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«No paro de llorar. Somos los padres de las tortugas»

El 80% de los voluntarios han sido mujeres, de entre 30 y 60 años. Han custodiado el nido durante cincuenta días, las 24 horas del día

CARLA POMEROL

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El nido estaba protegido por una carpa y unas vallas. Imagen del pasado domingo, ante la expectación de los voluntarios. FOTO: PERE FERRÉDE LOS 99 HUEVOS QUE PUSO LA TORTUGA BOBA, HAN SIDO LIBERADAS, POR EL MOMENTO, UNAS 37. FOTO: PERE FERRÉ

El nido estaba protegido por una carpa y unas vallas. Imagen del pasado domingo, ante la expectación de los voluntarios. FOTO: PERE FERRÉDE LOS 99 HUEVOS QUE PUSO LA TORTUGA BOBA, HAN SIDO LIBERADAS, POR EL MOMENTO, UNAS 37. FOTO: PERE FERRÉ

Noèlia Martínez, de 46 años y vecina de Tarragona, acababa de llegar a su casa, después de pasar el domingo con su hija visitando el Castell de Miravet. Fue entonces cuando recibió la llamada que llevaba un mes y medio esperando. «Recuerdo que eran las nueve y media de la noche y, tal como estaba previsto, un compañero me daba la noticia por teléfono. Empezaba la eclosión, el momento de la verdad. Las tortugas que tanto habíamos custodiado en la Platja del Miracle salían de sus huevos», explica Martínez. Ella es una de las 150 voluntarias que durante cincuenta días ha vigilado mañana, tarde y noche, que las tortugas pudieran nacer en las mejoras condiciones posibles.

A lo largo de este proceso, a Martínez la ha acompañado su hija de ocho años. «Estábamos preparando la cena cuando sonó el teléfono. Lo dejamos todo a medias, nos cambiamos de ropa y salimos escopeteadas de casa», relata Martínez. Cuando llegaron ellas, ya habían nacido 24 tortugas. «No pudimos evitar las lágrimas. Lloré mucho de la emoción. Los voluntarios nos sentimos un poco los padres de estas tortugas», explica . Por suerte, ayer por la mañana, a Martínez y a su hija Claire les tocaba hacer guardia, lo que les permitió estar presentes en el nacimiento de otra. Claire fue la encargada de liberarla. «¡Qué experiencia tan bonita! Ha merecido la pena todo el esfuerzo de este verano. Llevo todo el día emocionada, pensando en qué, de aquí unos años, podré explicárselo a mis nietos», acaba Martínez.

El testimonio de esta mujer es solo uno de entre todas las historias bonitas que se han creado alrededor de estas tortugas. Txiqui López, coordinador de los voluntarios, destacaba ayer el gran número de personas que se han ofrecido para custodiar el nido de la tortuga boba. A modo de apunte, el 80% han sido mujeres. «Es un fenómeno novedoso, ya que, mayoritariamente, el voluntariado medioambiental es masculino», explica López, quien destaca la gran labor de estas mujeres. No solo cuidaban y protegían al nido, sino que durante un mes y medio han llevado a cabo un ejercicio de sensibilización y conscienciación. Núria Navarrete, una de las voluntarias, explica que «esto ha servido para que entendamos que la playa no solo es un espacio de ocio, donde plantar la toalla. Es mucho más. Es una fuente de vida». Navarrete forma parte de Ecologistas en Acción y asegura que esta experiencia ha sido una de las más grandes que ha vivido.

De los 99 huevos que puso la tortuga boba, han sido liberadas, por el momento, unas 37. Foto: Pere Ferré

La aventura para este grupo de voluntarias empezó el pasado 10 de julio, cuando un testimonio alertó de que una tortuga boba había puesto un nido con 99 huevos. El departamento de Medi ambient del Ayuntamiento de Tarragona hizo entonces un llamamiento para encontrar voluntarios que custodiasen el tesoro. Se han llevado a cabo tres turnos, lo que ha permitido vigilar el nido las 24 horas del día. «Al principio fue todo un poco caos. Rápidamente nos espabilamos y empezamos con la infraestructura insitu, con la página web y con la formación del voluntariado», explica López, quien, a modo de anécdota, añade que «incluso turistas que venían a pasar unos días se ofrecieron como voluntarios».

El objetivo no era otro que custodiar y proteger el nido, que las tortugas pudieran nacer sin ningún problema. Las noches con toque de queda era la policía quien se encargaba de vigilar el recinto vallado.

El pasado domingo, cuando faltaban cinco minutos para las nueve y media de la noche, todo tomaba sentido. La organización seleccionó un grupo de veinte voluntarios que serían los encargados de comunicarse y de acudir al lugar el día X.

De los 99 huevos que puso la tortuga boba el pasado 10 de julio, dos se rompieron el mismo día y 20 fueron trasladados a una incubadora del CRAM para asegurarse que tirasen adelante. Entre la noche del domingo y la mañana de ayer nacieron unas 47 tortugas, que los técnicos midieron, pesaron y comprobaron que estaban en buenas condiciones. Diez de ellas, las más débiles, fueron ayer trasladadas al CRAM. El resto, 37, fueron liberadas. Se espera que en las próximas horas pueda nacer alguna más.

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