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¿Qué desayunaban los romanos para ir al ‘cole’?

‘Un día en Roma’ permite a los alumnos de primaria y secundaria conocer cómo era la vida de los niños hace más de 2.000 años

Nuria Riu

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Julio Villar, de la empresa Argos, en un momento de la boda que se ofició ayer. FOTO: Alba Mariné

Julio Villar, de la empresa Argos, en un momento de la boda que se ofició ayer. FOTO: Alba Mariné

Levantarse para estar en clase a las nueve de la mañana, tener que hacer los deberes y estudiar para los exámenes tampoco es tan mal plan.

Es el sentimiento generalizado con el que salían los jóvenes que ayer asistían al espectáculo ‘Un día en Roma’, una propuesta a través de la cual los estudiantes de primaria y secundaria retroceden más de 2.000 años para ponerse en la piel de los niños que podrían haber habitado nuestra ciudad cuando era Tarraco.

Los alumnos del Institut Tarragona, el Institut-Escola el Ginjol de Reus, Institut Joan Amigó de L’Espluga de Francolí y de la Fundació l’Onada fueron los protagonistas de la sesión de ayer. 

El escenario, el Recinte Firal del Palau de Congressos, donde los asistentes pudieron sumergirse en el día a día de la gente cualquiera. Primer baño de realidad: excepto los patricios, en las viviendas no había agua corriente.

O sea que una cosa tan simple que todos los asistentes habían hecho nada más levantarse, como es ir al baño, no era tan sencillo. El conductor del espectáculo, Julio Villar, invitaba a los primeros voluntarios a que le ayudaran a desvelar cómo era la vida en Roma. En este caso, a los voluntarios les tocaba sentarse en la comuna.

Una experiencia inolvidable para los jóvenes, que empezaron a echar en falta cosas tan básicas como el papel higiénico, que aún tardaría unos cuantos años en llegar.

¿Desayunaban los niños por la mañana? ¿Qué comían? ¿Cómo eran las escuelas en Roma? Son algunos de los interrogantes que se plantearon hacia un público que pudo comprobar las enormes diferencias de clase y que, a pesar de que la riqueza de alimentos en el Mediterráneo es excepcional, la variedad de ahora es incomparable.

De acuerdo, en Roma no había escuelas. Pero había clases en la calle y los más privilegiados incluso tenían un pedagógus que les iba a casa. Empezaban estudiando cálculo y lengua, utilizaban tabletas y stilus, y para sumar disponían de un ábaco.

Las nuevas generaciones acostumbradas a la calculadora ya no saben para qué sirve este artilugio. «¿Sabéis qué es un abacus?», preguntaba Villar. Y sí, hubo quien respondió «una librería».

En casa o de legionario 

Para los romanos era muy habitual el castigo físico entre los alumnos «indisciplinados» y también lo era que los jóvenes que no aprendían de ninguna forma o que necesitaran algo de dinero ingresaran en la legión.

Y los alumnos invitados pudieron armarse con el escudo y la lanza, para descubrir que no sobrevivirían ni 24 horas porque ni siquiera dominan un aspecto elemental como es avanzar en formación. ¿Y las chicas? En casa a limpiar y a casarse. Y así fue como María Díaz, del Institut Joan Amigó, tuvo que aceptar a la fuerza el marido que le habían elegido.

Díaz, que había bajado al escenario con las gafas de sol y el iPhone de última generación, tenía que deshacerse de sus preciados objetos para ponerse un pañuelo en la cabeza para ir a su boda.

«Esto de casarse con quien eligieran los padres no lo acabo de ver. Por suerte podían divorciarse rápido», decía cuando abandonaba con las amigas el recinto, después de haber recuperado el móvil de última generación. 

El espectáculo duró aproximadamente una hora y cuarto. Tiempo suficiente para que los asistentes saliesen con una idea muy clara: «Para un día está bien y sería divertido vivir como en Roma, pero sólo un día», decía Ot Masdéu.

A este tarraconense de 14 años hubo una cosa que le llamó especialmente la atención. «Había un machismo impresionante. Las mujeres siempre tenían que quedarse en casa», decía.

Mientras su amigo, David Garcia, considera que «si ibas a la escuela tampoco estaba tan mal, pero había muchas cosas que tan solo podían hacer los ricos y era muy difícil poder estar entre las clases adineradas».

En total son hasta 26 los centros que participarán en esta actividad, que es una de las novedades del Festival Tarraco Viva.

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