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«Nosotros caminamos por gusto, ellos para ir al cole»

Unos 700 alumnos de 10 institutos participaron en la marcha de Mans Unides, una oportunidad de ponerse en la piel de jóvenes que viven realidades muy distintas

Norián Muñoz

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La marcha saliendo del Camp de Mart antes de una mañana entera de caminata. FOTO: Fabián Acidres

La marcha saliendo del Camp de Mart antes de una mañana entera de caminata. FOTO: Fabián Acidres

«Nosotros caminamos porque queremos, esta vez por solidaridad, pero lo cierto es que hay chicos de nuestra edad que caminan kilómetros para ir a la escuela o que, simplemente, no pueden ir», cuenta Elia, alumna de tercero de ESO del colegio Mare de Deu del Carme. 

Ella es una de los cerca de 700 alumnos de 10 institutos de la ciudad que ayer participaron en la marcha solidaria que convoca Mans Unides y que este año llegaba a la edición número 25.

Los adolescentes realizaron un recorrido de 12 kilómetros por diferentes caminos de la ciudad partiendo del Camp de Mart. Por cada kilómetro andado obtenían dinero de sus ‘patrocinadores’. Todo lo recaudado servirá para ayudar a otros jóvenes como ellos pero en un entorno muy distinto, en Togo, para que puedan seguir formándose.                                                                 

Pero si algo tenía de especial la marcha de ayer era el hecho de que se llegaban a 25 años ininterrumpidos. Así lo recordaba Nati Moncusí, voluntaria que ha estado al frente de la organización de la marcha desde sus inicios. 

De hecho la actividad es la culminación de un trabajo que comienza semanas antes en los institutos para explicarles el proyecto al que irán destinados los fondos y en el que ella todavía participa activamente.

Un cuarto de siglo
Moncusí reconoce que «estos 25 años han pasado sin darme cuenta». Dice que actualmente es mucho más común organizar caminatas y carreras con fines solidarios, pero esta marcha tiene la singularidad de hacer que los jóvenes se pongan en el lugar de otros chicos como ellos que viven en otros países. 

Y 25 años dan para mucho. Cuenta que de tanto en tanto algunos de los profesores que acompañan a sus alumnos a la marcha se le acercan para contarle que ellos también participaron en su época de instituto. Lo mismo le ha pasado con enfermeras, Mossos d’Esquadra y trabajadores de muy diferentes perfiles que tienen en común los buenos recuerdos que les dejó la marcha.

El evento sirve, además, para hacer nuevas amistades y hoy hay adultos que recuerdan como durante la caminata surgió también algún romance.

Marcha con marcha
Pero no todo fue caminata. La reunión de los grupos arrancó en el Camp de Mart con los jóvenes y también algunos profesores cantando a todo pulmón una versión de ‘Caminem lluny’ de Doctor Prats, con una letra especialmente adaptada para recordar los 25 años de la marcha. 

Justamente ese era uno de los aspectos que destacaba Esther Freijanes, presidenta de Mans Unides en Tarragona, el buen ánimo de los alumnos tanto a las 9 de la mañana, hora de inicio, como a lo largo del recorrido. «Alguno no había hecho nunca ni cinco kilómetros y hoy han hecho doce y tan contentos», explicaba. 

En su opinión, además del invalorable trabajo de Moncusí, una de las claves de que la iniciativa sobreviva año tras año es el hecho de los institutos, públicos y concertados que participan, la han hecho algo suyo. 

Otra de las claves es que, además de estudiar los detalles del proyecto que van a apoyar, los chicos tienen que buscar ‘patrocinadores’. En la mayoría de los casos se trataba de sus padres y familiares, aunque alguno ‘espabiló’ a buscar apoyo entre los comercios de su barrio, Peculiar era el caso de Francesc, del Sant Pau, quien decía que en su casa había donado hasta su perro, porque el animal tiene una hucha de la cual cogió algo de dinero para la caminata. El proyecto de Togo tiene un coste de 113.171 euros y se espera que Tarragona aporte 49.879 euros. 

Los chicos debieron ir sellando su ‘pasaporte’ a lo largo de varios tramos del recorrido. La clausura tuvo lugar en la Plaza de la Font haciendo buena la frase ‘cansados pero contentos’. 

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