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Paseos por la orilla

Mi espacio ideal. A la Platja Llarga siempre voy con mi mujer paseando. Allí disfruto de la lectura con el bonito sonido de las olas del mar de fondo

ALFONSO PERIAÑEZ

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Alfonso Periañez junto a su mujer Begoña en uno de sus habituales paseos por la Platja Llarga. FOTOS: CEDIDA

Alfonso Periañez junto a su mujer Begoña en uno de sus habituales paseos por la Platja Llarga. FOTOS: CEDIDA

Son ya más de 50 años en Tarragona y son muchos los escenarios que me parecen maravillosos de esta ciudad. Sin embargo, si me tuviese que quedar con uno es con la Platja Llarga. Mi mujer, Begoña, y yo somos dos fanáticos de esta playa y ya son muchos años bajando cada tarde a pasear. Siempre ha sido nuestra segunda casa de verano y nuestra segunda casa de invierno. Entramos por la zona del bunker y nos parece una playa bonita, amplia y grande en la que te haces amigo de gente que te encuentras cada día y saludas. Yo siempre digo que si alguien nos quiere encontrar a Begoña y a mi nos tiene que buscar en el Pabellón Municipal Sant Pere i Sant Pau o en la Platja Llarga.

Begoña es una andarina 100% y yo no puedo con ella, ya que me canso antes. Yo busco siempre un rinconcito y leo mis libros. Diría que más de un 50% de los libros que he leído en los últimos años los he leído en la Platja Llarga. Leer con el ruido de las olas de fondo es insuperable. Lo que también hacemos a veces es ir al Bosc de la Marquesa en el que también da gusto pasear y relajarse tumbado un rato en la sombra.

Pero más allá de la Platja Llarga, hay otras playas que han sido muy especiales para mí. La primera playa de Tarragona de la que me enamoré fue de la Platja del Miracle, ya que nos pillaba cerca de la Part Alta, zona en la que vivimos Begoña y yo antes de irnos a Sant Pere i Sant Pau. Recuerdo cómo iba con mi hija pequeña, Begoñita, a hombros y nos bañábamos.

También tengo un recuerdo especial de la Platja de l’Arrabassada. Siempre iba con mi amigo Roberto de Pablos paseando.

Casi cada día bajábamos allí para jugar a palas porque a le encantaba y echábamos partidas toda la tarde. Creo recordar que había un chiringuito que se llamaba la Estrella en el que tomabamos algo siempre después de jugar.

Eso sí, el primer recuerdo que tengo de la ciudad fue cuando llegué a la estación. Venía destinado a la oficina de Correos de la Plaça Corsini y unos compañeros que ya estaban aquí me habían buscado una pensión en la Calle Santa Ana. Me acuerdo que para llegar a ella tuve que pasar por el paseo de las Palmeras y por la Calle San Antoni.

Ese es el primer recuerdo pero el primer escenario que me marcó fue el Balcó del Mediterrani. En Correos había gente de Tarragona, Salamanca, Huesca y Zaragoza y algunos de nosotros coincidíamos en un turno muy raro que se llamaba de noche corta. Salíamos a las 12.00 horas de la noche y subíamos por la Rambla de noche, que por cierto estaba muy bonita, y siempre íbamos a una cafetería en las que nos preparaban unas patatas asadas que estaban deliciosas y después acabábamos en el Balcó del Mediterrani. La verdad es que de noche era precioso.

Otro escenario favorito

También recuerdo con cariño otros escenarios de Tarragona que conocí en la época de novios con Begoña. El Parque Saveedra y el Camp de Mart eran lugares que se me hicieron más populares con ella. Aunque sobre todo me marcó la Catedral, ya que me casé en ella y me quedé alucinado de su belleza y sobre todo me impactó el claustro que es dónde me hice las fotos de la boda.

Además, puedo presumir de haber sido un espectador de lujo de las mejores fiestas populares y los mejores castillos desde el balcón de la casa de Begoña que precisamente daba a las escaleras de La Catedral. La verdad que la Part Alta, o Parte Vieja como le llamo yo, antes era muy bonita y ahora lo sigue siendo, pero es muy distinta.

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