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¿Qué plan de pensiones?

Se acerca el final del año y, con él, las carreras para aportar algo a unos planes de pensiones que nos rebajen el IRPF. ¿Eso es todo?
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Otro año más, a los clásicos navideños de cenas de empresa y buenos deseos se le añaden los planes de pensiones. Un incombustible de la fiscalidad, que tiene su momento álgido en estas fechas. Aportar unos cuantos euros al plan de pensiones es, junto a la deducción por vivienda habitual (para aquellos que la hayan adquirido antes del año 2013), la herramienta más destacada que tienen los asalariados para tratar de rebajar algo su factura con Hacienda el año que viene.

Y ahí están las entidades financieras para recordarnos que pongamos mil, dos mil o tres mil euros en sus planes, que ya veremos cuánto nos ahorramos en el IRPF. En concreto, una reducción en la base imponible de hasta 8.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas. Pero, si de lo que estamos hablando es de planificar nuestra jubilación, y no tanto de fiscalidad... ¿hay algo más?
¿Cómo debería ser un buen plan de jubilación? ¿Fondos de inversión? ¿Ladrillo? ¿Joyas? ¿Quizás bitcoins y empresas de minería de asteroides...? Joan Pons, secretario de EFPA (European Financial Planning Association) en España y director del despacho Linkservices ETL Global es un firme defensor de los planes de pensiones, de los que cree que «se tendrían que potenciar».

Aumentar los límites de la aportación máxima anual deducible (más allá de los 8.000 euros actuales) y mejorar las posibilidades de liquidez (los planes de pensiones sólo pueden ‘rescatarse’ una vez alcanzada la edad de jubilación, salvo excepciones como el desempleo de larga duración, la enfermedad grave o las aportaciones que hayamos hecho hace más de diez años) son dos de las medidas que, en opinión de este especialista en finanzas, podrían hacer ganar atractivo a este producto.

La realidad, sin embargo, choca a menudo con los deseos. El patrimonio medio invertido en planes de pensiones individuales en las comarcas de Tarragona alcanzó en 2016 los 8.820 euros según el último Observatorio Inverco, por debajo de la media catalana (9.853 euros por persona con un plan de pensiones), pero también de la estatal (9.004 euros). Viendo estos promedios, el límite de 8.000 euros en la suma máxima anual deducible está en línea con la realidad del mercado.

Ante estas limitaciones de los planes de pensiones ‘tradicionales’, Joan Pons destaca que «hay gente que usa fondos de inversión como planes de jubilación, lo cual está muy bien porque es líquido y las plusvalías no tributan hasta que no se ejecute [la venta]». Dicho lo cual, recalca que no hay una única fórmula para planificar la jubilación, puesto que es algo «que depende de cada cuál, y quien diseñe una fórmula de inversión es un mal asesor», pero destaca que «el criterio principal es la diversificación».

 El patrimonio medio entre los habitantes de la demarcación de Tarragona que cuentan con un plan de pensiones individual está en los 8.820 euros.

Un punto sobre el que coinciden profesionales de banca privada de Tarragona que, preservando su anonimato y el de sus clientes, aseguran que uno de los errores más habituales ha sido «utilizar los planes de pensiones sólo como un instrumento fiscal para la desgravación». Estas mismas fuentes sí se atreven a sugerir una fórmula, aunque también aclaran que cada perfil es único, y que no hay una sola receta.
Dicho lo cual, si se dispone de la capacidad de ahorro, la propuesta sería la siguiente: más de un 50% en activos líquidos (fondos de inversión, acciones de compañías sólidas...), entre un 20% ó 25% en activos inmobiliarios (pisos, terrenos, locales, plazas de aparcamiento...) y el resto, a otras inversiones diversas, que pueden ir desde las joyas hasta el arte.

En este último capítulo es donde se abre más el abanico de posibilidades, y donde todos los profesionales de la asesoría financiera coinciden en señalar que hay que estar más atento. Porque una cosa es preparar la jubilación con unos fondos de inversión controlados por profesionales acreditados y quizás alguna inversión inmobiliaria (atentos también aquí, porque aunque todo el mundo se ve capaz de acertar, la experiencia colectiva nos indica lo contrario), y otra cosa es meterse a invertir en bitcoins y en plataformas de crowdlending que financian a pymes en circuitos alternativos.

Sin olvidar el poso que arrastran determinadas inversiones alternativas como el arte o las joyas, asociadas a menudo, según fuentes del sector de la banca privada, «a su utilización para el blanqueo de capitales, al límite de la legalidad». Son las mismas fuentes las que indican que «planificar las finanzas para el día de mañana tendría que ser más sencillo que todo esto: así que cosas raras, pelotazos a corto plazo y exotismos, mejor no» cuando de lo que estamos hablando es de nuestra jubilación.

' Uno de los errores más habituales ha sido utilizar los planes de pensiones sólo como un instrumento fiscal para la desgravación'.

Un extremo sobre el que coincide Joan Pons, secretario de EFPA, que admite que «las inversiones alternativas están creciendo cada vez más, porque la gente está buscando alternativas» a las bajas rentabilidades de sus inversiones más tradicionales, pero alerta son algo con lo que «hay que ir con mucho cuidado».

Fácil, pues. Nada de bitcoins ni de jugar a hacer de Business Angel. Al tocho, que se puede tocar y se entiende. Pues tampoco. O no tan deprisa. «Con los pisos -alerta Joan Pons-, la gente se piensa que es muy fácil, pero después hay problemas de inquilinos, de obras...».
Además, «aunque yo encuentro muy bien el hecho de diversificar -prosigue este asesor financiero-, la liquidez es muy importante». Y convertir un piso en dinero en efectivo, a menudo, ni es tan rápido ni es tan fácil, a menos que queramos malvender (en ocasiones, ni siquiera así).

A todo esto: ¿cuándo nos ponemos a ahorrar para la jubilación? Porque, quien más, quien menos, tenemos bastante claro que la pensión de jubilación pública que percibiremos difícilmente alcanzará nuestros actuales ingresos, y tendremos que complementarla. La respuesta es obvia: cuanto antes, mejor. Pero como que lo ideal no siempre encaja con la cruda realidad, los profesionales de esto recomiendan empezar antes de los 40 años (cuando realmente empieza, de promedio, nuestra capacidad de ahorro), y no más tarde de cumplir los 50 años.
Una fórmula que sí es irrebatible: constancia. No importa si son 50 euros al mes, pero hay que ser constantes en las aportaciones.

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