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Poblet: nueve siglos de comunidad monástica e historia

Durante la época medieval vivió su máximo esplendor. Reyes de la trascendencia de Jaume I –conquistador de Mallorca y Valencia– decidieron ser enterrados allí

Eloi Tost

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El monasterio de Poblet se encuentra rodeado de viñedos y tierras agrícolas de L’Espluga de Francolí y Vimbodí.  FOTO: J.M..Potau

El monasterio de Poblet se encuentra rodeado de viñedos y tierras agrícolas de L’Espluga de Francolí y Vimbodí. FOTO: J.M..Potau

Desde fuera impresiona. Desde dentro maravilla. El Real Monasterio de Santa Maria de Poblet enamora a quienes lo visitan. Arquitectura, religión e historia hacen de este espacio un símbolo de la cristiandad.

Hoy en día es uno de los conjuntos monásticos más importantes de Europa y es el más grande del continente entre los habitados. Como no puede ser de otra forma, también es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1991. Situado en el término municipal de Vimbodí i Poblet se fundó en 1150 por orden del conde Ramon Berenguer IV, quien ordenó la construcción de un monasterio cisterciense para cristianizar la zona pero también para cultivar unas tierras que estaban abandonadas.

Durante la época medieval vivió su máximo esplendor. Reyes de la trascendencia de Jaume I –conquistador de Mallorca y Valencia– decidieron ser enterrados allí y reyes de la Corona de Aragón –con Pere el Cerimoniós al frente– lo potenciaron hasta convertirlo en un símbolo de su poder.

Por ello se decidió amurallarlo para protegerlo de posibles saqueos, dado que almacenaba grandes riquezas conseguidas gracias a las donaciones de la nobleza pero también por las abundantes cosechas de las tierras que estaban bajo la propiedad de la orden monástica.

A nivel arquitectónico, además de las murallas y la magnífica iglesia, destacado ejemplo del arte cisterciense, se conservan casi todas las construcciones que se fueron construyendo, como el palacio que levantó Martí l’Humà, el panteón o la Puerta Real.

Hoy en día es uno de los monumentos de parada obligatoria del Camp de Tarragona y cuenta con una hospedería para aquellos que quieren experimentar en primera persona la vida monástica.

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