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Pacifismo y armonía en la reflexión independentista

Crónica. Más de 500 personas se concentran en la Avinguda Roma de Tarragona en la previa a la jornada electoral

Iñaki Delaurens

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Los más pequeños pudieron disfrutar dibujando o escuchando un cuento. FOTO: Pere Ferré

Los más pequeños pudieron disfrutar dibujando o escuchando un cuento. FOTO: Pere Ferré

Pacífica y atípica jornada de reflexión. Pero bueno, tampoco es normal tener a líderes políticos y manifestantes en las cárceles. Por lo que todo lo que vivimos estas semanas es excepcional. 

Hacía días que Tsunami Democràtic había anunciado desobedecer a la Junta Electoral Central y organizar actividades en el día previo a la elecciones generales. La gente, como era de esperar, respondió y salió a la calle. En Tarragona más de 500 personas ocuparon la Avinguda Roma, una de las arterias principales de acceso a la ciudad, para realizar actos pacíficos y sobre todo de entretenimiento desde las 16 horas hasta las 21. 

La concordia y la tranquilidad fueron la tónica dominante de la tarde, a excepción de la irrupción de un coche temerario -lea la noticia inferior-. La mayor parte eran familias pero también había gente joven. Las actividades se concentraron desde la estación de autobuses hasta la altura de las oficinas del Ministerio de Trabajo. 

La primera carpa tenía un sentido especial. Estaba destinada a redactar cartas a los «presos políticos», desde los que han ejercido la actividad política hasta los detenidos en manifestaciones. La mayoría de las que escribieron eran para los tarraconenses Laura Solé, Joan Tortosa -ambos en Mas d’Enric- y David Solé -encarcelado en Barcelona-. Según explicaban algunos de los presentes, a los presos no les están llegando todas las cartas que les envían. Otro motivo, más allá de mostrarles apoyo, para escribirles todavía más.

Muchas de las actividades eran de entretenimiento. Los juegos de mesa eran las estrellas. Desde clásicos como el ajedrez hasta los más modernos como el Jungle Speed pasando por el Uno o el Scrabble. Incluso se podían ver algunos veinteañeros completando un puzle en 3D de la película Cars. En fin, cualquier juego era válido para la desobediencia.

Haga frío o calor, en Catalunya no se celebra nada sin coca y chocolate. Ya sea Sant Joan, fiestas populares o para llevarle la contraria a la Junta Electoral Central. Por lo menos, una manera de endulzar el conflicto, que bastante tenso está. 

Los amantes del ciclismo volvimos por un instante a las carreteras montañosas del Tour de Francia con pintadas sobre el arcén. De la misma manera que en verano se escribe para animar a Landa, Valverde o los ciclistas más destacados del pelotón, este sábado se trazaban lazos amarillos y mensajes como «Llibertat presos polítics».

También hubo actividades para los más pequeños. Uno de los actos más llamativos era los cuentacuentos. Así, disfrutaban de historias fantásticas acompañados de madres, padres y amigos, mientras coloreaban dibujos o simplemente pintaban la carretera con una tiza, como si se tratara de dibujar el juego de la rayuela. Otros jugaban con la pelota, la bici, el patinete o haciendo malabares simples con hula hoops.   

La música sonó alta. Más allá de hits de La Pegatina o Txarango, entre otros, destacó el baile popular catalán por excelencia, la sardana. Las hubo enormes con una treintena de personas y otras más modestas con una docena de jóvenes. Todos formando ese círculo rítmico cogidos de la mano, brazos arriba y abajo. 

Otra de las carpas estaba destinada a la venta de merchandising del Procés. Bolsas, pines, estelades, patitos de goma, pendientes, paraguas... Los beneficios se destinan a la Caixa de Solidaritat para apoyar a los más de cuarenta «presos políticos».  En fin, probablemente la jornada de reflexión más concurrida que se recuerde, marcada por la armonía. 

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