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«No puedo volver a mi país. No quiero morir»

Los conflictos bélicos, políticos o sociales disparan las solicitudes de asilo en Tarragona. En tan solo un año han aumentado un 84%. En 2018, fueron 184. En lo que va de año ya hay 119

Xavier Fernández

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Aaed, un refugiado palestino, ayer en la Plaça Imperial Tarraco. FOTO: Fabián Acidres

Aaed, un refugiado palestino, ayer en la Plaça Imperial Tarraco. FOTO: Fabián Acidres

Aaed era profesor de árabe en Jan Yunis, una ciudad de 200.000 habitantes situada en la Franja de Gaza. Su abuelo se instaló allí después de tener que huir tras la guerra árabe-israelí de 1948. Es el mayor de 10 hermanos (6 chicas y 4 chicos). La desesperanza ante el futuro y, sobre todo, el miedo permanente a ser víctima del conflicto con el todopoderoso Israel le condujeron a dejar a su familia y buscar una vida mejor. 

Un largo periplo, con estancia en una prisión incluida, le trajo a Tarragona. El año pasado solicitó asilo político. Le toca una larga espera y ser con suerte del 25% de privilegiados que reciben un ‘sí’ a la protección internacional.

Las solicitudes de asilo se han disparado en Tarragona. Los conflictos que asolan Oriente Medio y África y, sobre todo, la durísima crisis que sufre Venezuela, son los motivos de que cada vez más refugiados sueñen con poder quedarse en la demarcación.

En 2018, según datos de la Subdelegación del Gobierno, 184 personas habían pedido el asilo, 84 más que en 2017. En lo que llevamos de año ya son 119. Aún no ha transcurrido un semestre y las solicitudes ya suponen un 65% de todas las del año pasado.

Hasta mayo, el conjunto de Catalunya había recibido 6.059 solicitudes de asilo y el Estado español, 46.596, de acuerdo a los datos presentados por la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. 

El problema es que, como en el caso de Aaed, las peticiones se van acumulando. A 31 de marzo, eran ya 102.890 los expedientes sin resolver en toda España.

La mayoría de peticiones de asilo provienen de venezolanos (16.845 a nivel estatal), seguidas de colombianos (10.122), nicaragüenses (2.698), hondureños (2.666) y salvadoreños (2.078). La crisis en Iberoamérica ha llevado a superar las solicitudes de ciudadanos sirios que huyen de la guerra civil de su país. En 2018 había 2.901 solicitudes sirias. 

Encarcelado dos semanas

Aaed pasó de la Franja de Gaza a Egipto y luego a Libia, siempre con los papeles en regla, asegura. En Libia residía con unos amigos palestinos a la espera de poder ‘saltar’ a Europa. Viajaba acompañado de un primo. Un día que se trasladaban de un pueblo a otro, una patrulla ilegal de un grupo guerrillero les detuvo, les incautó los pasaportes y los encarceló.

Los dos jóvenes pasaron dos semanas en la prisión. Estaban hacinados en una gran sala junto a 300 personas más. La comida «no era ni para animales», recuerda Aaed. Solo había dos retretes para todos. Aquellas dos semanas «me parecieron dos años». Fueron liberados cuando las familias pagaron 200 dólares por cada uno a los carceleros-secuestradores.

Aaed se echó al mar junto a 58 personas más en un bote de goma. Seis horas después, el ‘Open Arms’ les localizó, les subió a bordo y les trasladó a Barcelona. De la Ciudad Condal pasó a Reus, donde estudió informática, y ahora a Tarragona, donde aprende castellano y en breve empezará un cursillo de cocina.

A sus 26 años, el sueño de Aaed es impartir clases de árabe en Tarragona. En Reus se sintió acogido, como si fuera de la familia, y nunca notó racismo, pero a aquellos que critican los rescates en el mar o defienden impedir la llegada de refugiados les lanza una sugerencia: «La gente debería abrir los ojos, ver lo que pasa al otro lado del mundo. Nadie se va de su país porque sí. Cada día siento nostalgia de mi país, pero no puedo volver. Nadie quiere volver a casa para morir».

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