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Pere Valls: «Los juegos son la excusa, todo lo que queda será para siempre»

El padre ideológico del acontecimiento explica cómo se gestó la idea en el año 1999 y anima a todos aquellos que no se crean el proyecto a visitar el Anillo Mediterráneo de Campclar

Carla Pomerol

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Pere Valls se ha dedicado a fotografiar todo el proceso de las obras del Anillo. FOTO: Lluis Milián

Pere Valls se ha dedicado a fotografiar todo el proceso de las obras del Anillo. FOTO: Lluis Milián

Pere Valls trabaja en la Fundació Tarragona 2018, entidad que organiza los Juegos Mediterráneos.  Se ha dedicado, desde el principio, a hacer un seguimiento de las obras del Anillo Mediterráneo, lo que le ha permitido ser el tarraconense que más conoce el recinto. Asegura haber hecho más de 980.000 pasos por el Anillo, como si fuera andando desde Tarragona hasta Almería.

El alcalde dice que usted es el alma de los Juegos.

Hombre, es un halago. Pero es verdad que fui el primero en proponer Tarragona como candidata para los Juegos Mediterráneos.

Empiece por el principio.

Asistí a los Juegos Olímpicos de Barcelona como juez de atletismo. Volví diferente. Siempre pensé, también lo pensaba mi padre, que Tarragona tenía que celebrar un acontecimiento parecido.

¿Y después?

Era Sábado Santo del año 1999, y un hombre, llamado Josep Fèlix Ballesteros, vino a verme a la mercería que regentábamos con mi familia. Me propuso ir en las listas socialistas, de número 4, para las elecciones municipales de ese mismo año. Me dijo que en la siguiente reunión tenía que llevar preparadas algunas propuestas del ámbito del deporte.

¿Una era los Juegos?

Exacto. Pensé que ese era el momento, que no habría nunca más mejor ocasión que aquella. 

¿Y cómo fue?

Entré en la sede del PSC y allí me esperaban Ballesteros, Burgasé y el entonces cabeza de lista, Xavier Sabaté. Se miraron la propuesta y Sabaté me preguntó si sabía lo que estaba diciendo. Le dije que claro, y me contestó: pues adelante. Rápidamente me puse a buscar información, pero todo quedó parado hasta el 2007, cuando volvimos a insistir en presentar la candidatura de Tarragona como sede de los Juegos.

¿Qué ha cambiado desde 2001 –cuando Tarragona fue escogida– hasta la actualidad?

La crisis económica empezaba, lo que hizo replantear el proyecto. Aún era más austero de lo previsto. Nunca pensamos en hacer unas obras faraónicas. En el ámbito político también han cambiado las cosas, pero debo decir que con los Juegos ha habido una especie de blindaje. Las instituciones han puesto todo de su parte para que se puedan celebrar. El único momento de riesgo fue cuando el Estado no puso partida en el presupuesto...

«Estoy feliz y creo que ha valido la pena. Pienso mucho en mi padre, que murió tan sólo seis meses antes de designarnos sede»

¿Cómo vivió el aplazamiento del acontecimiento?

Fue complicado, pero lo vi como inevitable. Creo que salimos reforzados de aquello. En otras circunstancias nos hubieran suspendido el proyecto, en cambio, el comité internacional nos dijo que lo estábamos haciendo bien, y que no era culpa nuestra. 

¿Cómo define estos Juegos Mediterráneos?

Son los Juegos de la perseverancia, de la terquedad y de morderse la lengua muchas veces.

¿Por?

Han recibido muchas críticas. Y es que es muy fácil cargarse las ideas y proyectos de otros cuando no se tiene ninguno. A pesar de todo, estamos aquí.

«Son los Juegos de la perseverancia, de la terquedad y de morderse la lengua muchas veces, por no cargarnos nada»
 

Hay gente que no se los acaba de creer. 

Pues que vengan a visitar el Anillo Mediterráneo y cambiarán de opinión, seguro. Los Juegos son la excusa, pero todo lo que queda será para siempre.

¿Qué aportarán a los tarraconenses?

Sobre todo, autoestima. Podríamos decir que en los últimos 100 años la ciudad ha vivido solamente dos acontecimientos importantes: la construcción del Port y la declaración de Patrimonio Mundial. Los Juegos son el tercer evento destacado.

«Es muy fácil cargarse las ideas y proyectos de otros cuando no se tiene ninguno. A pesar de todo, estamos aquí, a un mes del acontecimiento»
 

¿Qué siente a menos de un mes para los Juegos?

Estoy feliz y creo que ha valido la pena. Pienso mucho en mi padre, quien murió tan sólo seis meses antes de que Tarragona fuera escogida sede.

¿Le sabe mal que todo esto se acabe?

Sí, pero ya lo sabíamos. A partir del día 1 de julio, Tarragona ya debe tener en mente otro proyecto ilusionador, como por ejemplo la recuperación de la Tabacalera. Es importante tener retos, para no caer en el conformismo.

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