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Redescubrir a tu vecino mientras estás en cuarentena

El confinamiento domiciliario ha permitido a muchos ciudadanos de Tarragona descubrir a vecinos
 del bloque de enfrente e iniciar un vínculo especial durante estos duros días de encierro

JOAN MORALES- JUANFRAN MORENO

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Esther, fotografiada el pasado jueves por Pep Escoda, en su terraza posterior que da a la calle Comte de Tarragona. FOTO: Pep Escoda

Esther, fotografiada el pasado jueves por Pep Escoda, en su terraza posterior que da a la calle Comte de Tarragona. FOTO: Pep Escoda

Dos semanas encerrados en casa dan para mucho. En estos días de reclusión forzada, los balcones y terrazas se han convertido en una válvula de escape a través de la cual miles de ciudadanos intentan acercarse un poco más al añorado mundo exterior. Esta ventana a la libertad está regalando a mucha gente una visión de la realidad totalmente distinta a la que tenían hasta ahora, y el tiempo con el que cuentan les permite fijarse en detalles a los que nunca habían atendido. Como por ejemplo, en aquel vecino de enfrente que sale al terrado a tender la ropa, en la mujer que cada mañana hace su tabla de ejercicios respirando aire fresco o en el joven que todas las tardes se sienta en su terraza a evadirse con la lectura.

Pep, fotografiado el pasado jueves por Esther en su terraza. El ritualse repite cada día a las 13.30 horas. FOTO: Esther

Con las relaciones entre los vecinos de una misma escalera prácticamente abortadas, el confinamiento está ayudando a redescubrir a tu vecino del bloque de delante. Historias como la de Pep Escoda y Esther Ginés así lo demuestran. El primero, fotógrafo profesional, vive en la calle del Comte de Tarragona y la segunda, una profesora de química, en la calle Cavallers. Hasta que el Covid-19 les obligó a encerrarse en casa, ambos se conocían de haberse encontrado alguna vez por el barrio. «Una vez nos vimos y Pep me propuso si quería que me hiciese un reportaje fotográfico en su estudio. Accedí, pero a partir de aquí cuando nos veíamos nos saludábamos y ya está, no había una relación de amistad», explica Esther.

Todo cambió el pasado 14 de marzo, con la orden de confinamiento a toda la población. Pep Escoda comenta que «desde que estoy encerrado, cada día salgo a mi terraza para tomar el vermut. Y un día vi a Esther en su terraza -que da a mi calle- tendiendo la ropa. Empezamos a hablar en la distancia y nos dio por hacernos una foto con los móviles».

Las redes sociales

Este fue el inicio de una bonita historia que, gracias a las redes sociales, pueden compartir a diario cientos de personas. «Surgió la idea de hacernos cada día una foto a las 13.30 horas y colgarla en las redes sociales, donde nos sigue mucha gente que, incluso, espera cada día para verla y comentarla», asegura el fotógrafo, quien tiene claro que «la gente está confinada y necesita alicientes fuera de lo normal que les ayude a hacer más llevadero todo esto».

Pep Escoda está convencido de que «la fotografía es una herramienta que transforma la sociedad y nos ayuda a vivir» y también reconoce que «cada vez que salgo a la terraza veo cosas diferentes que antes no veía. Me siento y observo. Todo esto que está pasando nos puede enseñar una lección: que tal vez necesitábamos parar todos un poco y disfrutar de cosas sencillas, como salir a tomarte un vermut en tu terraza, para darte cuenta de que delante tienes una vecina que se llama Esther».

Para ella, esta fotografía diaria que se hace con Pep es «un símbolo de resistencia y lucha, es una cotidianidad en esta guerra. Hacerme cada día esta foto me obliga a estar bien para salir a la terraza con buena cara. Es el reto del día. Ahora mismo lo es todo para mí», admite Esther, quien se emociona «con el seguimiento que está teniendo este acto en las redes sociales. Cuando leo los comentarios de la gente me emociono porque veo que llegamos a sus corazones».

Historias de mascotas

Las relaciones vecinales también pueden iniciarse estos días gracias al paseo diario de los perros. Como por ejemplo le pasa a Ana, que vive en un edificio del centro de Tarragona, donde no hay vecinas porque todos los pisos -excepto el suyo- son oficinas. A base de salir cada día al balcón ha descubierto a una pareja que vive delante que, como ella, tiene un perro. «Los animales, con el ruido, muchas veces salen al balcón a ladrar y fue cuando nos vimos», explica Ana, quien añade que «a partir de aquí nos hemos encontrado varias veces por la calle paseando a los perros y nos hemos saludado y hablado lo poco que se puede». Además, también ha servido para que Tosca y Alfred -así se llaman los dos perros- se hayan conocido.

Solidaridad vecinal

También encontramos relatos de solidaridad vecinal. Como el de Mari, una vecina de Campclar que está viviendo estos días con mucho miedo. Teme enfermar por el coronavirus y por ello sale lo menos posible a la calle. Cuando lo hace es para comprar o tirar la basura y siempre con mascarilla y guantes para protegerse. Así lleva ya dos semanas.

Uno de estos últimos días decidió bajar a la calle para tirar la basura. Lo hizo como siempre presa del miedo y el nerviosismo. Lanzó la basura y hasta ahí todo tan normal. La sorpresa llegó cuando se dio cuenta de que las llaves de casa le habían caído dentro del cubo de la basura. Vive sola por lo que en casa no había nadie. En ese instante los nervios se apoderaron de ella. Se vio en la calle en plena cuarentena y sin posibilidad de recuperar sus llaves. Por suerte, la historia tuvo un bonito final feliz.

Una vecina vio la situación por la ventana y le dijo que si necesitaba ayuda. Mari reconoció que sí y la vecina bajó junto con su nieta pequeña para ver que podía hacer. Tras muchos esfuerzos, la nieta pequeña logró rescatar las llaves siempre bajo la protección de unos guantes y una mascarilla (conviene recalcarlo). La ayuda vecinal salvó a Mari de una situación tan inesperada como dura para estos días de nerviosismo general.

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