Personas normales haciendo cosas extraordinarias

Crónica. Las entrañas de la UCI. Un equipo del ‘Diari’ pasa una mañana en este servicio del Hospital de Santa Tecla

CARLA POMEROL

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Personas normales haciendo cosas extraordinarias PERE FERRE

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Personas normales haciendo cosas extraordinarias PERE FERRE

Irene Castellnou sale de su casa más de media hora antes de comenzar el turno. Hace un trayecto en coche de veinte minutos hasta llegar a su puesto de trabajo. Se cambia de ropa, se prepara mentalmente, saluda a las compañeras y empieza la jornada. Irene, de 40 años, es una de las enfermeras de la UCI del Hospital de Santa Tecla. Una persona normal que, día tras día, hace cosas extraordinarias: se deja la vida para que los enfermos críticos por la Covid-19 salgan adelante. A Irene le sigue una larga lista de profesionales que trabajan en este servicio, desde los médicos intensivistas, hasta las mujeres de la limpieza, pasando por las enfermeras y los auxiliares. La UCI es el lugar donde se encuentran ingresados los pacientes más graves de todo el hospital, los que más atención y control necesitan. Con la llegada de la pandemia, el esfuerzo del personal es titánico. El Diari ha pasado una mañana con todos ellos, conociendo a fondo el funcionamiento de la UCI del Hospital de Santa Tecla.

Una enfermera de la UCI del Hospital de Santa Tecla dando la medicación a uno de los pacientes Covid-19. FOTO: PERE FERRÉ

La vida en este pequeño rincón de la primera planta del edificio de la Rambla Vella no para nunca. «La clave del éxito es la coordinación», dice Fernanda Bodí, responsable del servicio de Medicina Intensiva. Son las ocho de la mañana, cuando los facultativos se reúnen con el médico que ha estado de guardia durante la noche. «Nos explica cómo han pasado las últimas horas los pacientes y si ha habido algún ingreso de última hora. Si hay que tomar alguna decisión, también se toma aquí», comenta Bodí. En la sala donde se reúnen, en la misma UCI, hay una pizarra con los nombres y apellidos de cada paciente, y la enfermera que le trata. Todo está controlado al mínimo detalle.

Una enfermera ayuda a quitarse el EPI a una compañera. FOTO: Pere Ferré

La UCI de Santa Tecla tiene capacidad para nueve personas. Actualmente, todos los boxes están llenos y, además, Urgencias acoge a tres enfermos críticos más. Durante la primera oleada, el hospital habilitó seis camas más de UCI. En la segunda, no está siendo necesario.

De los 12 pacientes críticos, nueve son por Covid-19. Este dato deja entrever el drama que supone esta pandemia. Todos ellos sufren neumonía bilateral, la enfermedad respiratoria más común entre los enfermos graves por Covid-19. «Se trata de un tipo de paciente complicado. La mayoría de ellos están sedados y necesitan ventilación mecánica», explica la doctora Bodí, quien añade que «además, a parte de la medicación, también debemos cambiarles de postura».

«Todos hemos sentido miedo al tener que entrar en un box con un positivo por Covid-19»
Fernanda Bodí. Cap de Servei de Medicina Intensiva

La vida en la UCI ha cambiado radicalmente desde el pasado mes de marzo. Los boxes son grandes peceras de cristal con innumerables máquinas que controlan las constantes de los enfermos para verlas reflejadas luego en un monitor que hay en el mostrador. Si algo va mal, las enfermeras se activan en cuestión de milésimas de segundo. En la puerta de algunos box hay un círculo de color verde. En otras, amarillo. «Si la marca es verde significa que el paciente es Covid-19 confirmado. Si es amarilla, es un posible caso y, si no hay nada, está limpio», explica el director del Hospital de Santa Tecla, Xavier Oliach, quien añade que «se trata de una simbología que hemos creado para que el personal sepa qué medidas de protección utilizar en cada caso».

Y es que la nueva indumentaria es uno de los cambios más drásticos que ha dejado esta pandemia. Las enfermeras que entran en los boxes de pacientes con Covid-19 van protegidas, de arriba a abajo, con unos EPI icómodos.

