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Recuperar la figura del aprendiz

El programa Singulars se dirige a los jóvenes de 16 a 29 años en función de las necesidades de formación de las empresas del territorio

Núria Riu

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Las alumnas del grupo de pastelería en el Espai de Trobada. FOTO: Fabián Acidres

Las alumnas del grupo de pastelería en el Espai de Trobada. FOTO: Fabián Acidres

«Estoy enganchada. Esto es un no parar». Es la confesión que hace Sandra (17 años) mientras prepara la pasta para unos cruasanes, junto con otras dos compañeras de aula. Sandra había dejado un ciclo de ayuda a las personas en situación de dependencia cuando se apuntó al Programa Singulars. Es una de los ochenta jóvenes, de entre 16 y 29 años, que participa en uno de los cuatro cursos que gestiona Tarragona Impulsa, dentro de una convocatoria del SOC y financiado por el Fondo Social Europeo. 

En esta edición, una de las novedades es el curso para formar a panaderos y pasteleros que garanticen un relevo a los pocos establecimientos artesanos que quedan en la ciudad. Se ha impulsado a partir de la inquietud que manifestó el Gremi de Forners de Tarragona y Carlos Martínez, miembro de este colectivo, es el que imparte las clases.

«Queremos fomentar el aprendizaje del oficio, porque faltan profesionales que lo hagan de la forma más artesana posible», explica. El pan y la bollería congelada han acabado con muchos negocios. Pese a ello, el Gremi defiende que hay que formar a nuevas generaciones para que pueda garantizarse un futuro. «Si quisieran, el 75% podría acabar trabajando este verano haciendo sustituciones», apunta Martínez. 

Han empezado con la panadería y los bizcochos, y después de la Semana Santa, el grupo de veinte alumnos se dividirá en dos. La mitad se especializará en repostería y los otros diez en ofrecer el servicio de cafetería, que ahora complementa a la mayoría de estos negocios. 
Los jóvenes se pasan todas las tardes en el Espai de Trobada de Campclar.

Allí hacen las prácticas y cada uno de los participantes sigue tutorías individualizadas para orientarle en este proceso. «Se intenta que a partir de aquí recuperen los estudios», afirma la responsable de Tarragona Impulsa, Aurora de la Torre. Aquí tendrán un papel clave Sílvia Montserrat y Dolores Aguilar, ambas tutoras del programa de panadería y turismo, que en este último caso incluye tanto la línea de socorrismo como la formación para bar-restaurante.

Camareros que cocinan

Son jóvenes que estaban en paro y que no estudiaban. Se les hizo una entrevista para conocer el nivel de motivación y su compromiso para seguir con un programa que se prolongará hasta el mes de julio. 

En otra de las salas del Espai de Trobada están los alumnos del curso de bar-restaurante. Su trabajo no consiste en tomar nota y servir cervezas. El cocinero y maitre de sala, Xavier Mestre, les hace elaborar los panes y los platos que, tras poner la mesa, servirán a los comensales.

«Intentamos que sea lo más real posible. Si un día están en una cafetería y piden un chocolate con porras, empezamos desde cero», argumenta el profesor. Éste defiende que «el camarero debe saber de qué está compuesto un plato y sus variedades, es la mejor forma de aprender». Meritxell Romero (21 años), trabajó de encargada en un bar. «Estoy aprendiendo cosas que no tenía ni idea y si tu no sabes ni valoras lo que estás haciendo tampoco te darán lo que te corresponde», afirma. Su objetivo: ganar experiencia y ser dueña de su propio negocio.

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