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«No tengo ganas de seguir en la primera línea de la política»

La concejal ecologista recrimina a Ballesteros no haber sido valiente y «no haber abandonado antes» el proyecto de los Juegos Mediterráneos 

Carla Pomerol

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Arga Sentí, en el Claustre de la Catedral.

Arga Sentí, en el Claustre de la Catedral.

Arga Sentís nos citó en la calle Mare de Déu del Claustre, en el corazón de la Part Alta. Explica que «en el número 2 de esta calle nació mi hijo mayor, Manel, que ahora tiene 27 años». Para Sentís se trata de un rincón muy especial y se nota en la luz de sus ojos, mientras cuenta aventuras de sus hijos. «Recuerdo como Manel aprendió a andar en el Claustre de la Catedral. Era como un parque para él», relata. La concejal nació en Tarragona en el año 1964, es licenciada en Filologia Catalana y trabajaba en el Consorci per la Normalització Lingüística, hasta que pidió una excedencia para centrarse en el Ayuntamiento.

¿Arga Sentís pactaría con Josep Fèlix Ballesteros en 2019?
En el 2019, Arga Sentís no estará en este consistorio. No entra en mis planes repetir. Nunca se puede decir de esta agua no beberé, pero mi compromiso era de ocho años y ya lo he cumplido. No tengo ganas de seguir estando en primera línea.

¿Cómo se presentará ICV-EUiA en las próximas elecciones municipales?
Apostamos por una confluencia de izquierdas, que se ha concretado como Catalunya en Comú en Tarragona.

¿Está todo decidido ya?
Estamos en la fase de tirar adelante la organización. Se trata de un espacio amplio, plural y de izquierdas. 

¿Esto es el fin de ICV-EUiA?
No. Los partidos no tienen principio y final. Las formaciones defienden proyectos que van evolucionando de acuerdo con la época y el contexto. Lo que significaría el fin sería no cambiar. Nuestro proyecto viene de lejos, del PSUC, y siempre hemos ido evolucionando para dar respuesta a las inquietudes de los ciudadanos.

¿Cuál cree que ha sido el punto débil de Ballesteros?
Querer gustar a todo el mundo. Ya se lo he dicho a él en alguna ocasión. Tampoco ha marcado prioridades claras y se ha equivocado en algunos diagnósticos, como por ejemplo los Juegos Mediterráneos, que han condicionado la política municipal y ha obligado al PSC a llevar a cabo alianzas que no le han hecho nada bien.

¿Cuáles son las prioridades para Arga Sentís?
Las cosas del día a día. Lo que sé es que nunca hubiera tirado hacia adelante los Juegos. Lo que no haría con mi dinero en mi casa, tampoco lo haría con dinero público en mi ciudad.

¿Participará en los actos institucionales de los Juegos?
No me lo he planteado. La verdad es que los actos institucionales no me van mucho. Lo consultaré con mi gente y, si puedo elegir, no iré, como hago en la procesión de Santa Tecla.

¿No participa nunca en la procesión del 23 de septiembre?
Sí que voy, pero como espectadora y tarraconense, no como autoridad política. Creo que en estos actos se mezcla una cuestión religiosa con una cuestión lúdica. Allí no pinta nada el Ayuntamiento. Pero como ciudadana, debo decir que se me pone la piel de gallina cuando veo entrar el Braç de Santa Tecla en la Catedral.

¿Qué aportarán los Juegos a la ciudad?
Yo creía que ayudarían a mejorar las infraestructuras y la movilidad y que acabarían con la fractura urbanística de la ciudad. Pero ahora lo veo imposible. Solamente nos dejarán unos equipamientos que aún no sabemos cómo se gestionarán. Lo más previsible es que sea de manera público-privada o totalmente privada, y no es justo, teniendo en cuenta que las instalaciones se han pagado con dinero público.

¿Cómo vivió el momento del aplazamiento?
Hicieron un ridículo espantoso y fue la constatación de que hubiera sido más fácil hacer un ejercicio de responsabilidad cuando tocaba y abandonar. Pero hacerlo sería admitir el fracaso. Humanamente lo entiendo, pero creo que es necesario ser valiente y rectificar cuando nos equivocamos. Yo lo habría hecho.

¿Comparte el papel de los comunes en el conflicto Catalunya-España?
Evidentemente. Nos hemos dedicado a construir puentes y espacios para que los dos bloques se encontraran y se entendieran con el único fin de desatascar la situación. Si continuamos alimentando la confrontación, no llegaremos a la solución. Personalmente, me han ocurrido una serie de cosas destacables en Tarragona. Si quiere, se las explico.

Adelante.
Cuando tenía 20 años, conocí los barrios de Ponent. Daba clases de catalán y los alumnos eran padres de familia que llegaron a Tarragona procedentes de Andalucía. Salían de trabajar a las nueve y acudían a mis clases. El esfuerzo merecía la pena porque ellos querían formar parte de este territorio y yo entendí por qué la gente se iba de su tierra en busca de algo mejor. Ahora, que tengo más de 50 años, voy a los mismos barrios y veo balcones llenos de banderas españolas. Me pregunto en qué hemos fallado, qué es lo que no ha funcionado o qué les hemos hecho para que se sientan así de excluidos. Me duele mucho. 

¿Hemos sacado alguna cosa positiva de todo esto?
No lo sé, pero la sociedad tarraconense está más fracturada y polarizada que nunca. Y esto es un riesgo.

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