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Preocupación por el cierre de pequeños comercios que no sobrevivirán al coronavirus

Algunos empresarios tiran definitivamente la toalla, tras dos meses sin ingresos y con gastos, y con la previsión de que no habrá turismo en Tarragona durante el verano

CARLA POMEROL

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Raquel Torra, propietaria de la perfumería de la calle Major, ayer. Esta es la última semana que está abierta. FOTO: PERE FERRÉ

Raquel Torra, propietaria de la perfumería de la calle Major, ayer. Esta es la última semana que está abierta. FOTO: PERE FERRÉ

Dos meses sin actividad acaban pasando factura. Que se lo digan a Raquel Torra, propietaria de una tienda de perfumes ubicada en el calle Major de Tarragona. Tras el coronavirus, baja definitivamente la persiana de su negocio. Como ella son muchos los empresarios que ya no pueden soportar más la situación económica y optan por dejar de sufrir y cerrar el chiringuito. Una decisión difícil de tomar, pero casi irremediable. Las asociaciones de comerciantes piden paciencia. Y es que, lo que está claro, es que una ciudad sin comercio acaba muriéndose.

Es conocido por todo el mundo que el precio del alquiler en el centro de Tarragona es alto. En muchos casos, imposible de hacerle frente. La huida de importantes marcas a las grandes superficies comerciales, como el Parc Central o Les Gavarres, tampoco ha ayudado a garantizar el futuro del pequeño comercio tarraconense. Pese a ello, los empresarios iban tirando como podían. Hasta que llegó el Covid-19. Sin esperárselo, los empresarios se vieron obligados a cerrar sine die sus negocios. No hay ingresos, pero sí gastos. Pasada la crisis sanitaria, no les queda más remedio que bajar persiana de manera definitiva.

«El pequeño comercio ya iba muy justo antes de la pandemia. Costaba hacer frente a los gastos, mes a mes. Ahora, después de dos meses sin apenas ingresos, la cosa es inaguantable. Ha sido el remate final», explica Salvador Minguella, presidente de la Via T, quien añade que «en la mayoría de casos, los propietarios del negocio ya tienen una edad y es complicado arrancar sin adaptarse a las nuevas formas de comercio, como el digital, por ejemplo». El resultado es cerrar.

A pesar de ello, Minguella asegura que la vuelta a la normalidad ha sido mejor de lo esperado. «Nos pensábamos que las ventas caerían en un 70% y, sin embargo, nos estamos manteniendo en pérdidas de entre el 30 y 40%. No es el mejor de los escenarios, pero las previsiones eran más pesimistas», comenta el presidente de la Via T.

Cabe tener en cuenta que todavía es pronto para sacar conclusiones sobre si son muchos o pocos los comercios que optan por cerrar. Y es que algunos empresarios aún no se atreven a abrir a causa de las limitaciones empleadas por los gobiernos. «Suponemos que en unas semanas, veremos la realidad de lo ocurrido», explica Minguella. Lo que sí que hay es miedo e incertidumbre por cómo de afectado quedará el tejido comercial después del coronavirus.

Por su lado, Florenci Nieto, presidente de Pimec Comerç Tarragona, asegura que el cierre de negocios no es ninguna sorpresa. «No hay ayudas. Muchas promesas, pero nada firme. La situación es muy grave, inaguantable, no hay otro camino que bajar la persiana». Nieto alerta de que la situación es preocupante, sobre todo, en las calles Ramón y Cajal, Prat de la Riba, Major y Rambla Nova. «Ahora, el drama no solo está en el centro y en el comercio de proximidad. Nos consta que en Les Gavarres y en Parc Central, también hay locales que van a resentirse en este momento», apunta Nieto. Pimec Comerç Tarragona ha puesto en marcha un observatorio para recoger información sobre la situación actual y para dar apoyo y asesoramiento a los empresarios que más sufren tras la crisis sanitaria.

La falta de turismo es otra de las preocupaciones del sector. Todo parece apuntar que este verano será un tanto atípico. Ni turistas andando por la Part Alta ni cruceros llegando al Port de Tarragona. Un escenario complicado para aquellos comercios y restaurantes que viven del turismo. «Esto es muy grave y contradictorio. Si cuando viene alguien a visitar la ciudad, debemos tenerlo 14 días en cuarentena, ya os avanzo yo que no vendrá nadie», asegura Minguella.

Raquel, víctima comercial

Raquel Torra, una joven empresaria tarraconense, es una de las víctimas comerciales del coronavirus. Hace cinco años, se quedó con la perfumería en la que estaba trabajando. Está ubicada en la calle Major, punto neurálgico del turismo en la ciudad. Torra reconoce que antes de la llegada del Covid-19, ya se planteaba traspasarlo. «Son muchos gastos y ya se hacía cuesta arriba», explica. Después de dos meses sin subir persiana, ya no piensa ni en traspasarlo. «¿Quién lo va a querer con la situación que estamos pasando?», se pregunta Torra, de manera retórica. Esta empresaria vivía, en gran parte, del turismo. «No me voy a gana la vida solo con los clientes de Tarragona», añade.

Ahora, está liquidando el género y recogiendo el almacén. Torra asegura estar triste por la clientela, pero con una sensación de descanso para sacarse de encima los gastos. El coronavirus ha podido con su ilusión.

Los restaurantes no se salvan

Los bares y restaurantes no se salvan de esta crisis. «Muchos de los establecimientos todavía están cerrados, porque los propietarios quieren aprovechar el ERTE. Cuando les obliguen a abrir, conoceremos el abasto de la tragedia», explica Javier Escribano, presidente de la Associació Hostaleria de Tarragona, refiriéndose a los negocios cerrados.

Escribano responsabiliza a la administración de esta situación. «No hemos recibido casi ayudas. Solo nos han ayudado a endeudarnos más, obligando a devolver créditos y a pagar los alquileres de estos últimos meses», asegura Escribano, quien añade que la peor parte se la están llevando aquellos bares y restaurantes que no cuentan con terraza.

La peatonalización de algunas calles de la ciudad, con el fin de poder poner terrazas en bares podría ser una inyección importante para recuperar el tejido comercial en Tarragona.

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