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«Nosotros seremos la última generación de pescadores»

El ‘Diari’ habla con cinco testimonios que explican de primera mano la situación real de un sector asfixiado por las estrictas normativas y condenado por la falta de relevo

CARLA POMEROL

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Tomás, Jaume, Òscar, Josep Miquel y Ramon, el jueves, en la Confraria. FOTO: PERE FERRÉ

Tomás, Jaume, Òscar, Josep Miquel y Ramon, el jueves, en la Confraria. FOTO: PERE FERRÉ

Tomàs, Jaume, Josep Miquel, Ramon y Òscar. Estos son los nombres de cinco pescadores del Serrallo que encarnan a la perfección la realidad actual de este sector. Todos ellos se muestran convencidos de que son la última generación de pescadores de su familia. Motivos tienen de sobras para pensar así. La normativa, cada vez más restrictiva y amenazante, les está asfixiando. La gota que ha colmado el vaso es el plan plurianual presentado por Europa y que se prevé que sea aprobado en meses. Va dirigido, principalmente, al sector del arrastre. En resumen, esta normativa pretende que, en el año 2025, los días de pesca se vean reducidos a un 40%, lo que pondría en peligro la viabilidad económica del sector. «¿Cómo les decimos a nuestros marineros que solo trabajarán y cobrarán seis meses al año?», se pregunta Tomàs Escoda, patrón de la embarcación Xarinola. Europa justifica esta normativa con el fin de preservar el ecosistema marino. «Nosotros somos los primeros que hemos demostrado un compromiso con esta causa. La prueba es que nuestra flota lleva desde el año 1966 haciendo vedas biológicas de dos meses de forma voluntaria», destaca Òscar Rillo, patrón del Avi Juanito –esta embarcación va al cerco, otra modalidad de pesca–.

La problemática es grave y el sector está en peligro de extinción. Para hacerse una idea, en la actualidad el sector del arrastre cuenta con 22 embarcaciones en Tarragona. Hace veinte años, eran 41. Si la tendencia a la baja sigue así, se prevé que en un plazo de cinco años, este oficio acabe desapareciendo. Con la nueva normativa europea, los pescadores solo podrán salir a la mar unos 160 días. «Una empresa en estas condiciones no puede sobrevivir», explica Jaume Sans, armador del buque Joan i Maria.

El colectivo tiene la certeza de que las administraciones quieren que la pesca artesanal desaparezca. «Nos van poniendo palos en las ruedas, obstáculos en forma de sanciones y de restricciones. Lo que pasa es que somos un poco masocas y seguimos insistiendo», explica Josep Miquel Budesca, patrón de la embarcación Ebenista Primer, quien pide a todas las administraciones que no solo pongan el foco del problema en los pescadores. «Quizás la contaminación de las industrias y la presencia de grandes cantidades de atunes también tienen alguna cosa que ver con la despoblación de algunas especies marinas», explica Budesca.

Los controles y restricciones a las que están sometidas estas embarcaciones no tienen precedente. «Nos tratan como ladrones. Ahora, la última, es que nos obligarán a llevar dentro de la barca unas cámaras. No se fían de nosotros», explica Ramon Budesca, patrón de la Nova Tortosina. Los pescadores se ven forzados a informar en todo momento de lo que hacen y de lo que capturan. «Si eres patrón necesitas una secretaria. Nos piden millones de cosas. Y pobre de ti que te equivoques», explica Escoda, quien añade que «si cometes algún error en las cuentas, te obligan a devolver las subvenciones recibidas en los últimos cinco años».

Con este panorama, lo más lógico es que los patrones decidan desguazar sus embarcaciones cuando las administraciones lo permitan. Si caen los pescadores, caerá también la institución, la Confraria.

Cabe destacar que de la pesca no solo viven los pescadores. «Hay muchas empresas y profesionales que viven de nosotros, y también se verán obligados a cerrar el chiringuito. Cuando hay veda, aprovechamos para arreglar la barca. Que si el mecánico, que si pintar, que si los extintores y que si remendar las mallas, entre otras cosas», explica Escoda, quien añade que «una embarcación da trabajo a muchas empresas». Budesca añade: «Por no hablar de los pescaderos, que se verán obligados a vender pescado del Senegal o de Marruecos».

Falta relevo

No es de extrañar que en estas condiciones, los hijos de los patrones y pescadores no quieran continuar con el oficio de sus padres, abuelos y bisabuelos. Todos los entrevistados en este artículo llevan desde pequeños sabiendo que se dedicarían a esto, pero no quieren que sus hijos sigan este camino. «Yo con nueve años ya me imaginaba haciendo este trabajo, ya corría por aquí. Somos niños de a bordo. Ahora, antes de que mi hijo se embarque, prefiero quemar la barca», dice Rillo, quien añade que «no quiero que salga a trabajar y parezca que va a robar». Igual piensa el resto de compañeros. Esto significa que no está garantizado el relevo generacional en este oficio, por lo que está casi condenado a desaparecer.

Además, los patrones están enfadados porque, hace unos años, las administraciones animaron al colectivo a invertir para renovar la flota. «¿Por qué lo hicieron, si ahora nos quieren eliminar del mapa?», se pregunta Escoda.

El cerco

El plan plurianual que Europa tiene preparado va dirigido al sector del arrastre. Pero el futuro de las embarcaciones del cerco –las que van a capturar pescado azul– no es mucho más esperanzador. Para hacerse una idea, actualmente en Tarragona quedan solo cinco barcas de este arte. «Cuando yo empecé en este oficio, hace 25 años, había unas 32», recuerda Budesca. El problema, en este caso, se centra ahora en la gran cantidad de atunes que llegan a nuestro litoral. «Llevamos dos o tres semanas cogiendo pescado, pero sabemos que, en cuestión de quince días, cuando lleguen los atunes, volveremos a sufrir», concluye Rillo.

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