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Provocan picaduras controladas a pacientes alérgicos en Joan XXIII

La práctica, que se aplica a unos 30 pacientes al año, sirve para comprobar la efectividad de la vacuna
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Esta imagen realizada por el doctor Gaspar Dalmau le supuso un premio de fotografía en un congreso de alergología en Granada  en 2013. Foto: DT

Esta imagen realizada por el doctor Gaspar Dalmau le supuso un premio de fotografía en un congreso de alergología en Granada en 2013. Foto: DT

Cada año entre 25 y 30 pacientes derivados de hospitales de toda Catalunya pasan por el Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona para someterse a un procedimiento que, a simple vista, parece, cuando menos, curioso: ser picados, por voluntad propia, por avispas o abejas.

No obstante, no se trata, claro está, de un acto temerario; más bien, todo lo contrario. Estas picaduras se producen en un contexto perfectamente controlado y la información que aportan les puede significar la vida.

Gaspar Dalmau, alergólogo del hospital, explica que el objetivo de provocar estas picadas es comprobar la efectividad de la vacuna específica que existe para los alérgicos a las picaduras de abeja y avispa y que se les ha administrado previamente.

Comenta que estas vacunas tienen una efectividad altísima, en torno al 99,9%. «Casi ningún medicamento tiene una efectividad tan alta», reconoce, pero hay que asegurar que al paciente se le ha aplicado la correcta para su caso y que, efectivamente, está protegido.

 

Entorno controlado

Es aquí donde entra en juego la técnica llamada como ‘repicada’ y que en Catalunya sólo realiza el Joan XXIII desde el año 2007. Para el procedimiento se utilizan abejas y avispas vivas. Las primeras se las suministran apicultores; las segundas las suele ‘cazar’ el propio Dalmau.

Una vez en el hospital, a los insectos se les adormece con dióxido de carbono y se les retiran las alas y patas traseras. Cuando se despiertan están irritados y listos para picar.

Los pacientes, por su parte, están preparados en el hospital de día, donde se encuentran monitorizados en todo momento. También se les coloca una vía intravenosa por si es necesario administrarles algún medicamento.

Se sujeta el insecto con unas pinzas y se hace que pique durante 30 segundos, lo que equivale al veneno que liberan en 3 ó 4 picaduras. De haber reacciones, suelen producirse a los pocos minutos, aunque los pacientes permanecen en observación durante dos o tres horas.

A pesar de que la gran mayoría de las ‘repicadas’ demuestran que los pacientes están protegidos gracias a la vacuna, ha habido casos en que el procedimiento ha servido para descubrir lo contrario. Es el ejemplo de una paciente que en 2007 sufrió una reacción muy grave cuando le picó una avispa mientras tiraba la basura a un contenedor.

A la paciente se le había estado administrando la vacuna, pero en la ‘repicada’ del hospital volvió a tener otra reacción. Pruebas más detalladas demostraron que la vacuna que se administraba entonces, elaborada con venenos de avispas americanas, en esta paciente no surtía efecto. El problema se solucionó con una vacuna específica para avispas europeas.

 

Distinguir reacciones graves

Apunta Dalmau que hay que distinguir entre la reacción molesta que puede tener la picadura de uno de estos insectos y una reacción alérgica. Estas últimas suelen presentarse en dos grandes grupos. Las primera suelen ser reacciones locales «gigantes», que alcanzan más de 10 centímetros de diámetro y que duran de 24 a 48 horas. Son muy dolorosas y molestas y el mayor riesgo es que se presenten cerca de la boca o los labios porque se inflama la garganta. El segundo tipo de reacciones es más grave. El choque anafiláctico no sólo afecta a la piel, sino también a los órganos internos. La persona sufre ahogos, espasmos, vómitos... y pueden llegar a ser mortales. A Joan XXIIIllegan cada año entre 3 y 10 pacientes con reacciones graves por picaduras.

 

Apicultores, más afectados

Igual que con las alergias a pólenes o alimentos, quienes las sufren han estado previamente expuestos a la sustancia. Así, pues, si la tasa de alergia a estas picaduras está entre el 3% y el 6% en la población general, la cifra llega hasta el 16% en el caso de apicultores, jardineros, agricultores y otros trabajadores más expuestos a las picadas.

Una vez que se ha realizado un diagnóstico de la alergia a partir de pruebas cutáneas y un análisis de sangre, se indica la administración de la vacuna, que debe aplicarse a lo largo de cinco años, aunque desde el primer mes ya es efectiva. La vacuna, que es de uso exclusivamente hospitalario, no tiene coste para el paciente, pues la cubre íntegramente el sistema público de salud.

Una vez aplicada la vacuna se puede recurrir a la ‘repicada’. Dalmau reconoce que los pacientes se ponen nerviosos durante el procedimiento, pero la tranquilidad posterior de poder salir a la calle o al campo sin temor les merece la pena.

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