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"Nos están juzgando a más de dos millones de personas"

Unos 1.500 manifestantes se congregaron ante la Subdelegación del Gobierno: «No confiamos en el juicio»

Raúl Cosano

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Rosa Maria Codines, presidenta de Òmnium Cultural del Tarragonès, ante el micrófono, durante el parlamento de ayer, en la Imperial Tarraco.  Foto: Pere Ferré

Rosa Maria Codines, presidenta de Òmnium Cultural del Tarragonès, ante el micrófono, durante el parlamento de ayer, en la Imperial Tarraco. Foto: Pere Ferré

Aquí nadie confía en el juicio. Nadie confía, pues, en la justicia, aunque pueda sonar contundente. «Va a ser un teatro. Ya sabemos que tendremos que ir a Europa, a Estrasburgo. Las acusaciones se inventarán todo, que hubo violencia, rebelión...», lamenta Gemma Tuset. «Nos están juzgando a todos, a mí también, yo me siento juzgada», añade Paqui Herrería, a su lado en la Imperial Tarraco.

De esa rabia, de la enésima indignación del soberanismo –que es también la revuelta de los defensores de los derechos civiles–, nació una protesta en la calle como aviso de lo que vendrá: movilización sostenida mientras dure el juicio. Unas 1.500 personas se congregaron ayer por la tarde ante la Subdelegación del Gobierno, en un punto culminante de las manifestaciones del día. Avis de la llibertat, abogados, sindicalistas, profesionales sanitarios, profesores o estudiantes realizaron parones y movilizaciones durante todo el día en diversos municipios tarraconenses. «Me da mucha rabia esta situación. Están juzgando a unas personas que no hicieron nada. Todo está manipulado. No confío mucho en la sentencia que salga», resumía María Dolores, veterana en estas lides. 

La iconografía es la misma de siempre, aunque hace tiempo que esta ya no es la revolución de las sonrisas y hay rebeldía, enfado, malestar, escepticismo. Mucho lazo amarillo, estelades, banderas republicanas y el arsenal musical para la ocasión, de Quico Pi de la Serra ('Si els fills de puta volessin no veuríem mai el sol') a Maria del Mar Bonet ('Què volen aquesta gent?') y nuevos lemas, hashtags también impresos en papel, como #Makeamove o #Fake Justice. 

María Dolores volvía a su queja: «Hace 45 años que lucho en la calle. Tengo la sensación de que de la noche a la mañana hemos perdido todos los derechos. ¿Qué quieren? Voté en el referéndum. Luego voté en las elecciones que ellos querían, las legales, y esas personas a las que yo voté están en la cárcel. ¿Cómo se entiende eso?». Otras proclamas sostenidas eran «la autodeterminación es un derecho y no un crimen» o «alcémonos por la autodeterminación». Representantes de la ANC, Òmnium, partidos independentistas y los CDR leyeron un manifiesto unitario para alertar de que se trata de «un juicio político» basado en acusaciones «falsas» que prevé imponer «un castigo ejemplar decidido de antemano». 

«El Estado también va a juicio»
«Hoy también el Estado está en juicio», argumentó Rosa Maria Codines, presidenta de Òmnium Cultural del Tarragonès, en un acto con algunas ideas recurrentes y punzantes. «Nos están juzgando a más de dos millones de personas», incluso, según el manifiesto, más allá del posicionamiento y la militancia. «Nos juzgan a todas, independientemente de si votamos ‘sí’ o ‘no’ aquel 1-O. Aquí nos hemos juntado independentistas y no independentistas, gente de diferentes sensibilidades políticas e ideológicas, que defendemos a veces posturas antagónicas», se leyó. 

La manifestación de ayer en la Imperial Tarraco. Foto: Pere Ferré

En síntesis, se reivindicó la defensa de «derechos fundamentales civiles y políticos pero también sociales que entendemos que están en peligro». Alguien, entre los asistentes, habló de que «estamos ante el juicio de la vergüenza» y otro de los parlamentos incidió en una denuncia parecida: «Se está juzgando en unas condiciones de grave vulneración de derechos a los responsables políticos del referéndum. Por eso se pretende juzgar el ejercicio de la democracia y paradójicamente se hace en nombre de una democracia y de un estado de derecho. Se está juzgando a todo un pueblo». 

No tardó en aflorar la crítica a «unas instituciones judiciales politizadas», antes de concluir un acto con nuevos clásicos de la causa que ya son himnos, 'L’estaca', de Lluís Llach, y 'El Cant dels Segadors'. La manifestación, lejos de disolverse, se dirigió a la Plaça de la Font, donde culminó tras toparse con una protesta de venezolanos. Fue un avance para alentar ante lo que se está articulando para no bajar la guardia: el regreso a la calle mientras se prolonga un juicio histórico que, para muchos, no ofrece garantías suficientes.

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