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«No somos conscientes de que se vota como hace 2.000 años»

Entrevista a Martí Seritjol, director del festival Tarraco Viva

Núria Riu

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El director de Tarraco Viva, Magí Seritjol, con el cartel de esta nueva edición del festival.  FOTO: Pere Ferré

El director de Tarraco Viva, Magí Seritjol, con el cartel de esta nueva edición del festival. FOTO: Pere Ferré

Hoy arranca un evento en el que los comicios municipales serán protagonistas. Y a pesar de lo machista y desigual que era la civilización romana, podrán verse muchas similitudes. 

Magí Seritjol es el director del festival de recreación histórica Tarraco Viva, que levantará el telón esta tarde, en un acto inaugural que tendrá lugar en el Passeig Arqueològic, y se prolongará por espacio de quince días, hasta el 19 de mayo.

En esta vigesimoprimera edición, el certamen gira alrededor de las ciudades romanas. El programa suma en esta ocasión un total de 427 actos en los que participan más de mil personas. 

Las ciudades romanas y el mundo urbano centran esta nueva edición del festival Tarraco Viva. ¿Por qué se ha elegido esta temática?

La idea surgió porque este 2019 se celebran unas elecciones municipales, por tanto, unos comicios en las ciudades. A partir de aquí pensé que éstas son el eje del futuro de la humanidad. La mitad de la población mundial vive en ciudades. Dentro de veinte años esta cifra será del 70% de la población. El debate está en cómo estos espacios pueden contribuir al futuro de la humanidad en cuanto a cambio climático y sostenibilidad. La mirada al pasado debe servirnos para comprender el presente. 

¿Cómo eran estas ciudades del pasado?

Muy diversas, desiguales y, por tanto, con algunas cosas buenas y otras no tanto. Pero hay una cosa que es esencial, el equilibrio con el entorno. Lección número uno: no hay una ciudad sostenible sin un campo sostenible. Es esencial. Y dos: ¿Por qué la gente se va a las urbes? Para mejorar y prosperar. Y allí las personas se encuentran y hay intercambios.

¿Por qué quieren vivir en las ciudades?

Para encontrarse con otras personas físicamente. Las ciudades como punto de encuentro de gente con gente sigue siendo el principal factor de prosperidad. Y esto es la ciudad romana. El foro es una gran plaza que atrae a la población. Si el Nàstic gana y asciende de categoría, ¿a dónde va la gente? La plaza sigue siendo un punto de encuentro para manifestarse y relacionarse. ¿Es casual? No, nos viene de los romanos.

¿Es una de las principales similitudes?

Sí, la génesis es esta plaza pública en la que la gente se encuentra, en la que pasan cosas y viven. Para los romanos vivir significaba ser ciudadano, una persona implicada. Podemos aprender que las ciudades forman parte del problema pero también de las soluciones. La antigüedad nos enseña el cambio hacia una urbanidad sostenible, con ciudades más compactas y no tan solo a nivel económico, sino también sociológico.  

Ciudades más compactadas, sostenibilidad, conectadas o la gentrificación son algunos de los principales problemas que se registran en la actualidad. ¿Todo esto ya existía hace dos mil años? 

Claro que sí. Las ciudades generan pobreza y barrios residuales, pero al mismo tiempo generan las posibilidades de superarlo. Allí la gente podía prosperar, igual que ahora. Jane Jacobs afirmaba: «Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar alguna cosa para todos, solo porque, y tan solo cuando, se crean para todos». Esto que decía en los años sesenta es lo que eran las ciudades antiguas.

Sobre todo destacaba la diversidad de culturas que convivían en Roma, con gente de todas partes del Imperio.

Sí. Está claro que eran desiguales, pero en una ciudad romana, el agua llegaba a todo el mundo. Los baños estaban abiertos para todos y no eran espacios para bañarse. Allí había bibliotecas y gimnasios. Eran lo más parecido a un centro cultural de nuestra época. Pensaban la ciudad para todos. También para los esclavos y las mujeres, cosa que en el mundo griego no pasaba. Hay valores de la antigüedad que pueden ayudarnos a entender la contemporaneidad. Pensar que esta última solo existe a partir de la innovación es un error. 

Es primavera de elecciones. El domingo pasado se celebraron las generales; el día 26, las municipales y europeas. Y el día 19 también se votará en Tarraco Viva.

Sí, hacemos una reproducción de las elecciones municipales de hace dos mil años.

¿Había municipales?

Claro que sí. Votaban como nosotros, con garantías, ya que también había un censo. Había interventores nombrados por los candidatos. Es fantástico porque la esencia es la misma. Es una maravilla y la gente no es consciente de que votamos ahora tal y como se hacía hace dos mil años. Otras culturas no tienen esto. En el Mediterráneo se creó un sistema de valores democráticos que aún está vigente. 

¿Eran igualitarias estas elecciones?

No, no lo eran. La mitad de la población no participaba, que eran las mujeres. Por tanto, de igualitarias, ni hablar. Y, dentro de los hombres, tan solo podían votar los ciudadanos romanos. De acuerdo que esto no debemos perderlo de vista, pero es la idea. Esto no se daba ni en Egipto, ni en Persia ni en la China, tan solo pasó en el Mediterráneo. El hecho de que pudieran votar era revolucionario.

