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Patinetes eléctricos, ni por la acera ni por la calzada

Han revolucionado la forma de desplazarse por las ciudades, pero chocan con un vacío legal que no los considera ni peatones ni vehículos, por lo que nadie sabe por dónde deben circular 

Álex Saldaña

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Un hombre se desplaza a bordo de un patinete eléctrico por la Rambla Francesc Macià de Tarragona, donde conviven con los peatones. FOTO: pere ferré

Un hombre se desplaza a bordo de un patinete eléctrico por la Rambla Francesc Macià de Tarragona, donde conviven con los peatones. FOTO: pere ferré

Arrasaron en el Black Friday y el Ciber Monday y amenazan con volver a ser la estrella también en los paquetes de Papá Noel y los Reyes Magos. Y es que los patinetes eléctricos han llegado para quedarse. De hecho, cada vez cuentan con más adeptos. Es un medio de transporte relativamente económico, se puede guardar en casi cualquier sitio, por lo que no hay que buscar aparcamiento, y no contamina. 

Su proliferación en los últimos años es tal que ya han revolucionado la movilidad urbana en nuestras ciudades. Sin duda, es el vehículo de moda. Y no entiende de edades; cada día es más frecuente verlos circular por cualquier calle del centro de la ciudad e incluso por algunos barrios, conducidos por adolescentes y por adultos y tanto por hombres como por mujeres.
Sin embargo, su repentina irrupción y, sobre todo, la invasión de las aceras por parte de estos artilugios, han provocado no pocos problemas de convivencia con los peatones, a menudo sorprendidos por la velocidad con que circulan estos patinetes y el traicionero silencio con el que se desplazan. «Como tienen las ruedas de goma y el motor es eléctrico y apenas emite ruido, no te das cuenta de que te viene por detrás hasta que prácticamente lo tienes encima, con el consiguiente susto», se queja Silvia, una mujer de mediana edad que camina agarrada del brazo de su marido, Lluís, por la Rambla Lluís Companys de Tarragona.

Como ella, son muchos los ciudadanos que se sienten inseguros por el hecho de que estos ‘trastos’ circulen por las zonas destinadas a los peatones. «Es que van a una gran velocidad y algún día pasará una desgracia». Lo avisa Joan, un hombre de 67 años que se halla sentado en un banco de la misma Rambla, frente a El Corte Inglés, con un ojo puesto en los movimientos de su nieto de cuatro años, que juega con otro niño junto a la estatua de Lluís Companys. Mientras habla, un joven pasa a su lado a bordo de un patinete eléctrico. «¿Lo ve? –pregunta de forma retórica–, van demasiado deprisa. Si se cruza un niño no le dará tiempo a frenar». 

No se trata de un temor sin fundamento. La semana pasada trascendió que en agosto falleció una mujer de 92 años después de haber sido atropellada por un patinete eléctrico conducido por un menor que circulaba a 30 km/h por una vía peatonal de Esplugues de Llobregat (Barcelona).

El conocimiento de este accidente ha activado todas las alarmas sobre el vacío legal que existe en prácticamente todas las ciudades en torno a un fenómeno nuevo pero que ya se antoja imparable, por lo que surge la necesidad imperiosa de regularlo. 

Y es que estos aparatos circulan por aceras, carriles-bici y por medio de las calzadas sin que nadie sepa muy bien qué normas tienen que respetar. 

No se trata, ni mucho menos, de un debate menor; los patinetes eléctricos y las plataformas de una o dos ruedas (‘hoverboard’) pueden alcanzar una velocidad que supera los 20 kilómetros por hora. Los ‘segway’ y los patinetes eléctricos de tamaño grande (hasta 1,9 metros y 50 kilos) pueden llegar a los 30 kilómetros por hora. Esto los hace muy peligrosos en zonas de gran afluencia de peatones.

Ni por la acera ni por la calzada
¿En qué espacio tienen que circular estos vehículos y qué consideraciones han de tener en cuenta sus conductores? Es la pregunta del millón. De hecho, en la provincia de Tarragona nadie sabe cómo ni por dónde deben circular estos artilugios. Si bien todos los ayuntamientos consultados apuntan que de momento «no se han registrado quejas o accidentes relacionados con este tipo de artefactos», otra cosa muy diferente es que no generen problemas de convivencia, sobre todo entre los peatones que van por las aceras.

La Dirección General de Tráfico  no los considera ni vehículos ni peatones, por lo que no pueden ir ni por la acera ni por la calzada. Es la norma que rige en Tarragona, donde estos patinetes no podrían circular. «Para hacerlo por la acera deberían ir a una velocidad similar a la de un viandante, es decir, no superar los cinco kilómetros por hora. Y, como no tienen la consideración de vehículos, no pueden ir por la calzada», dice una fuente de Mobilitat. El argumento se repite en Cambrils, Vila-seca, Reus o Salou.  

La única recomendación que hacen los consistorios es que, a ser posible, circulen por los carriles bici. El problema es que en una ciudad como Tarragona, donde este tipo de vías no están sino en lugares de las afueras más pensados para hacer deporte que como una solución a la movilidad urbana, esto impide moverse por el centro y desplazarse para, por ejemplo, ir al trabajo.

Vista gorda
No obstante, el Ayuntamiento de Tarragona anunció recientemente que ha empezado a estudiar una modificación de la Ordenanza general de convivencia ciudadana y uso de los espacios públicos que incluya la existencia de los patinetes eléctricos. 

Mientras, conscientes de que, a pesar del vacío legal que envuelve a este medio de transporte, cada vez es más la gente que se desplaza en patinetes eléctricos, el Ayuntamiento de Tarragona ha optado por hacer la vista gorda y permitir que vayan por la acera siempre que ésta tenga una anchura que garantice una buena convivencia con los peatones.

Y en caso de tener que circular por la calzada, el consistorio destaca que es recomendable hacerlo por el carril de más a la derecha posible y que el paso por la izquierda se limite a los momentos en los cuales el vehículo tenga que hacer un giro en esta dirección, además de que los conductores vayan vestidos con chalecos y prendas reflectantes. 

En una situación similar se encuentran los demás consistorios de la demarcación. Ni Reus, ni Cambrils, ni Salou, ni Vila-seca han definido cómo deben comportarse estos aparatos. Todos están a la espera de una regulación por parte de Tráfico, aunque saben que luego tendrán que adecuar la normativa a este nuevo modelo de movilidad urbana.

Así las cosas, nos hallamos ante una auténtica revolución en la forma de desplazarnos por las ciudades que requiere una respuesta de las autoridades. Tanto para que los patinadores sepan por dónde han de circular como para asegurar la seguridad de los viandantes.

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