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«No veo en los Juegos Mediterráneos ese ambiente que rodea a los grandes eventos»

Cuando ya ha empezado el baile de inauguraciones en el Anillo Mediterráneo, los vecinos se muestran contentos por las instalaciones que quedarán, pero tienen dudas sobre su futuro

Núria Riu

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Francisca Alache y Gumersinda Enrique salen del complejo deportivo de Campclar. La madre hace recuperación en la piscina que forma parte del complejo deportivo que fue recién inaugurado hace unas semanas, tras ser reformado. «Las instalaciones han mejorado y ahora la gente viene más, incluso parece que está más contenta», explica la hija. El Anillo está semiabierto y tan solo se permite la entrada a esta parte inicial. Queda vallado el Palau, que aún está en obras, y el acceso al paseo que conduce al resto de instalaciones y a la zona ajardinada con el lago.

Faltan 75 días para la inauguración de los Juegos del Mediterráneo. ¿Cuál es el ambiente? «Supongo que los jóvenes lo hablarán, pero nosotras mucho hacemos con no ahogarnos, pero está quedando muy bonito», asegura Alache.

Núria Baiges es usuaria del gimnasio. Vive en el centro de Tarragona. Antes iba a Bonavista y desde que lo reformaron se escapa siempre que puede a Campclar. «El ambiente es diferente. Notas cómo el deporte se está moviendo y que la gente está más animada», asegura. Va siguiendo el avance de las obras del Palau d’Esports. «Yo creo que hay ganas de Juegos, lo que pasa es que, con estas cosas, cuando falta poco siempre piensas: espero que no surja ningún contratiempo», argumenta. Se muestra convencida de que este evento internacional será sinónimo de «más deporte» y «vida sana» en Tarragona, aunque comparte con su pareja la preocupación por el futuro de las instalaciones. Sobre todo, del Palau d’Esports. «Es una inversión que durará los quince días de los Juegos. Morirá cuando estos acaben», dice Marcelino Mora. Es aficionado al baloncesto y muestra sus dudas sobre cuántas veces se llenará un equipamiento con capacidad para 5.000 personas. 

Mora hace quince años que vive en la ciudad. Vino de República Dominicana, un país que organizó los Juegos Panamericanos de 2003. «No veo ese ambiente que rodea a los grandes eventos. En mi país no se hablaba de otra cosa en la calle. A mi parecer está todo como en silencio», apunta. Asegura que a su alrededor, y en el bar, las conversaciones giran alrededor de la situación política, y que el interés que ha despertado este evento –con 4.000 participantes de 26 nacionalidades– ahora mismo pasa desapercibido. «No tiene el impacto que debería tener», argumenta.

Una zona degradada
A escasos metros, en la Rambla de Campclar, sus vecinos viven ajenos a los nervios para acabar las obras a tiempo y evitar que las instalaciones se pongan a prueba antes de que estén acabadas. «Creo que va un poco retrasado», dice Biel Mestres. Asegura que no ha subido a ver las obras ni tiene previsto hacerlo. Tampoco irá a ver ninguna de las pruebas que se disputará. «Allí es allí y aquí es aquí. No creo que haya ningún tipo de ambiente especial», argumenta este vecino.

Tampoco se ha asomado Consol Moragas, aunque conoce perfectamente las instalaciones que se están construyendo en su barrio de toda la vida. «Yo creo que la gente, si después puede subir a pasear, lo aprovechará», afirma. Esta vecina también reconoce que esta cuenta atrás se está viviendo sin ningún tipo de emoción en Campclar. Medios de todo el mundo hablarán de lo que pasa en el Anillo Mediterráneo y de si los deportistas consiguen romper nuevos récords o mejoran su marca personal. Pero, de momento, no se habla. «A mí me gusta mucho la natación. Si puedo, iré», afirma.

Las instalaciones ocupan el antiguo barrio de la Esperanza, una de las zonas más degradadas y sucias que había en Ponent. «La gente al menos ve que podrá aprovechar los espacios verdes», asegura Cristina Berrio. La recién escogida presidenta de la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona visitó las instalaciones hace unos días. «Ha sido una aportación importante a esta parte de la ciudad», argumenta. Campclar tendrá unas instalaciones deportivas de primer orden en las que en su conjunto se habrán invertido unos 35 millones de euros. «Estamos un poco a la espera a ver qué pasará después», concluye Berrio.

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