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«Quiero reírme hasta que me muera»

Entrevista. El artista malagueño llevará mañana su último álbum ‘Camino, Fuego y Libertad’, a la Tarraco Arena Plaça de Tarragona

Sílvia Petit

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Pablo López, en una imagen reciente de promoción. FOTO: cedida

Pablo López, en una imagen reciente de promoción. FOTO: cedida

Vestido de negro, con su gorra marrón que esconde un pelo despeinado, su cara de buen canalla y con una gigante sonrisa, nos recibe Pablo López para cantarnos y contarnos su último disco Camino, Fuego y Libertad. Es el tercero del malagueño, aunque parezca que lleva toda la vida regalándonos sus eternas y liberadoras canciones y con este disco, Pablo, deja claro que ha venido para quedarse y que el mundo, le esperábamos con los brazos abiertos.

En sólo 4 años ha cantado y ha girado con Once historias y un piano y El mundo y los amantes inocentes y como dice él mismo «parece que han pasado 20 años y llevo 4 días; aunque toda la vida detrás de un piano componiendo y canturreando». Empezó sus giras en lugares pequeñitos, enamorando a la gente poquito a poco y ahora, con todo un Tour Santa Libertad por delante, ha colgado ya el cartel de sold out en la mayoría de ciudades por visitar y a final del 2018 le espera su primer Sant Jordi y el WiZink Center. Mañana (21.30 horas) pasará por la Tarraco Arena Plaça de Tarragona.

Le agradezco que eligiera dedicarse a la música y que nos deje entrar en su ‘patio’ con pies descalzos. 

Yo siempre he estado enamorado de la música y me gusta mucho que tú también lo estés de mis canciones y como esto tiene pinta de ser un amor eterno, nos vamos a ver muchas veces.

‘El Patio’, primer single del disco, ¿qué ha pasado con esta canción, Pablo, que nos hace explotar a todos?

Yo grité; en vez de escribir, grité y nació El Patio. Tenía que echar los fantasmas de mi corazón, a mis miedos que tú bien conoces. Todos tenemos un ‘patio’ donde echar cosas y por eso es una canción universal porque ha llegado a mucha gente. En este patio jugamos a ser libres y por eso me he desnudado completamente y ya no es Pablo quien la canta, es quien la escucha que la hace suya.

‘Camino, Fuego y Libertad’, el disco, y ‘Santa libertad’, el tour. Proclama libertad a los 4 vientos y por lo que dice, entiendo que esta libertad a sus miedos y temores ya ha explotado.

Creo que sí, por fin (se ríe). He aprendido a mirarme con respeto y sinceridad, nunca con vanidad y aunque he visto cosas que a veces uno no se quiere ver, me he dicho «qué coño tío, soy así» y he empezado a caminar sabiendo quien soy, con mis defectos y mis cojeras. Ahora tengo una paz que me hace flotar.

Por cierto señor López, ¿lo tiene casi todo agotado ya?

Eso es que la gente se lo pasó tan bien como nosotros en la otra gira. Fíjate que el último día nosotros llorábamos porque se terminaba y esa idea nos desquiciaba. Es una forma de vida tan bonita, un amor tan bonito, de ida y vuelta, que confirma que la gente tenía ganas de que volviéramos. No estábamos locos y era verdad lo que habíamos vivido.

O sí estaban locos y somos muchos locos como ustedes.

Bendita locura. Loco hay que estar para comprender este mundo y toda locura que lleve amor por medio, siempre nos sumergiremos en ella.

Bonita forma de vida pero recuerdo un concierto que pidió chocolate porque estaba agotado.

Es verdad; veníamos de New York, Puerto Rico y Miami y cuando me puse delante del piano me dio un ‘telele’, pero, una vez más, el aplauso del público me salvó.

Cómo le gusta ser canalla en directo ¡eh!

El canallismo y la piratería los tengo en común con la gente que me rodea y eso es maravilloso. Me daba miedo mostrarme tal y como soy, pero es la ostia hacerlo. Le he dado una patada a todo lo bohemio del artista.

Pablo, se ha paseado por los escenarios de grandes como Alejandro Sanz, Orozco, Alborán…y los Beatles no porque ya no existen.

(Se ríe) Los Beatles existirán siempre y yo cada día canto con ellos; pero te digo una cosa: yo ahora tengo mi escenario y quien quiera que venga a cantar y sino, que les den, ¡ja ja! Poder subirte a un escenario con Orozco, ante 7000 personas, llorando y riéndonos y diciendo «coño, que está pasando» es alucinante.

¿Preparado pues para este pedazo de gira que le espera?

Me voy a sumergir de lleno sólo para devolver el amor de la gente por su santa espera. Estoy «acojonao» ¡eh! que me esperan plazas muy grandes pero todos juntos seguro que vamos a volar.

El chuiquillo malagueño al que Lola, su madre, le regaló una guitarra cuando le pidió un piano, vive ahora en una nube de la que dice «no me quiero bajar».

Una de sus locuras fue montar con su hermano Luigii el 47, un bar de copas que le llevó a la ruina «no tenía ni para tomarme un café, pero fue un master en mi vida».

A las 4 de la mañana en el barrio de Polanco (Mexico) y con una botella de Tequila se tatuó una catrina porque adora ese país y ahora este soñador que vio morir un sueño y como resucitaba es feliz tomando una copa de vino, gritando que no nos olvidemos de ser libres y riéndose hasta el día que se muera. 

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