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Piden más policías patrullando a pie y más sanciones contra el incivismo en Tarragona

Los cuerpos de seguridad han registrado 232 hechos incívicos en lo que va de año en la ciudad. Desde incursiones en escuelas hasta daños en parques, el goteo es constante

Norián Muñoz

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Una de las puertas destrozadas, la de la zona de profesores y dirección de la escuela Cèsar August.  FOTO: Cedida

Una de las puertas destrozadas, la de la zona de profesores y dirección de la escuela Cèsar August. FOTO: Cedida

La lista de eventos es larga y sólo de vez en cuando es elevada a la categoría de noticia: un vertido de pintura en la Plaça dels Infants, un sistema de riego arrancado día sí y día también en La Floresta, el ascensor del Parc del Amfiteatre dañado a patadas, vándalos que entran a escuelas como la Cèsar August a vaciar extintores y causar destrozos... Y pintadas, muchas pintadas en cualquier rincón.

Ya lo reconocía el propio alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, preguntado por las últimas incursiones en las escuelas: «Tenemos un problema con el vandalismo», a la par que recordaba que con lo que se gasta la ciudad para reparar estos daños y solucionar las conductas de los incívicos se podría construir una Llar d’Infants cada año. Señalaba, no obstante, que no se trata de un problema exclusivo de Tarragona.

Pero, ¿cuánto vandalismo es mucho? Los datos que suministran desde la Guàrdia Urbana hablan de 232 «hechos conocidos» relacionados con daños en la vía pública entre enero y junio de este año. Aquí se cuentan tanto las denuncias que llegan a los cuerpos de seguridad (también a los Mossos d’Esquadra) como los que son observados por los propios agentes. El dato no da para saber si son más que en otros años, pero sí para calcular que salen a 1,28 actos vandálicos por día.

Más policía y más sanciones

Consultamos a representantes vecinales de diferentes zonas de la ciudad para conocer cómo sufren el vandalismo en sus barrios y, sobre todo, qué ideas tienen para solucionarlo.

Aunque cada zona tiene sus peculiaridades, todos coinciden en que una de las medidas a tomar sería contar con más policía uniformada por la calle porque consideran que tendría efecto disuasorio. Núria Sabat, presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre, señala que «nos dicen que están de paisano, pero con eso no es suficiente». Manel Rovira, presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, señala que hace falta verles caminando y no sólo en la patrulla o en motocicleta «multando al que aparca mal». 

La otra gran demanda es luchar contra la sensación de impunidad. «Ensuciar o dañar el espacio público parece que sale gratis», resume Luis Trinidad, presidente de la Associació de Veïns de Sant Pere i Sant Pau.

Cristina Berrio, presidenta de la FAVT, considera que a la par que deberían hacerse programas de educación e integración, habría que imponer más multas. «No hace falta que sean muy elevadas, 100 o 150 euros. Que sean asumibles pero que duelan», señala.

Mari Carmen Puig, presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, cree que habría que plantearse seriamente la figura del agente de barrio, pero considera que hace falta que los vecinos también estén vigilantes y no se callen.

Desde Guàrdia Urbana de Tarragona aseguran que el cuerpo «planifica toda una serie de servicios de prevención, después de estudiar las zonas y los comportamientos o hechos conocidos, para conseguir su erradicación... La prevención de estas actitudes supone una buena parte del trabajo de patrullaje y presencia en lugares conflictivos, especialmente durante el turno de noche, dado que comprenden un abanico muy amplio».

Se ceban con los parques

José Luis Martín, concejal de Espais Públics del Ayuntamiento, reconoce que los blancos favoritos de los vándalos son los parques infantiles, el alumbrado público, el mobiliario y las dependencias municipales.

En el caso de los parques apunta que «en algún espacio hemos minimizado el impacto cerrándolo por las noches, como por ejemplo el Parc Saavedra».

Asegura Martín que «se hacen campañas de manera constante y también trabajamos con escuelas e institutos. Asimismo, desde la Brigada Municipal estamos estudiando colocar carteles en los parques infantiles con la inversión realizada en cada uno para que la ciudadanía sepa el coste que tienen estos equipamientos».

No son chiquilladas

Cuando se habla de actos vandálicos la mayoría de los vecinos consultados los relaciona con jóvenes y adolescentes. Toni García, presidente de la Asociación de Vecinos de Sant Salvador, cuenta que en su barrio no hay ni más ni menos vandalismo que en otros, pero está convencido de que es clave que los jóvenes tengan actividades en las que involucrarse, y en el barrio no abundan.

Relata, por ejemplo, el caso de la piscina municipal que el verano del año pasado sufrió varias incursiones durante la noche en las que dejaron cristales rotos y vaciaron extintores. Los responsables estuvieron a punto de no abrirla este verano, pero los vecinos pidieron otra oportunidad. Ahora los incidentes se han vuelto a repetir. «Por unos pocos pagaremos todos: son los mismos que rompen cristales en el Centre Cívic, en la Llar de Jubilats...».

Úrsula Marín, presidenta de la Associació Progresista de Torreforta, coincide en que hay que atender a los jóvenes. Señala que en su barrio muchos niños y adolescentes se apuntan a las actividades de la biblioteca y el centro cívico, pero hay otros que no hay manera de involucrarlos. Cuenta que aunque llevan una temporada relativamente tranquila, lo mismo hacen guerras de extintores que se enfrentan a todos de manera chulesca.  «No respetan a nadie», resume. 

Incivismo, el primo hermano

Pero cuando se habla de vandalismo, los siete vecinos sacan a colación al que consideran es un problema primo-hermano, el incivismo, y aquí no hay distingo, todos los barrios hablan de lo mismo: de quienes no recogen los excrementos de los perros y de los desperdicios voluminosos fuera de los contenedores.

Hay consenso en que el servicio del Teléfono Verde (977 296 222) que pasa a retirar los residuos grandes funciona, pero algunos no acaban de utilizarlo, «aunque en los contenedores hay una pegatina bien grande».

Y así, entre la basura que no se tira correctamente y la limpieza que otros consideran inadecuada  (hay muchas quejas por los excrementos de las palomas y la falta de papeleras), los vecinos, cada uno a su manera, cree que las zonas que están sucias o descuidadas ejercen un efecto llamada y se degradan más. «Limpieza llama a limpieza y suciedad a suciedad», o «cuando la calle está sucia la gente no se corta», son algunas de las frases que usan.

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