«No voy a llevar a mi hijo al cole»

Padres y madres de Tarragona se plantan y dejarán a sus niños en casa al creer que la vuelta a las aulas en septiembre no ofrece seguridad

Raúl Cosano

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Mónica Pérez y su hijo Aarón, en la puerta del Col·legi Sagrat Cor, en El Vendrell. Foto: Pere Ferré

Mónica Pérez y su hijo Aarón, en la puerta del Col·legi Sagrat Cor, en El Vendrell. Foto: Pere Ferré

«Llegará el inicio de curso y mi hijo se quedará en casa, lo tengo claro. Tienen que arreglarse mucho las cosas para que cambie de opinión», admite Mónica Pérez, vecina de Sant Jaume dels Domenys (Baix Penedès) y que lleva a su hijo Aarón al Col·legi Sagrat Cor, en El Vendrell. Ahí debería empezar el 14 de septiembre tercero de la ESO, pero no lo hará porque su familia no está dispuesta a asumir esa exposición para un hogar especialmente frágil. La madre de Mónica, de 89 años, convive con ellos. «Está bien de salud, está perfecta, pero no estoy dispuesta a asumir este riesgo», concede ella.

Mónica es una de esas voces que cogen fuerza estos días como portavoz de las familias que se niegan a la presencialidad en el aula. Piden un abanico de opciones más amplio y diverso que incluya también la vía telemática de aprendizaje. «Tal y como están las cosas en el Baix Penedès, no pienso llevar a mi hijo a clase, porque no veo las cosas nada claras», cuenta Mónica, que ha intentado impulsar a nivel municipal un protocolo según la realidad comarcal, pero sin éxito. «A lo mejor una norma como la de la Generalitat tiene sentido en Barcelona, pero en el cole al que va mi hijo van niños de toda la comarca. ¿Qué pasará si hay un positivo? El porcentaje de alumnos de fuera es elevado, así que lo que estaremos haciendo es esparcir más el virus», añade Mónica, que se pregunta: «¿Cómo pueden ser que se prohíban las reuniones de más de diez personas y pretendamos meter a 30 niños en un aula? Nosotros pedimos que den la opción de estudiar a distancia, para que los menores que están en familias más vulnerables, donde viva una persona mayor o dependiente, puedan apostar por eso en lugar de tener que ir presencial».

Mónica considera que los niños son «bombas de relojería» que pueden acarrear serios peligros en los domicilios. «Los protocolos que se tienen que aplicar en un colegio, comparados con los de una empresa, son irrisorios. En una fábrica tienen que estar los empleados a dos metros, ¿y, mientras, los niños en clase a 20 centímetros? Pienso que, tal y como está montada a día de hoy, la vuelta al cole es inviable, y más con la pandemia tan descontrolada», cuenta Mónica, miembro de Agrupació de Famílies per una Elecció Educativa Segura (AFEES), una entidad constituida para reclamar más rigor en este regreso: conocer al detalle las medidas de limpieza que se aplicarán en cada centro, pedir que ciertas familias queden exentas de la presencialidad o el desdoblamiento de grupos y la reducción de ratios.

Medidas «insuficientes»

Consideran, a su vez, que las medidas planteadas hasta ahora por la Generalitat –uso de mascarilla a partir de Secundaria, cribados a 500.000 personas y ratios no superiores a 20 en educación infantil y primaria– no son suficientes.

Otra familia en Castellvell del Camp (Baix Camp) también tiene tomada la decisión. «Mi situación es desesperada, como la de la mayoría de los padres. Mi marido y mi hijo son de alto riesgo, y vivimos con mi madre, que tiene 66 años», cuenta la progenitora, que ya prevé una educación en casa a su hijo, en lugar de llevarlo ‘in situ’ a la Escola Pública Santa Anna, donde está escolarizado. «Pedimos simplemente que nos dejen elegir, libertad y flexibilidad en la educación para decidir sobre la vida de nuestros hijos y su protección. Yo estaré encima de ellos, procurando que estudien y que sigan los libros. Si no nos pueden garantizar un máximo de 10 alumnos por aula, dos metros de distancia y mascarilla, no vamos a cambiar de opinión», cuenta. «Te hablan de burbujas estables, pero los profesores entran y salen en todos los cursos, y esas burbujas se rompen, así que no tiene sentido», se queja.

Los abuelos, a distancia

La vuelta al cole va a constituir un momento crítico para una familia extremadamente precavida y temerosa, que durante esta pandemia ha limitado al máximo los movimientos en el exterior, de forma que el inicio del curso tiene tintes de amenaza. «No vamos a restaurantes ni al súper, todo lo compramos ‘on line’. Vemos a los abuelos a distancia, desde el jardín, pero sin contacto con ellos desde hace seis meses. Creemos que la educación es importante, sí, pero la salud viene antes. Los padres tenemos el deber de proteger la salud y la integridad física de nuestros hijos y ahora mismo no nos pueden garantizar una seguridad», cuenta.

Esta vecina de Castellvell del Camp critica también el documento que le hacen firmar a la familia conforme el alumno no tiene síntomas y está sano para poder ir. «Es una manera de eximir responsabilidades», azota. Incluso hay padres que ya se han puesto en contacto con juristas para analizar cuál puede ser la dimensión legal del conflicto. «En todo momento los abogados nos están diciendo que no tengamos miedo, porque asustan a veces a los padres con la intervención de los servicios sociales y la retirada de custodia. Quieren meternos miedo para que pasemos por el aro. Mis hijos no estarán desatendidos, quiero que su educación sea en un escenario de salud», explica ella, sumida en una preocupación constante a falta de tres semanas. «Imagínate que un hijo trae el virus a casa y que afecta eso a una persona mayor. ¿Cómo le explicas ese trauma?», denuncia ella.

Precisamente, para evitar una afectación mayor, en junio sacó a su madre, asmática, de la residencia en la que estaba, debido a los focos originados en estos centros, quizás los equipamientos más expuestos a los estragos del virus desde que en marzo se iniciara la pandemia. El padre de familia, con el sistema inmunológico debilitado, es otro perfil de riesgo que hace que este núcleo tenga que protegerse con especial ahínco.

Críticas a la Generalitat

La plataforma se ha revuelto totalmente contra la Generalitat y la frase del president, Quim Torra, de volver «sí o sí». «No tienen ninguna intención de garantizar la seguridad y la calidad de la enseñanza. Necesitamos medidas y movilización de recursos para tener un colegio seguro en términos epidemiológicos», relata un comunicado difundido ayer por este colectivo que cada vez aglutina a más padres y madres de alumnos de Catalunya.

«Es el escenario ideal para un rebrote general en términos de salud pública», añade. Para esta asociación, los «grupos estables de 20 en Primaria y 30 en Secundaria no son adecuados según los profesionales de la pediatría» y reprueba la poca concreción del Departament a la hora de relatar las medidas: «Bajar la ratio también supone contratar más docentes. El uso de mascarilla no sirve de nada en espacios cerrados, reducidos y sin ventilación. Tomar la temperatura y atender a la comunidad educativa sin refuerzo de personal sanitario profesional, dejándolo a la autonomía de los centros, es una negligencia y explotación laboral». La entidad lamenta seguir «sin noticias de contratación de profesionales no docentes que tendrían que estar ya en los colegios» y pone el grito en el cielo ante esta cuenta atrás convulsa y llena de incertidumbre: «Hay muchas familias que no se la pueden jugar y no saben qué hacer».

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