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Pedro Holm, vecino de Campclar: "No pido dinero, necesito ayuda"

Hace ocho meses este hombre de 62 años, quedó postrado en una silla de ruedas. Ha pedido que le reconozcan el grado de dependencia, pero se lo han denegado

Carla Pomerol

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Pedro Holm come cada día en un restaurante de la zona porque «me da miedo cocinar». Foto: Lluis Milián

Pedro Holm come cada día en un restaurante de la zona porque «me da miedo cocinar». Foto: Lluis Milián

«Necesito que me reconozcan el grado de dependencia. No puedo cocinar ni subir las escaleras de mi casa. Estoy desesperado y no tengo ganas de vivir». Este es el testimonio de Pedro Holm, un hombre de 62 años de Campclar que hace ocho meses perdió la ilusión de vivir. Holm sufre un problema de circulación que le obliga a vivir postrado en una silla de ruedas. En septiembre pidió el reconocimiento del grado de dependencia. «No quiero dinero, quiero que alguien me ayude con las tareas diarias, como ducharme o hacer la comida, no me valgo por mí mismo», explica Holm. El pasado mes de diciembre la Generalitat le denegó la solicitud. Holm se encuentra solo e impotente. Pide ayuda a gritos. Su drama se nota, sobre todo, en sus ojos.

La pesadilla de Pedro empezó hace ocho meses. «Me acosté y cuando me levanté a orinar ya no podía andar.Tuve que ir a gatas», explica. Los médicos le diagnosticaron un problema de circulación que le impide andar. «Me han dicho que no hay solución», asegura. Después de un mes tumbado en la cama, Pedro decidió vender su coche para comprarse la silla de ruedas, que le costó unos 2.700 euros. Pero su vida continuaba siendo un calvario: no se valía por sí solo.

Aconsejado por los médicos, solicitó el reconocimiento de la situación de dependencia. «Vinieron a casa, me hicieron unas preguntas, observaron y se fueron», explica Pedro. La sorpresa llegó en diciembre, cuando la Direcció General de Protecció Social –un órgano de la Generalitat– resolvió que la puntuación de Pedro Holm era de 11 y que, por lo tanto, no conseguía la puntuación mínima legal exigida –25– para considerar que se encuentra en situación de dependencia. «No es justo», repite Pedro, quien añade que «estoy solo y necesito ayuda. He pensado hasta en matarme». Holm pide que le revisen la puntuación.

Pedro vive solo en una casa pareada de la calle Riudecanyes, en Campclar. En la planta baja tiene el comedor y la cocina. Arriba, el dormitorio. Pero nueve escaleras son un mundo para él. Así que, la mayoría de veces, duerme en el sofá, en la planta baja. «La asistenta me comentó que debería adaptar la casa. Tiene razón, pero no tengo 5.000 euros para comprar un elevador», explica Pedro, quien añade que «me da miedo cocinar porque no puedo ver los fogones. Un día habrá una desgracia». El protagonista de la historia asegura que «cuando los médicos vieron la resolución de la Generalitat, me aconsejaron acudir a los medios de comunicación». La esperanza es lo único que le queda.

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