Tarragona Análisis

Obligando a amar

A los menores no se le dicen cosas como «tu padre te quiere pero no sabe hacerlo mejor y tú podrías ayudarle», como si fuera responsabilidad de otras personas que el maltratador deje de serlo

Rosa Casas (Trabajadora social y cofundadora de la Asociación DHIDES)

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El cadáver de Montse M. es introducido en el furgón funerario en Reus en 2011. La hija de la difunta acudió al colegio y explicó que su madre estaba muerta. La había matado su pareja. Foto: Pere Ferré

El cadáver de Montse M. es introducido en el furgón funerario en Reus en 2011. La hija de la difunta acudió al colegio y explicó que su madre estaba muerta. La había matado su pareja. Foto: Pere Ferré

Trabajé en el Centre d’acollida de la Mercè como educadora y en el programa de Dhides de acompañamiento a mujeres y sus hijos e hijas en situación de violencia, he conocido cientos de jóvenes que han sufrido maltrato familiar, en todos los casos por parte del padre (yo no conozco excepción). 

Much@s de l@s adolescentes maltratados de entre doce y dieciocho años expresaban su deseo de matar a su padre, el maltratador, el ser inmune que les había jodido la vida, el ser que desprecian y quieren borrar de sus vidas. Y yo les dejo hablar así, sacan su rabia y su dolor, y matarlo, les dejo matarlo. Les acompaño a hacerlo, no físicamente, aunque much@s lo desean sino simbólicamente sacándose de dentro todo el dolor que les hizo y acompañandolos en la reflexión para no convertirse en el ser miserable que fue su padre-maltratador. Y ahí, permitiéndoles no amar a un cabrón que escogió dañarlos aparcamos al innombrable y no le damos más lugar, lo borramos.

Ese borrado de padre maltratador es «relativamente fácil» porque por fin alguien les dice que no hay que amar a alguien que te daña. Por fin alguien se pone en su lugar y no justifica al maltratador. 

Eso sí, el trabajo más potente lo hago acompañándolos a reconciliarse con su madre. Un niño o una niña maltratados quieren matar al padre pero también rechazan a la madre, la cuestionan y la ningunean, le gritan, incluso la insultan y pueden llegar a agredirla físicamente. 

En primer lugar, porque aprendieron que se podía hacer, así lo hizo su padre siempre. Y, en segundo lugar y más importante, porque le recriminan que no l@s haya protegido del dolor, pues verla sufrir a manos de una bestia miserable y consecuentemente sufrir ell@s en esta situación familiar hace que sean «duros» con ellas porque no entienden como lo pudieron permitir. 

Mi trabajo en esos casos es facilitar las herramientas para que entiendan porqué su madre no podía proteger, defender a las personas que más quería: sus hij@s. Les hablo del síndrome de indefensión aprendida, del agotamiento por dolor, de la falta de autovaloración, de la idea limitante de creer que no puede hacer nada, de la falta de apoyos. Les hablo de que su madre, aun siendo adulta y como les pasa a ellos, sentía que no podía hacer nada contra esa violencia

El maltratador es un ser necio que se cree, porque este sistema machista así lo ha legitimado, con el derecho a destruir a quien quiera, y lo hace porque decide hacerlo, no por enfermo, ni por desequilibrado, ni por beber, ni por drogarse. Ese ser necio les destruye la vida porque es su elección hacerlo y, por tanto, no amarlo nunca más a él y reconciliarse con la madre igual de rota por la violencia que ell@s también han sentido es lo mejor que pueden hacer para no volver a repetir el mismo patrón. 

L@s hij@s de maltratadores sufren en primera persona siempre, no hay violencia secundaria o indirecta. Eso es una falacia, es directa y letal, por mucho que a este sistema le cueste reconocerlo. 

Por eso, para acompañarl@s a recuperarse y asegurarnos que no repetirán patrones es necesario «matar» al padre maltratador, dejar de amarlo y sentir pena por él, y reconocer el dolor de la madre rota y maltratada porque es el propio. Solo asi podrán vivir una vida plena, comprendiendo que una persona puede escoger ser violenta y destruir a personas que supuestamente ama o no serlo y  alejar la violencia de sus vidas, para construir vidas plenas.

Con menores de doce años que viven situaciones de maltratato familiar intento siempre conocer cómo se sienten. Respeto su decisión de no hablar si no quieren hacerlo pero estoy pendiente de su desarrollo y les dejo expresarse con sus propias palabras. La mayoría de menores de 3 a 8 años se refieren al maltratador como «mi padre es un tonto y grita y asusta». Para mí una frase así sería suficiente para retirar el derecho de visitas de un ser miserable que no sabe amar cuidando a la otra persona y ya si eso cuando crezcan y se sientan reforzados porque se les reconoció su necesidad de «si no lo veo me da igual» que establezcan la relación que quieran con ese ser, que aventuro yo que será nula, porque si le dices a alguien que no tiene obligación de amar ni a su padre si lo daña, por experiencia os digo que no lo ama porque «en una sociedad sana nadie sano amaría a nadie que lo dañe». 

No soy muy convencional en el método. Muchas personas no estarán de acuerdo conmigo, pero ver la cara de sorpresa de pequeños y adolescentes cuando alguien les reconoce su emoción y reafirma lo que sienten, que no amar al maltratador es sano, es un regalo. 

En esta sociedad -machista- se pide a las personas agredidas que perdonen al agresor, en la escuela, en las casas, por doquier. Yo no sigo pautas sociales, no se perdona ni se ama a quien te daña, al agresor se le debería confrontar y no permitirle justificarse y a la persona agredida se la debería abrazar y reconocerle el dolor y la rabia, no obligar a dar besitos o enviar frases como «tu padre te quiere pero no sabe hacerlo mejor y tú podrías ayudarle», como si fuera responsabilidad de otras personas (mujer, hijas, hijos) que el maltratador deje de serlo. ¡Qué barbaridad!

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  • Violencia machista

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