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Pau Ricomà: «El turismo vive un verano de recuperación clarísima»

Entrevista al alcalde y presidente del Patronat Municipal de Turisme de Tarragona. La ciudad apuesta por un modelo sostenible para que esta actividad no se convierta en un fenómeno de masas, sino que conviva con los vecinos durante todo el año

NÚRIA RIU

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El alcalde de Tarragona, Pau Ricomà, el pasado viernes en su despacho de la Plaça de la Font. FOTO: PERE FERRÉ

El alcalde de Tarragona, Pau Ricomà, el pasado viernes en su despacho de la Plaça de la Font. FOTO: PERE FERRÉ

Con la ampliación del gobierno y los cambios en cartapacio, el alcalde, Pau Ricomà, asumió la cartera de Turisme y la presidencia del Patronat Municipal de Turisme.

¿Qué balance hace de la temporada turística de este verano que está acabando?

Los datos que tenemos son parciales, ya que aún se está acabando la temporada, pero ya podemos ver que estamos en un verano de recuperación clarísima. Sobre todo en lo que se refiere al turismo nacional y del mercado francés.

¿Qué dicen los datos?

Hay una recuperación en los hoteles con casi el 100% de ocupación. Prácticamente estamos doblando las cifras.

¿Podemos afirmar que la temporada será mejor que la de 2020?

Sin lugar a dudas. Mejor no, mucho mejor. La situación es muy distinta, hay más espacios abiertos, más gente... Es un tema de percepción que además está cuantificado.

Hay margen por recorrer.

Hay mercados muy grandes, que están muy pocos explotados, y que están dentro de nuestros objetivos. Es el caso de la Comunidad de Madrid. Ahora con el low cost se ha abierto una oportunidad muy interesante que puede permitirnos la desestacionalización. Debemos ir a buscar cómo alargar la temporada para visitas de fin de semana, y en este sentido Tarragona es fantástica. Está cerca, somos Patrimonio de la Humanidad, y tenemos un tiempo muy bueno con una media de temperatura 10 grados por encima de Madrid.

¿El objetivo es dejar de hablar de turismo tan solo en verano?

El objetivo que debemos plantearnos, más que un turismo de acumulación que trae problemas, es que la ciudad conviva con el turismo durante todo el año. Y esto nos permitirá que el sector pueda tener más aire y que la restauración y el comercio se vean beneficiados.

¿Cómo se hace?

El patrimonio mundial es el producto estrella, pero los visitantes buscan más de una experiencia y en Tarragona tenemos una oferta cultural muy potente, sobre todo en lo que se refiere a la cultura popular. Además, durante los fines de semana se hacen muchas cosas. Debemos ser capaces de explicarlo y venderlo.

Faltan las playas y la naturaleza, que siempre quedan olvidadas.

Evidentemente, y aquí no tan solo tenemos toda la oferta de playas, sino que hay algunos paseos marítimos, como el Passeig de l’Escullera, que es súper agradable, y toda la oferta de caminos de la Anella Verda. Hay que poner en valor esta combinación de patrimonio, naturaleza y espacios para que, sin una explotación muy intensiva, haya una convivencia. Debemos ofrecer a la gente las cosas que a nosotros nos van bien. Si una cosa funciona entre los ciudadanos debes poderla compartir.

El Ciutat de Castells ha dejado de hacerse por la situación actual. ¿Se recuperará?

Claro que sí, porque es un producto que funciona muy bien. Lo que no nos planteamos como objetivo es generar cosas exclusivas para turistas, porque después estás haciendo una cosa que no tiene nada que ver con la realidad de la ciudad.

En poco más de dos años ha habido tres responsables de turismo. ¿Consideraron que no se había dado el suficiente interés a esta actividad para que el alcalde decidiera ponerse al frente?

Interés y atención la han tenido siempre, lo que pasa es que hubo un problema administrativo cuando la gerencia quedó vacante y dado que es un tema transversal, que afecta a muchos otros elementos, lo cogí. No es un tema sobrevenido, ya que estudié Geografía y estuve en el Patronat de Turisme de la Diputació.

La gerencia sigue vacante desde febrero de 2020. ¿Fue un error destituir al anterior responsable sin tener cubierta la plaza?

Es muy difícil de decir, pero mi punto de vista de ver el turismo no es el mismo que el del anterior gerente. Esta visión de turismo sostenible y de implicación con el tejido social, cultural y empresarial se había roto.

¿En qué se había roto?

Por ejemplo, debemos hacer una cosa que se había perdido, que es la creación de un órgano en el que pueda participar el sector privado. Lo había y se deshizo, por lo que debemos recuperarlo, ya que el sector privado debe tener voz y debemos compartir información y una estrategia. Hay que recuperar este diálogo.

