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¿Qué convierte a un adolescente en delincuente?

Un estudio de la URV con un millar de jóvenes muestra cómo las amistades o la falta de control de los padres son claves para predecir las conductas violentas 

Norián Muñoz

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FOTO: GETTY IMAGES

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¿Se puede predecir qué factores convierten a un adolescente en un delincuente? La ambiciosa pregunta se responde, en parte, en el estudio que ha hecho un grupo de investigadores de la Universitat Rovira i Virgili con 936 adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años; la mayor parte de ellos de Tarragona (también había una muestra de Barcelona y Lleida). 

El estudio, recientemente publicado en la revista Frontiers in Psychology, consistió en aplicar una amplia batería de cuestionarios y entrevistas a tres grupos de jóvenes: un grupo de estudiantes de instituto; un grupo en riego social (no habían acabado la ESO, sus familias eran usuarias de servicios sociales...) y un grupo de jóvenes que habían cometido delitos y que estaban tanto en medio abierto como internos. 

Fabia Morales, miembro del equipo del Centre de Recerca en Avaluació i Mesura de la Conducta, CRAMC, de la universidad, que elaboró el estudio, explica que la peculiaridad está en que, hasta ahora la mayor parte de investigaciones sobre el tema se centraban bien en los factores individuales o en los del entorno, pero no en ambos a la vez.   

Personalidades similares
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue el hecho de que los rasgos de personalidad de los jóvenes en riesgo social y los que habían cometido delitos eran tremendamente similares. 

Los jóvenes de estos grupos tenían valores muy similares en lo que se refiere a extraversión, estabilidad emocional, apertura a la experiencia y agresividad física y verbal. También obtenían valores muy parecidos en inteligencia en general y en capacidades concretas como la verbal, la espacial y el razonamiento y la fluidez verbal.

Los jóvenes en riesgo social y quienes habían cometido delitos tienen personalidad similar

Estas dos muestras, en cambio, sí que eran diferentes de los chicos que seguían estudiando en el instituto. Estos últimos eran menos propensos a la agresividad o  a actuar in pensar. 

Amigos y crianza: claves
Así pues, ¿qué decantaba entonces la balanza en el caso de los que delinquen? Morales explica que, básicamente, tiene que ver con el entorno social, y pone varios ejemplos: los jóvenes con delitos tenían más amigos y compañeros delincuentes, muchos habían sido separados tempranamente de sus padres o cuidadores, no tenían supervisión de los adultos, o en sus casa se había dado una permisividad excesiva. También habían sufrido en más media maltrato infantil y presentaban más abuso de sustancias. También vivían en barrios más pobres y con mayor índice de delitos. 

En definitiva, explica, Morales, tener un entorno familiar y social que te proteja es clave. Los delincuentes juveniles no tienen una red de personas (de la misma edad o adultos), que les proporcionen apoyo emocional y asistencia en momentos de angustia.

Necesidad de ser escuchados
Silvia Duran es la psicóloga que se encargó de entrevistarse con los jóvenes. De hecho el artículo en la revista científica parte de su tesis doctoral. Cuenta que pensó en el tema cuando trabajaba en servicios sociales. «Sentía que en la intervención con estos jóvenes muchas veces nos faltan herramientas científicas, vamos por ensayo y error», relata.

Una de las cosas que le llamó la atención fue que, del millar de jóvenes con los que se entrevistó, «sorprendentemente todos, también los de justicia juvenil que estaban privados de libertad, estaban dispuestos a hablar... Cuando se sentían escuchados cambiaba completamente su actitud». 

Coinciden ambas investigadoras en que actuar sobre los aspectos sociales que predisponen a un joven en riesgo social a delinquir es muy complicado. En el caso de la familia «habría que trabajar, por ejemplo, ayudando a los padres con herramientas para la crianza, pero lo cierto es que cuando te planteas talleres sobre el tema en un instituto las familias que más lo necesitan son las que menos acuden», reconoce Morales. 

Duran, por su parte, es más optimista. Actualmente trabaja en el Centre de Noves Oportunitats, donde se da atención personalizada y formación a jóvenes que no estudian ni trabajan. En su experiencia los jóvenes en riesgo «cuando les das referentes, unas competencias, unos modelos, unos recursos para manejar su agresividad... Con este empoderamiento muchos salen a flote». concluye. 

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