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Nueva arquitectura para la nueva industria: el edificio Renault

Juan Fernando Ródenas García

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Detalle de las galerías de las viviendas. FOTO: pepo segura

Detalle de las galerías de las viviendas. FOTO: pepo segura

En 1960, tras el periplo personal y profesional del exilio argentino, Antonio Bonet Castellana (Barcelona, 1913-1989) traslada a la España del desarrollismo el valioso aprendizaje, que ya desde sus inicios realizó como miembro estudiante del Gatepac (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), y su participación activa en los CIAM (Congresos internacionales de Arquitectura Moderna), donde conoce a los principales protagonistas del movimiento moderno: Le Corbusier, Aalto, Giedion y Léger, entre otros.

En el panorama español, Bonet y Josep Lluís Sert, por su condición de exiliados, fueron dos protagonistas del debate urbanístico europeo, a diferencia de la generación de arquitectos españoles nacidos el mismo año que Bonet, en 1913 (Fisac, De la Sota, Aburto, Coderch, Moragas, Pratmarsó y Moreno Barberá, entre otros), quienes trabajaron en un contexto social y cultural pequeño y cerrado.

Los inicios

El banco de Madrid (1959), situado en la castiza Carrera de San Jerónimo de Madrid, y el edificio Renault de Tarragona, también situado en un tejido urbano decimonónico, marcarán los inicios de su etapa española. En Tarragona, Bonet desarrolla la idea de propaganda asociada a un edificio en el que conviven dos programas: viviendas y concesionario de automóviles. El edificio se plantea como ampliación del garaje-taller y exposición del concesionario Renault proyectado en 1956 por Monravà en la carretera de Barcelona (Via Augusta). Josep Puig Torné (Sarral, 1929) consiguió el encargo y fue el interlocutor con el cliente, Nicolás Garau. Los arquitectos se enfrentaron a un programa condicionado por requerimientos técnicos impuestos desde Francia por la empresa Renault, muy diferentes a los requisitos de un edificio de viviendas. 

El nuevo edificio se conecta al garaje-taller existente a nivel de planta baja. Dicha planta se plantea como expositor de automóviles en la fachada de la carretera de Barcelona. La planta baja se proyecta con altura suficiente para dar cabida a un entresuelo que resuelve el acceso lateral a las viviendas situadas en las plantas piso sin consumir la valiosa superficie expositora de la fachada principal. Inicialmente, en la primera versión de 1960, se plantean entre una y cuatro plantas piso destinadas a vivienda, finalmente se construye la versión de planta baja con entresuelo y dos plantas piso.

El aprovechamiento espacial resuelve también el encaje urbano del edificio ya que se atribuye la función de ingreso a la fachada lateral consiguiendo una callejuela que linda con el solar vecino evitando así el efecto visual de edificio entre medianeras característico del tejido urbano en el que se inserta. 

La exigencia de exhibición de un producto tecnológico como es el automóvil, en Tarragona, en 1960, revela el carácter icónico del edificio. Este aparenta estar destinado a concesionario de automóviles en su totalidad. La fachada exterior es hermética y oculta el aspecto doméstico de las viviendas, mientras que la misma fachada, desde el interior, es abierta y luminosa. El edificio Renault de Tarragona sigue la mejor tradición de edificios contemporáneos, asociados a la industria que comparten esta condición de edificio icónico, entre los que cabe destacar la fábrica de joyería Monés, de Ballesteros, Cardenal y De la Guardia, Barcelona (1959-1962) o los laboratorios Seat de Ortiz-Echagüe y Echaide, Barcelona (1960). Son edificios modernos que juegan con el contraste lumínico nocturno-diurno. 

La distribución

Se plantean dos viviendas por rellano, el comedor y el estar se colocan en la fachada sur (carretera de Barcelona) y cuentan con una galería de persianas de librillo que ocupan la totalidad de la fachada. Los dormitorios ventilan y se iluminan por las fachadas laterales, que alternan paños de pared de ladrillo color paja, a toda altura y oberturas que generan un ritmo visual de componente vertical, adecuado para una previsión de crecimiento en altura del edificio. El edificio, sin ornamentos, se caracteriza por el uso de materiales por su valor intrínseco: ladrillo ‘cara vista’, celosía cerámica, hormigón visto, madera barnizada y cerámica vidriada.
 

Puig Torné inicia su colaboración con Bonet en la provincia de Tarragona en 1959, en la urbanización de Nostra Senyora de Núria y en la casa Rubio, Cap de Salou, obras proyectadas desde Argentina. Bonet y Puig Torné colaboran en la distancia, a través del correo y de esporádicas visitas, ya que Bonet no se establece en España hasta 1963. La abstracción de la fachada y la composición volumétrica del edificio Renault lo aproximan al lenguaje del neoplasticismo característico de algunos proyectos que proyectó en Buenos Aires en los años cincuenta: la casa Oks (1955-57) y el pabellón Cristalplano (1960). 

La Fundación DOCOMOMO Ibérico (DOcumentación y COnservación de la arquitectura y el urbanismo del MOvimiento MOderno) es una delegación de DOCOMOMO Internacional, organización vinculada a la Unesco dedicada a la documentación, difusión y protección de la arquitectura moderna. La organización, fundada en la década de los 90, ha desarrollado una labor de inventariado del patrimonio arquitectónico y urbanístico del movimiento moderno.

La incorporación al Registro de la Fundación DoCoMoMo Ibérico del edificio Renault en el año 2013 forma parte de la elaboración de un registro de las obras más significativas de la península ibérica del periodo comprendido entre 1925 y 1965 y el final de los regímenes autoritarios de España y Portugal. En el ámbito de Tarragona, estos trabajos se han realizado con la colaboración de investigadores y estudiantes del CAIT: Centro de análisis integral del territorio (Grupo de investigación de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la URV). 

 

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