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Perder el piso y seguir debiendo

Un hombre protesta frente a su banco hasta que le condonen la deuda
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Juan Carlos Martos y su mujer, Conchi, protestando con unos amigos frente a la oficina bancaria.  Foto: Pere Ferré

Juan Carlos Martos y su mujer, Conchi, protestando con unos amigos frente a la oficina bancaria. Foto: Pere Ferré

Carteles de cartón, dos silbatos, un puñado de amigos y una buena dosis de determinación era todo con lo que contaban ayer Juan Carlos Martos y su mujer, Conchi, para conseguir que su protesta fuera escuchada. No obstante, para tan menguados medios, el hombre consiguió que se acercaran a conocer su caso varios periodistas. Previamente, a base de insistir en las redes sociales, ya había logrado que más de mil trescientas personas firmaran su petición en Change.org.

«Decidimos tomar las riendas de nuestro caso, no podemos aguantar tanta tensión», comentaba mientras explicaba su situación. Según cuenta, a finales de 2007 pidió una hipoteca a ‘la Caixa’ para comprar un piso de 190.000 euros en Vila-seca. Tanto él como su mujer tenían un contrato indefinido, pero también les pidieron un avalista, que terminó siendo la madre de él. «Nos dijeron que era un aval sólo por un año», relata. Las cosas se torcieron, ambos perdieron el trabajo, primero ella y luego él, y, a la par, las cuotas pasaron de 900 euros a ser de 1.350 euros. En medio de todo nacieron sus dos hijas gemelas, que están a punto de cumplir cinco años.

La entidad se quedó con el piso en 2011. Les condonaron parte del importe, pero siguen teniendo una deuda de 34.000 euros que ahora es una hipoteca sobre el piso de su madre.

 

Situación desesperada

La situación económica de la familia ya es desesperada. Viven de alquiler y sólo cuentan con los 300 euros de ayuda que cobra él. Su madre les ayuda como puede con la pensión, ya que también tiene que hacer frente a la hipoteca. «Ella también tiene miedo de que le quiten el piso».

Explica Martos que «en total llevamos la friolera de seis mudanzas con 2 niñas pequeñas a cuestas. Nos hemos tenido que ir de muchos pisos por imposibilidad de hacer frente a los pagos de las cuotas de un alquiler privado».

Martos asegura que seguirá protestando y recogiendo firmas cada día frente al banco mientras esté abierto. «Queremos justicia moral y social. Igual que han hecho con otros, nos correspondía la dación en pago y un alquiler social y no tenemos ninguna de las dos cosas».

Explica que ayer mismo los responsables de la oficina de la Rambla Nova les invitaron a hablar, «pero sólo nos piden tiempo, que les demos un margen, pero estamos en una situación en la que ya no podemos aguantar».

Tanto Martos como su mujer fueron miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, PAH, pero han decidido emprender esta acción en solitario. «Nos han ayudado y asesorado lo que han podido, pero nosotros no podemos más», apuntaba.

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