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«Pensé que moriría en la patera, y ahora estudio y juego en el Nàstic»

Este joven de 18 años llegó a Tarragona en noviembre de 2017 y explica al ‘Diari’ su día a día en la ciudad. Ayoub asegura sentirse discriminado a menudo

Carla Pomerol

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Ayoub vive actualmente en un centro de acogida y estudia jardinería en Altafulla. FOTO: Pere Ferré

Ayoub vive actualmente en un centro de acogida y estudia jardinería en Altafulla. FOTO: Pere Ferré

Ayoub tiene 18 años y llegó a Tarragona en noviembre de 2017, después de cinco días de pesadilla en una patera. Ya es mayor de edad, pero aún vive en uno de los centros de acogida de la ciudad. Ayoub sabe que, en breve, deberá empezar su nueva vida. Ha llegado el momento de volar solo. Asegura estar preparado. Este joven habla de su historia y de sus sentimientos.

¿Cuándo llegó a Tarragona?
Llegué el 21 de noviembre de 2017. Lo primero que vi fue la estación de autobuses.

¿Cómo fue el viaje hasta aquí?
Vivía en Tánger y decidí buscar una nueva vida sin decir nada a mis padres. Comenté mi intención a unos amigos, que también quisieron apuntarse. Nos habían dicho que en Europa viviríamos bien. Así que nos montamos unas veinte personas en una patera y cruzamos el mar. Tenía 17 años y pensaba que me moría allí.

¿Por qué decidió dar el paso?
Buscaba un buen futuro. En Tánger, si tienes dinero vives bien, pero si no lo tienes, es un horror. Me costó, allí dejaba a mis padres y a mis hermanos.

«Una chica joven, de unos veinte años, me miró y me dijo: ‘Marroquí ladrón’. No supe ni qué contestarle. Debería ponerse en nuestro lugar»

¿Cómo sigue la historia?
Atracamos en Cádiz. Recuerdo que pasé una noche en la calle. Después me fui a Almería, donde tenía un amigo que ya había viajado antes desde Tánger. Él fue quien me dio el dinero para trasladarme hasta Barcelona. Escuché que en Catalunya había gente buena. Estaba paseando por las Ramblas cuando me pararon los Mossos y me preguntaron quién era y cuántos años tenía. Me llevaron a Fiscalía, donde estuve 11 horas. Me acompañaban un chico paquistaní y otros dos marroquíes, y uno de nosotros tenía que ir a Tarragona. Me tocó a mí. 

¿Cómo fue el primer contacto con la ciudad?
Llegué muy nervioso, no conocía a nadie y lo único que sabía decir en castellano era hola y diecisiete. Nada más. Enseguida me di cuenta de que los educadores eran buena gente. 

¿En la actualidad, tiene relación con su familia?
Sí. Al llegar aquí llamé a mis padres y les informé que estaba en España. Se quedaron muy sorprendidos. No les gustó para nada la idea, me recriminaron que lo hiciera sin decirles nada. Ahora, sin embargo, están contentos, porque ven que aquí vivo bien. 

¿Cómo es su día a día aquí?
Me levanto a las siete de la mañana y cojo un tren dirección Altafulla, donde estudio un curso de jardinería. También me estoy sacando la ESO y aprendo el idioma. Entre las dos y las tres vuelvo al centro para comer y, por la tarde, voy a entrenar a fútbol en el Nàstic. A las once estamos ya en la cama.

«Llegué muy nervioso a Tarragona, no conocía a nadie y lo único que sabía decir en castellano era ‘hola’ y ‘diecisiete’. Enseguida me di cuenta de que los educadores eran buena gente»

¿Se han cumplido las expectativas?
Sí, pero ahora ya noto que estoy preparado para vivir en un piso y buscarme la vida. Quiero seguir estudiando. 

¿Cómo se siente?
Bien, aunque a veces nos sentimos discriminados. Mucha gente se piensa que somos unos ladrones, y no es verdad. Si alguno de nosotros ha robado en algún súper ha sido para poder vivir. Antes de llegar al centro, si no comes, te mueres.

¿Ha tenido alguna mala experiencia?
Hace unos meses, estaba sentado en un banco de la Rambla Nova, donde hay wifi. Una chica joven, de unos veinte años, me miró y me dijo: ‘Marroquí ladrón’. No supe ni qué contestarle. Debería ponerse en nuestro lugar.

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