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¿Qué variables pueden facilitar el comportamiento agresivo entre jóvenes?

Un estudio de la URV pretende determinar estos factores para poder hacer prevención

Diari de Tarragona

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FOTO: URV

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Los problemas asociados con la violencia durante la adolescencia han aumentado en las últimas décadas. Muchos estudios se han centrado en encontrar las causas, algunas de las cuales dependen del entorno -nivel socioeconómico y educativo de los progenitores, pobreza, barrios marginales- y otras son causas individuales -rasgos de la personalidad, capacidades y factores históricos y clínicos vinculados al riesgo de violencia-. Así y todo, una combinación de ambas variables parece la mejor opción para la predicción.

Estos son los resultados del estudio que han llevado a cabo investigadores del grupo de Innovaciones Tecnológicas en la Medida de Rasgos Latentes de la URV, en el que han evaluado la relevancia de las características individuales, factores de riesgo contextuales y factores protectores para explicar conductas antisociales y delincuentes en la adolescencia. Según los investigadores, identificar estas características puede ayudar a entender por qué algunos adolescentes cometen delitos y tienen comportamientos antisociales con efecto negativo sobre otras personas.

Lo han hecho comparando tres muestras: una de la comunidad, una muestra de jóvenes en riesgo de exclusión social proveniente de centros de las comarcas de Tarragona (centros abiertos, unidades de escolarización compartida, etc.) y una muestra de delincuentes juveniles ingresados en centros abiertos, que han presentado comportamientos antisociales y penales con consecuencias jurídicas.

Los resultados de este trabajo muestran que los jóvenes en riesgo de exclusión social y los delincuentes juveniles tienen un perfil similar en rasgos de personalidad y capacidades. De hecho, estas dos muestras presentan niveles parecidos de extraversión, estabilidad emocional, amabilidad y apertura a la experiencia. También presentan niveles parecidos de impulsividad y de agresividad física, verbal e indirecta. Además, se asimilan en inteligencia general y en capacidades concretas como la verbal, el espacial, el razonamiento o la fluidez verbal.

Por el contrario, se diferencian en variables contextuales y familiares como la delincuencia entre el grupo de iguales (amigos, compañeros de clase, personas de la misma edad, etc.), la poca habilidad para educar de los padres , la desorganización de la comunidad o la separación temprana de los padres. De hecho, los estilos de crianza parentales inadecuados, como la carencia de supervisión infantil, la disciplina inconsistente o la permisividad excesiva, se han convertido en predictores de la delincuencia en la adolescencia y este es el perfil de los jóvenes que han cometido algún delito.

Por lo tanto, vivir en comunidades desorganizadas (con altos índices de delitos percibidos, venta de drogas, bandas o viviendas pobres) y tener amigos delincuentes puede proporcionar más oportunidades criminales, cosa que aumenta el riesgo de implicarse en comportamientos antisociales. Así, los jóvenes en riesgo de exclusión tienen más apoyo familiar y de su entorno que los que se encuentran en centros de justicia juvenil.

Es decir, en comparación con la muestra en riesgo de exclusión social, los delincuentes juveniles no tienen una red de individuos (personas de la misma edad o adultos) que proporcionan apoyo emocional y asistencia específica en momentos de angustia y de necesidad de apoyo. La muestra de delincuentes juveniles en general tiene poca empatía, remordimiento y falta de compromiso con la escuela, resultados que son congruentes con estudios previos.

El contexto marca la diferencia

Estas variables contextuales y las ambientales que diferencian los dos tipos de adolescentes son de gran interés para los investigadores. Por lo tanto, han determinado que son los factores contextuales, no los individuales, los que permiten diferenciar entre delincuentes juveniles y adolescentes en riesgo de exclusión social que facilitarían la conducta antisocial y la delincuencia en estos jóvenes. En cambio, los adolescentes de los institutos tienen niveles más bajos de agresividad física y de impulsividad motora que los jóvenes en riesgo de exclusión social y delincuentes juveniles.

Los resultados apuntan a que la combinación de factores individuales y contextuales son, de todas maneras, la mejor manera de predecir el comportamiento antisocial, a pesar de que pocos estudios incluyen los dos tipos de variables. En cambio, en el trabajo actual los investigadores han evaluado características individuales y factores de riesgo contextual así como factores de protección vinculados a una conducta antisocial y la exclusión social.

En este estudio participaron 1.041 jóvenes de entre 12 y 21 años de Tarragona, Barcelona y Lleida. Los datos de 105 individuos fueron eliminados porque no habían respondido correctamente a los cuestionarios, por lo cual la muestra final fue de 936 personas.

La muestra de delincuentes juveniles se reclutó a partir de programas de intervención abierta y centros educativos de infractores menores y la muestra de la comunidad, en cinco escuelas de secundaria. El trabajo lo han llevado a cabo los investigadores Silvia Duran, Andreu Vigil, Sandra Cosi y Fabia Morales y se ha publicado a la revista Frontiers in Psychology.

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