Pasan unos minutos de las diez de la mañana cuando Irene, nuestra enfermera, se viste para entrar en la pecera número 5. Bata impermeable, doble guante, mascarilla, gafas, gorro y una pantalla protectora. Su compañera la ayuda a vestirse. Las enfermeras intentan entrar el mínimo de veces posible en los box. De esta manera, se minimiza el riesgo de contagio. Irene entra y cambia de postura al paciente. Lo pone boca abajo, lo que entre el argot sanitario se conoce como prono. «El peligro no está en el momento de entrar en el box, sino cuando se quitan los EPI. Es cuando hay más riesgo de infectarse», explica la doctora Bodí.

Ambiente que se respira una mañana de pandemia en la UCI de Santa Tecla. FOTO: P.Ferré

Irene trabaja en la UCI desde hace siete años. Asegura que jamás se hubiera imaginado vivir una situación como ésta. «Sabemos a qué enfermedad nos estamos enfrentando y trabajamos con un riesgo añadido. Pese a ello, somos conscientes de que es lo que nos toca», explica Irene.

Lo cierto es que el trabajo en la UCI ha aumentado mucho en los últimos meses. «Hay que tener en cuenta que un enfermo sedado e intubado requiere de mucho esfuerzo, personal y tiempo», explica la doctora Bodí, quien asegura que todavía el estrés forma parte de sus vidas. Pero la pandemia también ha dejado cosas buenas. «Durante la primera oleada fue brutal. Recuerdo llorar al ver cómo todos los profesionales de la casa se volcaron para ayudarnos. Hicimos una pinya», relata Bodí, quien añade que «fue muy duro, no sabíamos cómo hacer frente al virus ni conocíamos cuántos días los pacientes estarían en la UCI».

«Sabemos a qué enfermedad nos enfrentamos y trabajamos con un riesgo añadido»
Irene Castellnou. Enfermera

En todo este engranaje tan perfecto, no nos podemos olvidar de una pieza clave. El servicio de la limpieza. Mayoritariamente mujeres, que dejaron el miedo en casa desde el primer momento. Rosa Silvestre es una de estas heroínas. Es vecina de Torreforta y hace diez años que trabaja en la Tecla. Dice que «cuando estoy en el trabajo, estoy bien. Pero lo complicado es cuando llego a casa...». La pandemia ha puesto al mismo nivel a todos los profesionales. Ha humanizado a la plantilla. «Todos hemos sentido miedo al enfrentarnos a un box con un positivo de Covid-19. Aquí no hay diferencia entre si soy médico o si me dedico a desinfectar las instalaciones», añade la doctora Bodí.

Toca desayunar. El personal lo hace dentro de una sala en la misma UCI. Solo pueden entrar de dos en dos y mantener siempre las distancias de seguridad. Cabe tener en cuenta que es en este momento donde se producen el número más alto de contagios en un hospital. Y es que es el único instante en el que los profesionales se quitan la mascarilla y se relajan. El espacio está ventilado adecuadamente y, después del último mordisco al bocadillo, vuelven a ponerse rápidamente la mascarilla.

Las llamadas de rigor

Faltan pocos minutos para la una del mediodía. Los médicos ya se preparan para hacer las llamadas de rigor. Los familiares de los doce pacientes ingresados en la UCI de Santa Tecla ya están enganchados al teléfono. Y es que debe ser muy duro no poder ver a tus seres queridos en estas circunstancias. «Hola, buenas tardes. Soy la doctora Bodí. Mire, su padre ha pasado buena noche…». Toca pasar el parte de las últimas 24 horas y tranquilizar a los familiares.

El enfermo del box número 4 está despierto y se encuentra bien. En este caso, el personal le facilita una tablet para que pueda comunicarse por videoconferencia con sus familiares. La UCI está bloqueada, no puede entrar nadie a parte del personal. Pese a ello, como en todo, hay excepciones más que justificadas. «Cuando vemos que hay una muerte inminente, llamamos a la familia para que venga y pueda despedirse de su ser querido, aunque sea desde fuera de la pecera. Es importante», asegura la doctora Bodí, quien reconoce que «aunque estemos acostumbrados a ver gente morir, lo de ahora es distinto. Primero por la gran cantidad y, después, porque también fallece gente joven».

Cuando estoy en el trabajo, estoy bien. Lo complicado es cuando llegas a casa y la cabeza da vueltas»
Rosa Silvestre. Servicio de limpieza

Se prevé que el fin de la segunda oleada se empieza a notar en la UCI de aquí a quince días. Mientras tanto, los profesionales seguirán dando lo mejor de ellos mismos para salvar las vidas de los tarraconenses. El equipo sanitario de la UCI de Santa Tecla ganará la batalla a la Covid-19.

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