¿En qué fase está la segunda convocatoria del concurso para cubrir la plaza?

Sinceramente, me lo estoy mirando con cierta distancia, porque no quiero intervenir en el proceso, pero es un tema que debe resolverse pronto. De todas formas hay una persona a quien le dimos las atribuciones de gerencia y estamos más que satisfechos con su trabajo, no tan solo nosotros, sino todo el sector.

¿Cuándo se resolverá?

No lo sé, porque la idea es que vaya rápido, pero después dependerá de si hay recursos o no. No puede tardar mucho, pero nos hemos quitado la presión que había.

En esta segunda convocatoria se han rebajado los requisitos en cuanto al conocimiento de idiomas.

Hay requisitos que no pueden rebajarse porque por ley el tema de gerencias es muy exigente. Ha sido en cuanto al nivel de inglés, que era desincentivador y ahora se ha corregido. Creo que fue una exigencia en aquel momento poco realista.

¿Qué le ha transmitido el sector en las primeras reuniones?

He visto que están muy ilusionados y que quieren ser parte del cambio, por lo que contaremos con ellos y pasado el verano haremos este órgano de participación. Hay mucho trabajo por hacer y compartimos la sensación de que Tarragona no es lo suficientemente conocida.

Había malestar por tantos cambios en la responsabilidad del patronato y por la falta de continuidad que comporta en los proyectos.

Esto cambiará y el hecho de que ellos estén dentro de este órgano de participación es la garantía de que lo que se haga no tan solo durará dos años. No puede ser una estrategia cambiante.

¿Cuál es esta estrategia?

El turismo sostenible. Debemos avanzar hacia este camino, siendo cuidadosos con los espacios y que la sociedad en general se beneficie de esta actividad. Tenemos un punto de referencia, que es la capacidad de carga, pero estamos lejos de aquí y una de las ventajas es que somos una ciudad por descubrir, por lo que podemos hacer las cosas de otra forma.

En el peor año de la pandemia quedó un remanente de 746.000 euros en el presupuesto del Patronat de Turisme.

Es lógico. Se hizo la campaña de comunicación más cara que hemos hecho nunca, pero otra cosa es que había muchas actividades como la del Amfiteatre y el Ciutat de Castells que no pudieron hacerse. No es un tema de mala gestión, pero también es cierto que a partir de ahora las campañas no irán enfocadas en los momentos de máxima ocupación, sino en acciones que nos permitan esta actividad durante todo el año. Seguramente lo enfocaremos diferente.

¿Se incrementará la partida de promoción?

Lo estamos estudiando y lo hablaremos con el sector, pero lo que es cierto es que compartimos objetivos y criterios en cuanto a la dirección, que son los mercados de proximidad y del eje del Ebro y Madrid, que son una oportunidad.

Mercado de proximidad también es Catalunya y Tarragona sigue siendo la gran desconocida.

Evidentemente, pero también hay que trabajarlo bien porque una cosa son los que vienen a pasar el día y la otra los que están dos horas y se marchan. Hay un mercado de fin de semana que puede servirnos mucho con el patrimonio de gancho.

¿Ha faltado una visión estratégica que enlace toda la oferta para crear un producto más amplio?

Debe hacerse este relato, teniendo en cuenta los diferentes segmentos de edad y que tiene dos características. Por un lado, el turismo de dos días. Y, por el otro, que Tarragona sea la puerta de entrada para aquella gente que visita el territorio, como el Priorat o las Terres de l’Ebre. Esto nos permite no tan solo trabajar cara adentro, sino abrirnos a las Muntanyes de Prades o la Ruta del Císter, entre otros. Y evidentemente debemos hacer una apuesta por la gastronomía, porque tenemos un muy buen producto y unos restaurantes de calidad.

No se asocia Tarragona con un destino gastronómico.

Es un aspecto en el que debemos trabajar a partir de varios aspectos. Uno está claro que es el producto y aquí debemos recuperar iniciativas como una guía de restaurantes con productos de Km 0. Hay que poner en valor este compromiso con el producto local y aquí tenemos una oportunidad con el Serrallo como barrio marinero, con el que queremos insistir mucho, ya que se asocia a una forma de vida alrededor de la pesca y de la gastronomía.

¿Qué papel deben jugar los cruceros, que es un sector que recibe muchas críticas por parte de la ciudadanía?

Se entiende porque en determinados destinos suponen una carga enorme, pero es una situación a la que no hemos llegado. Es cierto que el excursionista que pasa un solo día no es nuestro objetivo, pero si después alargan su estancia y hace alguna pernoctación es mucho mejor. Es un tema de equilibrios, pero estamos lejos de que sean una amenaza o una preocupación.

¿Cuando en 2019 llegaron más de 110.000 cruceristas hubo indicios de saturación?

Creo que en ningún caso la hubo.

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