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Tarragona El aguijón

Rajoy y puigdi, ¡a urgencias!

A nuestros políticos se les debería caer la cara de vergüenza por las largas colas en los servicios de Urgencias

Xavier Fernández

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El servicio de Urgencias del Hospital Joan XXXIII. Foto: Pere Ferré

El servicio de Urgencias del Hospital Joan XXXIII. Foto: Pere Ferré

El lunes fui de los tarraconenses afortunados que ‘sólo’ pasé cinco horas y media antes de que atendiesen a un familiar en Urgencias del Hospital Joan XXIII. En la brevísima espera, me acordé del artículo 155, de la DUI, del «España nos roba», del «la Generalitat despilfarra en temas ilegales» y de la madre que p... a los políticos. Mi creciente indignación sólo era frenada cuando veía la paciencia, la amabilidad y el cariño con que el personal trataba a los enfermos. «Estamos muy saturados», «está todo colapsado», «tenga mucha paciencia. Es cuestión de horas», «más rápido no podemos ir», «tranquilos, tarde o temprano entrarán», «no tenemos ni camillas» eran las respuestas, casi siempre con una sonrisa en los labios de las enfermeras y auxiliares, al creciente runrún en la minúscula sala de espera interior.

«Señorita, ¿sabe cuánto tardarán?», «llevo aquí desde las 12 y no me han atendido aún (una señora a las 16,53 h)», «a este señor le acaban de coger ahora, a las cuatro y media, y había entrado a las 12... ¡Ufff! Yo he llegado a las 3» o «esto es desesperante» eran algunos de los comentarios que se oyeron. Habría que erigir delante de Urgencias del Joan XXIII un monumento a la Santa Paciencia. Del paciente, valga la redundancia, y del personal.


Decía que me acordé de los políticos. De Mariano Rajoy, Caudillo del 155 y Gran Fracasado del 21-D. La gente apelotonada en Urgencias y él, tan tranquilo, celebrando el año 2016 (sí 2016, la enésima rajoyada). Y de Puigdemont, el intérprete del ‘Bon cop de falç i exili’ (tocata y fuga en 155 compases, traducido al español).

Intenté imaginar en la sala de espera a Khaleesi Arrimadas. No pude. No había fotógrafos ante los que posar. También lo intenté con Mister Proper-Albiol, pero había dos familias magrebíes en la sala de espera. Ni se hubiese acercado. Y con Iceta. No estaba la cosa para bailes, aunque, bueno, Iceta se puso a danzar habiendo gente encarcelada. Y con Marta-mevoyporla ramas-Rovira. Fue inútil. Tampoco pude visualizar a nadie de la exCiU-exCDC-exPDeCAT. Estaban de romería en Bruselas. No vi a ningún político. Sólo gente ‘normal’. Sufriendo la incapacidad de los del 155 y la de los de la DUI. Mariano y Puigdi, ¡a Urgencias! ¡A ‘sufrir’ la vida real!

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