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¿Qué ha pasado con los voluntarios de los Juegos?

Trabajaron lo que no está escrito durante los juegos y hoy siguen ayudando en diferentes eventos

Norian Muñoz

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Maria José San Vicente, José María Jornet, Jordi Parisi, José Manuel Pérez, Juan Carlos Rodríguez, Teresa Puxeu y Albert Ribas, todavía conservan sus camisetas de cuando fueron voluntarios en los Juegos Mediterráneos. FOTO: Alba Mariné

Maria José San Vicente, José María Jornet, Jordi Parisi, José Manuel Pérez, Juan Carlos Rodríguez, Teresa Puxeu y Albert Ribas, todavía conservan sus camisetas de cuando fueron voluntarios en los Juegos Mediterráneos. FOTO: Alba Mariné

Jordi Parisi cuenta que se apuntó como voluntario a los Juegos Mediterráneos porque tenía buen recuerdo de las olimpiadas de Barcelona 92 y quería ver los juegos desde dentro. Al final no presenció ni una sola competición, apenas estuvo en la inauguración y en la clausura. Le asignaron como chófer de Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, y se pasó todo el evento yendo y viniendo entre sedes.

Pero no se queja, Blanco le dijo desde el primer momento que «no quería un mudo» al volante y le dio conversación de la buena. Todavía hoy mantienen el contacto. Además, recuerda entre risas lo que suponía poder aparcar en todas partes «era como ser reina por un día».

A algunos los juegos les despertaron el gusanillo de ayudar y desde entonces no han parado

Hoy Jordi, igual que los seis amigos que le acompañan, ha decidido seguir trabajando como voluntario en diferentes entidades que lo necesitan. Están a las órdenes del Consell Esportui del Tarragonès, del Patronat d’Esports de Tarragona, del COE, del Nàstic...

Este grupo de amigos es una muestra  de ese ejército apenas visible (se apuntaron 8.383 voluntarios) que hicieron posibles los juegos. 

El ejército invisible

El grupo es, también, ejemplo de la heterogeneidad que se consiguió. José Manuel, por ejemplo, se apuntó después de jubilarse «para ocupar el tiempo», mientras que Albert Ribas, profesor de educación física, pensó que sería un privilegio irrepetible «poder vivir un evento de este nivel en la ciudad». Teresa Puxeu, autónoma, resume el sentimiento general: «Lo volveríamos a hacer». La mayoría estaban comprometidos con la organización desde 2013 y dedicaron muchos fines de semana a la preparación y a formarse.

Justamente Teresa y Albert eran los encargados de voluntarios de la piscina. El voluntario más joven que debían controlar tenía nueve años. Comenzaban a las siete de la mañana y no terminaban hasta las once de la noche. Albert lleva un reloj de esos que cuentan los pasos: cada día hacía por lo menos 20 kilómetros sin moverse de la zona.

Les tocó vivir situaciones de lo más variopintas, como a Maria José San Vicente, voluntaria de la piscina, a quien le asignaron  acompañar a Mireia Belmonte durante varias horas sin separarse ni para ir al baño porque aquel día le tocó control antidoping. «Me impresionaron los masajes que le daban con hielo», recuerda. Al final le regaló una camiseta para su hijo.

Algunos asumieron mucha responsabilidad, como Juan Carlos Rodríguez, quien se encargó de coordinar el transporte de los 130 VIPS invitados al evento. Le tocó hacer maniobras con 40 coches y 28 voluntarios. Cree que, sí repitiéramos los juegos «ahora nos saldrían mejor».
José Maria Jornet, que hizo de chófer del Presidente del Comité Olímpico de Marruecos (le ha invitado a su casa) cree que los juegos coincidieron con un mal momento político. Considera que las críticas feroces que se hicieron a la organización, unas con razón y otras sin ella, pasaron por alto el trabajo de tantos y tantos voluntarios.

Nada más terminar los juegos, el grupo de amigos se apuntó a los Special Olympics de la Seu d’Urgell en septiembre. Y desde entonces no han parado. Teresa, por ejemplo, trabaja con frecuencia como voluntaria en eventos deportivos para personas con discapacidad. Cuenta que «ellos son mi vitamina».

Proteger el legado

Además de quienes, como este grupo de amigos siguen haciendo voluntariado de manera particular, después de los juegos se creó una asociación, Llegat 2018, que ya aglutina a unos 60 voluntarios para hacerlo de manera grupal. Su presidente, Josep Antoni Tripiana, explica que ofrecen su trabajo como voluntarios en actividades deportivas, culturales y sociales. Se puede contactar con ellos en la Tabacalera.

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