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Nueve de cada diez alumnos inmigrantes en Tarragona van a la pública

Un estudio de la URV demuestra que los alumnos de bajos recursos y los de procedencia foránea se concentran en algunas escuelas de la ciudad, lo que lastra sus posibilidades
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Las familias de mayor nivel socioeducativo tienen más medios para evitar ir a un centro que no consideran ‘deseable’, dice el estudio. FOTO: lluís milián

Las familias de mayor nivel socioeducativo tienen más medios para evitar ir a un centro que no consideran ‘deseable’, dice el estudio. FOTO: lluís milián

Pasa sólo con unas pocas familias, pero ayuda a explicar todo un fenómeno: algunos padres inmigrantes con trabajo y una situación económica estable prefieren evitar que sus hijos comiencen P3 en la escuela pública del barrio, la que les correspondería por proximidad, y optan por enviarlos a estudiar a otra escuela pública en el centro de Tarragona o, incluso, una concertada. Lo hacen pensando no sólo en los años de escuela, sino también en cuando tengan que ir al instituto, porque quieren que les toque en uno de los que le parecen ‘deseables’.

87,6% de los alumnos inmigrantes en la demarcación de Tarragona estudian en la pública. El dato es más alto que en el conjunto de Catalunya, donde la misma cifra está en el 83,48. 

Lo explica el sociólogo Ángel Belzunegui, Director de la Cátedra de Inclusión Social de la URV,  durante la presentación del estudio «La segregación escolar en Tarragona», encargado por la concejalía de educación del Ayuntamiento de Tarragona.  

20,6% de los niños de la ciudad tiene beca comedor, aunque hay al menos tres centros donde están becados la mitad o más. Hay un centro concertado donde nadie tiene beca.

La investigación no ha hecho más que poner cara a una realidad más que evidente: que en la ciudad hay un grupo de centros que se han ‘especializado’ en acoger a los alumnos de familias con bajos ingresos y nivel educativo y a los hijos de inmigrantes.

Las escuelas públicas de baja complejidad sacan resultados iguales o mejores que la privada

Para muestra, un botón: En Tarragona el 87,6% de los alumnos inmigrantes estudia en la escuela pública y el 12,4%, en la concertada (subvencionadas por la Generalitat e integradas en la red pública). La cifra es incluso superior a la del conjunto de Catalunya, donde la proporción es de 83,4% a 16,52%. 
Y hay otros datos esclarecedores: el 96,4% de la matrícula viva – los alumnos que llegan con el curso empezado– son acogidos por la escuela pública.

La segregación, además, no tiene que ver sólo con la inmigración; el 87,4% de los alumnos  con altas capacidades intelectuales en Catalunya estudian en escuelas concertadas o privadas, mientras que la mayoría de los que tienen necesidades educativas especiales, el 76,9%, van a la pública.

Una ciudad desconectada
Uno de los principales retos (que no el único) al que se enfrenta la ciudad a la hora de evitar la segregación es el urbanístico, con una separación entre quienes estudian a uno y otro lado del Río Francolí. La mayoría de alumnos extranjeros de países que no son de la OCDE viven en Ponent.

17,8% Bajó la matrícula en P3 en centros públicos en el curso 2015-2016, frente al curso 2012-2013. Hay menos niños, pero en las escuelas privadas la matrícula sólo bajó en 6,45.

Aunque en este punto las percepciones de las familias sobre cuáles escuelas son mejores o peores también tiene un peso muy importante. El estudio recoge que las familias con un nivel educativo más alto, independientemente de sus ingresos, tienen más capacidad para evitar ir a una escuela que no está acorde con sus expectativas.

Públicas con buenos resultados
Pero esas percepciones no siempre están acordes con la realidad. Por una parte sí que es cierto que en la concertada/privada se promociona más, entre 4 y 6% según el ciclo de primaria.

93% de los alumnos magrebíes de ESO va a la publica. En el caso de los latinoamericanos se distribuyen mitad y mitad. Los asiáticos van más a la concertada, el 55%.

Pero también sorprendería saber, por ejemplo, que en las pruebas de competencias básicas de sexto de primaria los centros públicos de baja complejidad obtienen resultados ligeramente superiores a los privados y concertados: 1,1% más en catalán, 0,7 más en castellano, 1,7 en inglés y 1,7 en matemáticas. Los datos son aún mejores en la ESO.

No obstante, la comparación evidencia auténticas brechas, como el hecho de que los alumnos de los centros de «alta complejidad» sacan calificaciones un 14,7% peores que de los centros públicos de «baja complejidad».

Eso explica, por ejemplo, que algunos colegios públicos tengan una elevada demanda mientras otros viven luchando para llegar al número de alumnos que garantice la continuidad de todas sus líneas. Y otro dato curioso: la ratio de alumnos de P3 en la pública es más baja, 21,9 alumnos por clase, que en los privados: 23.
Una mejor distribución de los alumnos tendría efectos más que deseables. Se destaca, por ejemplo, que los centros que cuentan con porcentajes más bajos de inmigración, pero con una elevada diversidad en lo que se refiere a la procedencia y el estatus socioeconómico de las familias, obtienen resultados muy positivos en las pruebas de cuarto de ESO y en la selectividad.

Hace falta un pacto
Para proponer soluciones, durante la investigación se entrevistó a diferentes equipos directivos. Algunas de las ideas tenían que ver, por ejemplo, con mejorar las políticas antes de distribuir a los alumnos e impulsar más ‘mecanismos compensatorios’ en los centros de mayor complejidad, entre ellos, incentivos para los docentes.

También propusieron emplear la innovación educativa para impulsar el interés de las familias hacia las escuelas menos demandadas.

Hablan además de garantizar actividades extraescoalres de calidad para los niños de clases desfavorecidas y la posibilidad de compartirlas con niños de otra condición y con distintas escuelas. Coincidían, además, en la necesidad de un «plan de choque» para dignificar las instalaciones de los centro educativos públicos.  
Xabier Martínez Celorrio, profesor de Sociologia de l’Educació de la Universitat de Barcelona, especialista en el tema y quien participó en las jornadas en las que se presentaba el estudio, apuntaba que hacer cambios es posible con un pacto de ciudad. Ponía el ejemplo de Vic, donde hace unos 15 años la escuela católica y la pública hicieron un pacto contra la segregación del cual hoy se están viendo los resultados en lo que se refiere a la integración social. «Hace falta un pacto con altura de miras», recomendó.

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