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'Por fin mi abuelo ha dejado de ser un criminal'

Montse Giné, nieta de un republicano fusilado en Tarragona en 1939 y representante de las víctimas, festeja la reciente 'reparación jurídica'

Raúl Cosano

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Josep (junto a su mujer), fusilado a los 39 años. Ahora su hija, Joana, y su nieta, Montse, festejan que se anule la sentencia.  Foto: dt

Josep (junto a su mujer), fusilado a los 39 años. Ahora su hija, Joana, y su nieta, Montse, festejan que se anule la sentencia. Foto: dt

A las puertas del Parlament de Catalunya, Joana Giné portaba, el pasado miércoles 19 de octubre, una imagen de su padre, Josep Giné Estivill, fusilado hacía justo 77 años en Tarragona, cuando ella era una niña de 11. Hasta tres generaciones de la familia Giné acudieron allí en una jornada, para ellos, histórica: la cámara catalana iniciaba los trámites para declarar nulos los consejos de guerra franquistas, todo un hito peleado durante décadas.

Montse, nieta de Josep y presidenta de la Associació de Víctimes de la Represssió Franquista a Tarragona, también compareció: «Para nosotros fue un día muy importante, como presidenta de las asociación que engloba a familiares de las 571 personas enterradas en el Memorial Democrátic de Tarragona. Ha tardado mucho, pero esta reparación jurídica era muy importante. Mi abuelo por fin ha dejado de ser un criminal. En Catalunya tenemos el Estatut, la ley de fosas, el Memorial Democràtic… son herramientas útiles de las que disponemos desde hace tiempo pero quizás faltaba un poco de empuje y valentía. La anulación de los juicios llega tarde, pero llega».

En el recuerdo de esa jornada estuvo siempre Josep Giné, denunciado por ser de Esquerra Republicana, catalanista y anticatólico, fusilado el 19 de octubre, junto a 43 personas más, en el Mont de l’Oliva, en Tarragona.

Joan, ejecutado a los 39 años, se marchó exiliado a Argelès (Francia), tras la retirada del ejército republicano. «Allí la propaganda franquista llegó diciendo que los que no tenían delitos de sangre podían volver a España. Pero cuando pasó la frontera le mandaron al campo de concentración en Tarragona, y de allí a su pueblo, Els Guiamets, donde le denunciaron. Le acusaron de todo, y no era verdad. Él había salvado a gente de derechas, hasta al cura del pueblo», recuerda ahora Montse, que denuncia unos consejos con pocas garantías judiciales, que constituían una «farsa».

Joan estuvo preso en Falset y fue a juicio en junio de 1939. «Podían juzgar a 15 personas en media hora. La sentencia llegó el 18 de octubre, un día antes de que lo fusilaran», rememora Montse. Joan no se quiso confesar y por eso sus restos fueron a parar a una fosa común. Para sus descendientes, su memoria, como la de tantos otros, se honra un poco con la decisión que tomó el Parlament.

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