que «la justicia le destrozará la vida a mi hija. Lo único que pido es que la persona que deba tomar la decisión de llevársela por la fuerza, revise otra vez el caso».

Llega el día

Miquel sabe que en cualquier momento pueden obligar a M. a coger un avión para volver a Chequia. «No me quiero ni imaginar que la Policía se lleve a mi hija usando la fuerza y la violencia», explica el padre, quien se muestra convencido de que M. opondrá resistencia. «Si llega el momento, le pediré a la Policía que no use la fuerza», explica Miquel. «El día que le confesamos a mi hija que el juez había decidido que antes del día 11 de enero tenía que volver a Chequia, me cogió de la pierna con un ataque de pánico, mientras lloraba», relata Miquel, quien añade que «no tiene la maleta hecha, ni el billete de avión comprado. Yo no puedo ni quiero convencerla. Si servicios sociales o su propia madre son capaces de hacerlo, ya haremos la maleta en un momento y compraremos enseguida los billetes». 

Miquel teme que vayan a buscar a su hija durante las horas de colegio. «Yo no trabajo actualmente, por lo tanto, en los próximos días me pasaré las horas que ella está en la escuela en una cafetería muy cercana al colegio. Si alguien va a buscarla para llevársela a Chequia, iré rápidamente para protegerla. Cuando le digo esto se queda más tranquila», relata el progenitor, quien añade que estos últimos días M. está muy nerviosa y tiene miedo». Amigos y conocidos de Miquel han decidido compartir con él las próximas horas en la cafetería. El objetivo es mostrarle su apoyo en la lucha «para conseguir que mi hija viva tranquila».

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