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Nueva ocupación ilegal en TGN, esta vez al lado de la Fàbrica del Gel

Preocupación entre vecinos y restauradores de la calle Espinach por la inseguridad y la suciedad de dos bloques okupas en el barrio

Carla Pomerol

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Imagen del bloque número 1 de la calle Espinach. FOTO: Pere Ferré

Imagen del bloque número 1 de la calle Espinach. FOTO: Pere Ferré

«¡Aquí no hay quien viva!», dice, desesperada, una vecina de la calle Espinach del Serrallo, quien explica que esta semana una familia ha ocupado ilegalmente un piso del bloque número 1 de la misma calle. La situación preocupa a los vecinos, ya que, a escasos metros de este punto, en el número 2 de la calle Sant Andreu, la mayoría de los pisos llevan años ocupados por personas que protagonizan, día tras día, peleas y disturbios. «No queremos que se vuelva a repetir. Luchamos para que desaparezca la problemática y, a la que nos despistamos, nos damos cuenta de que hay otro bloque en las mismas circunstancias», asegura María, una vecina de la calle Espinach. La mayoría de los nombres que salen en este artículo son ficticios. Los vecinos prefieren hacer oír su voz de manera anónima para evitar represalias.

El piso recientemente ocupado está en el bloque 1 de la calle Espinach, un edificio conectado con el número 3-5 de la misma calle que se construyó hace unos cien años. Actualmente, en el bloque solamente vivía un hombre mayor, quien combinaba esta vivienda de alquiler con otra. Y es que el edificio está totalmente abandonado y lleno de plagas de insectos y palomas. Es un auténtico foco de infección. Este vecino optó finalmente por buscar una alternativa puntual a la espera de recibir una indemnización por parte de la empresa propietaria.

El Diari no ha conseguido saber quién es el titular del inmueble. Por su parte, el Ayuntamiento solo ha informado de que un representante legal de la empresa ha pedido la licencia de obras para tirar al suelo y volver a construir en el número 3-5 de la calle Espinach. Del número 1 no dan ningún tipo de información por un tema de protección de datos, dicen. 

Pero esta semana la historia dio un giro de 180 grados. Los vecinos, atónitos, contemplaban como tres personas entraban en uno de los pisos para ocuparlo de manera ilegal. La preocupación crecía por momentos en El Serrallo, ya que justamente al lado de este bloque hay otro con muchas problemáticas a causa de la presencia de okupas. Sin ir más lejos, a principios de esta semana los nuevos inquilinos ilegales de la calle Espinach protagonizaban ya su primera pelea, que acabó con la detención de uno de los okupas y con una mujer herida. 

«No nos acostumbramos»

Vecinos y restauradores aseguran no soportar más esta situación. Ana es propietaria de un negocio de la calle. «Me levanto muy temprano para venir a trabajar y me da miedo pasar por aquí a oscuras. No sé cómo pueden reaccionar», asegura Ana, quien añade que «además, dan muy mala imagen para el barrio. Cada vez está más deteriorado». Ana opina que «si es una familia que necesita un techo para vivir, lo puedo llegar a entender. Lo que no puede ser es que lleguen al barrio y busquen problemas». Los restauradores se quejan porque aseguran que la presencia de los okupas perjudica gravemente su negocio. 

«¿Qué nos pasará mañana? Vivimos un poco angustiados. Convivimos con ellos –los okupas– día tras día y, cuando ocurre algo, somos nosotros quienes llamamos a la policía. Ellos nos miran, nos intimidan y nos desafían», asegura Toni, vecino de la calle Espinach, quien reconoce que «nunca nos acostumbraremos a vivir así»

Tres personas han entrado a vivir en el segundo piso del bloque 1 de la calle Espinach 

Joan, quien regenta un restaurante en la misma calle, define la situación como «un drama». La clientela del negocio ha bajado considerablemente en los últimos meses. «No podría asegurar que el motivo principal sea la presencia de okupas a medio metro de mi local, pero seguramente algo ha perjudicado», explica Joan, quien añade que «para los clientes no es agradable venir a comer o a cenar y encontrarse con una pelea en medio de la calle. Esto ocurre día sí y día también». 

Joan cuenta con otro local de restauración en la misma calle Espinach. Pero no consigue alquilarlo. «Vienen personas interesadas en quedárselo, pero cuando ven lo que hay fuera, se echan atrás. Alguien debería poner solución». Joan recuerda que «cuando abrí el restaurante, en todas las escaleras que ahora están ocupadas vivían personas del barrio de toda la vida. Nos conocíamos todos. ¿Cómo se ha dejado perder todo esto?», se pregunta.

Actualmente, la Associació de Veïns del Serrallo está llevando a cabo un inventario de los pisos vacíos en el barrio, para prevenir así posibles ocupaciones ilegales.

Ratas, palomas y mal olor

La inseguridad no es el único problema. Los inmuebles 1 y 3-5 de la calle Espinach son un foco de infecciones. Palomas, cucarachas, excrementos y un mal olor que echa para atrás. Del edificio salen habitualmente ratas de diferentes tamaños, ya que los okupas del barrio utilizan el garaje como contenedor de basura. «No entendemos que Sanitat exija tanto a los restauradores y, en cambio, a un metro y medio del local haya tanta suciedad», opina Joan. 

Vecinos y restauradores piden soluciones inmediatas. Se dan cuenta de que la situación se les está escapando de las manos.

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