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Paso a paso en el camino del bipedismo

La investigadora del IPHES Marina Lozano hizo memoria de cómo empezamos a caminar de pie sobre las dos piernas

SÍLVIA FORNÓS

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Jordi Serrallonga moderó el encuentro virtual con la investigadora del IPHES Marina Lozano. FOTO: S. FORNÓS

Jordi Serrallonga moderó el encuentro virtual con la investigadora del IPHES Marina Lozano. FOTO: S. FORNÓS

«L a mejor pregunta y la más compleja de responder». Con estas palabras describió la paleoantropóloga, investigadora del IPHES y Profesora Asociada de la URV –también profesora en la UOC–, Marina Lozano, la pregunta cuándo y dónde empezó el bipedismo, que Jordi Serrallonga le lanzó al inicio de un nuevo encuentro virtual de las Live Talks #UnaVentanaALaCiencia, moderada por él mismo.

Y es que –reconoció la experta– «a día de hoy no podemos responder a esta cuestión categóricamente, si bien tenemos bastantes pistas que nos pueden ayudar. Si tenemos que remontarnos al origen del bipedismo, habría que hacerlo hasta hace unos 6 millones de años, que es cuando empiezan a aparecer las primeras evidencias fósiles que indican que había unos primeros antepasados nuestros que eran más o menos bípedos». En este punto, Marina Lozano hizo hincapié en la expresión ‘más o menos’ porque «cuando hablamos de bipedismo creemos que andaban como nosotros y en realidad no. Era un bipedismo incipiente».

Y aquí Jordi Serrallonga recordó que «uno de los tópicos que siempre nos habían planteado sobre el bipedismo es que nació en la sabana, para mirar por encima de las altas hierbas o transportar herramientas. Pero el escenario y la ecología no eran como la que nos imaginamos». Sobre ello, la paleoantropóloga explicó que «hace seis millones de años estos homininos vivían en selvas tropicales y es muy interesante indicar que los homínidos del bipedismo incipiente vivían en ese entorno arbolado y su medio de locomoción principal era el arborícola».

Otro de los temas que surgió durante la conversación virtual fue el de la imagen de la evolución humana, y que «no vinimos un hominino detrás de otro, como si fuera la cola del pan», aseguró Jordi Serrallonga. Al respecto, Marina Lozano consideró que «todos los que nos dedicamos a la paleoantropología tenemos que repetir que esta concepción de evolución lineal, en realidad, es una visión muy simplista. Hoy en día sabemos que no es así porque cada vez tenemos más piezas para montar el puzle de la evolución humana». Sobre el bipedismo la investigadora del IPHES expuso que «los problemas empiezan por saber quién fue el primer hominino bípedo, porque a día de hoy no se sabe cuál fue, aunque hay varios representantes».

En el transcurso de la charla, una de las asistentes preguntó sobre las claves del bipedismo y los partos de las primeras hembras bípedas. En relación con el primer aspecto y las transformaciones básicas que el esqueleto sufrió para andar de forma bípeda, Marina Lozano apuntó que «las claves son la pelvis, las piernas y los pies, y también se puede mirar la cintura escapular y el agujero magno». En el caso de Lucy fue una maravilla porque se conservan partes de todo el esqueleto».

Los pies

Y como curiosidad, Marina Lozano destacó que «en los pies hay una característica muy importante para saber que un hominino andaba de manera bípeda, y es observar como tenía el dedo gordo del pie. Los primates, que son arborícolas, tienen el dedo gordo del pie como el de la mano, mientras que un hominino bípedo necesita que el dedo gordo esté alineado para hacer una pisada correcta y andar eficientemente, y Lucy tiene todo esto».

En este punto surgió la siguiente reflexión: «Evolutivamente hablando, el bipedismo ha sido el rasgo principal que nos ha permitido añadir una serie de características para llegar a nuestra especie, pero esta posición recta ha condicionado todo lo relativo al parto».

Marina Lozano siguió explicando que «el bipedismo comporta desventajas como el dolor de rodillas o dolor de espalda, pero para nuestro éxito evolutivo fue crucial. Dentro del bosque estábamos en competencia con otros primates, pero al reducirse los bosques y salir de la sabana estos cuadrúpedos se extinguieron y nosotros seguimos hacia delante».

Eficiencia y gasto energético

Después, la paleoantropóloga hizo el siguiente inciso: «En parte, nuestro éxito adaptativo se debe a un cambio climático, como consecuencia de una menor cantidad de lluvias, el retroceso de las selvas tropicales y la transformación del hábitat en una sabana». Seguidamente destacó que por un lado «estaban los individuos arborícolas y por otro los homininos bípedos, que se desplazan sobre sus pies, lo que significó una ventaja sobre el nuevo hábitat porque no había tantos árboles».

Paso a paso el bipedismo transformó la manera de desplazarse. «El bipedismo es bastante eficiente energéticamente lo que supuso una ventaja increíble, ya que cualquier forma de locomoción es vital para cualquier especie, para saber cómo acceder al alimento o huir de los depredadores», explicó Marina Lozano. Por otro lado, la experta indicó como otra de las ventajas del bipedismo la menor incidencia del calor y la radiación social, respecto a los cuadrúpedos».

Otra de las cuestiones que expusieron los asistentes fue si se podría entender que la evolución es un tema de balance entre ventajas e inconvenientes. A este planteamiento, la investigadora del IPHES respondió que «las ventajas tan grandes que nos ha traído el bipedismo, si las tenemos que comparar a nivel evolutivo con las desventajas que tenemos actualmente, compensan totalmente». Por ello, también aseguró que «el bipedismo es el primer rasgo de nuestra evolución y después empezaron a aparecer otros rasgos que nos definen como homininos. A la par, encontramos la reducción de los caninos, luego el crecimiento cerebral, la liberación de las manos que nos permitió hacer herramientas y el desarrolló de la cultura, etc.».

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