¿Qué más votaban además de las municipales?

Los cargos. Eran unos machistas y unos clasistas, de acuerdo. ¿Bahrein, Emiratos Árabes, China...? Está pasando también ahora, no hace dos mil años. No debemos exigir una perfección democrática que ahora no tenemos, pero la idea de que la gente tenga el derecho a decidir y a escoger es revolucionario siempre. Estoy dispuesto a aceptar que me equivoco, pero es el sistema más perfecto dentro de la imperfección. Podemos aprender cosas muy valiosas.

¿Qué no deberíamos aprender?

Las desigualdades. Una mujer no podía votar y, pese a esta sociedad tan machista, había empresarias, científicas o artistas. No eran muchas, no debemos generalizarlo, pero, a pesar de ello, las hubo que supieron escapar del peor de los escenarios. Uno de los monólogos de este año es sobre Eumachia, una empresaria que cambió Pompeya y que era la que decidía el precio de la lana en todo el Mediterráneo. La realidad no es tan blanca o negra, aunque era bastante oscura. Pero es que estamos hablando de que en pleno siglo XXI si te vas a la India aún hay padres que venden a sus hijas. Sin magnificar el pasado, nos dieron lecciones.

Este año se estrenan nuevos escenarios, como el Mercat Central y la Biblioteca Pública.

Sí, no es tanto estrenar sino que queremos colaborar con nuevos centros y que la gente se implique con el festival. Estamos trabajando con jóvenes, junto con la URV, para que estudiantes de bachillerato creen grupos de recreación histórica.
Aquí hay una cantera.

Sí, si esto sigue adelante ya puedo jubilarme. Esto es el futuro. Cuando hablaba con las profesoras me decían que cuando lo hacen incluso dejan el móvil. Estamos intentando crear actividades de recreación histórica entre los adolescentes. 

¿Están impulsando un relevo generacional?

Bueno, es que no sólo es el Tarraco Viva. Es el amor por el conocimiento humanístico y científico. Steve Jobs decía que en Apple creaban tecnología a partir del humanismo, sin éste no funciona. Sin el arte, la belleza o las artes escénicas no hay un auténtico conocimiento. 

¿La idea es que se sumen al proyecto?

Debemos conseguir que la gente joven entienda que el crecimiento personal pasa por las humanidades. Para ello, de cara al año que viene intentaremos grupos de recreación histórica de jóvenes, crear relevos.

Cuando creó el festival tenía la vocación de generar un tejido empresarial asociado a este ámbito de la recreación. ¿Por qué no se ha asumido?

No, no lo ha hecho. Es uno de los retos del festival y de los ciudadanos. Si no creemos que puede asumirse un desarrollo profesional es difícil. Un ejemplo, cuando llegas al Prado para visitar Las Meninas, te encuentras con un cuadro que te dicen que es esencial para la pintura universal. Y al lado hay una etiqueta con el nombre, el año y el autor. Una obra esencial de la pintura de la que tan solo te dice óleo sobre tela. La misión del museo es ver las claves para poderlo interpretar antes de verlo, que se entienda el porqué es tan importante.

Pero hablábamos de esta voluntad de que el festival debía ser un impulsor de todo un tejido cultural alrededor del patrimonio.

Sí, es que esto lo que nos demuestra es que necesitamos intérpretes del patrimonio. Gente que sepa interpretar y visionar el patrimonio. Cuando llegas al Circ y tan solo ves las piedras, hemos fallado. Debes poder entender el porqué los romanos se gastaban una pasta en su construcción para que, cuando llegues allí, puedas valorarlo. Necesitamos intérpretes y con esto defiendo que Tarragona puede ser un centro universal de interpretación del patrimonio. Debemos especializarnos en explicar la historia. 

Hay voces que aseguran que Tarragona es la ciudad que mejor explica su historia. ¿Cree que es así?

No, no es verdad. Es una aspiración. Modestia, trabajo y dedicación. Creo firmemente que nuestra ciudad tiene un futuro enorme si piensa y cree que explicando nuestra historia nos podemos ganar la vida. Lo veo así desde hace veinte años. El festival en sí no es tan importante como la riqueza personal que éste puede generar. Las personas que piensan y reflexionan son más ricas y tarde o temprano esto genera riqueza. 

Cuando un visitante llega a la ciudad y ve cómo se presentan los monumentos, ¿puede entender el potencial que tuvo la antigua Tarraco?

La vivencia de un monumento depende de cómo te lo explican. Tarraco Viva te dice que lo importante no son las piedras, pero a menudo te dicen cómo era una sociedad. El Amfiteatre, por qué se hizo, por qué se gastaron todo ese dinero. Y a partir de ahí vas conociendo que había una gente y unas elites que querían lucirse. Si lo explicamos ya no son piedras, es una cosa viva. El nombre del festival no es casual. Estuvimos un año definiéndolo. Viva te dice historia viva en cuanto se hace presente el pasado. La gente que nos dedicamos a la cultura desde el ámbito público no debemos ni aburrir ni divertir. Nuestra misión es generar condiciones para que la gente tenga herramientas de conocimiento. Y el patrimonio histórico es una clave para explicar el presente y el futuro. Somos lo que somos porque fuimos esto. 

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