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Reto unánime: convertir las carreteras en avenidas verdes

Los alcaldables de Tarragona apuestan por los carriles bici y la mejora de las aceras

C. P.

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Los alcaldables de Tarragona apuestan por los carriles bici y la mejora de las aceras

Los alcaldables de Tarragona apuestan por los carriles bici y la mejora de las aceras

Recoser la ciudad. Este es uno de los principales propósitos de los candidatos a la alcaldía de Tarragona. Vivimos en una ciudad dispersa, con barrios alejados del centro que luchan día tras día para sentirse parte de la urbe. Desde Bonavista a Ferran y desde Sant Salvador a El Serrallo. Un total de 15 kilómetros que hacen especial y peculiar el territorio. Mejorar la conexión entre barrios y centro es una asignatura pendiente, a pesar de  algunas actuaciones –puntuales– en los últimos tiempos. Es el caso de la pasarela que une el Balcó del Mediterrani con la Platja del Miracle o la apuesta por la gratuidad del autobús, de momento para niños y jubilados. 

Pero no es suficiente. Las asociaciones vecinales exigen inversiones en forma de infraestructuras que mejoren la conexión con el centro. El barrio de Sant Salvador, por poner un ejemplo, se siente «aislado» de Tarragona. A partir de cierta hora no pasan los autobuses y no hay acera para desplazarse andando. Los vecinos llevan años reivindicando actuaciones que nunca han visto la luz. 

También tienen dificultades a la hora de moverse los estudiantes del Campus Sescelades, que se juegan la vida, día tras día, a su paso por la N-240 hasta llegar a la avenida Andorra. Por no hablar de los tarraconenses que van andando al tanatorio. Cuando llegan a la rotonda del McDonald’s no hay por dónde pasar. Otra vez deben jugarse la vida.  

La palma se la lleva la T-11, que une los barrios de Ponent y el centro comercial de Les Gavarres con el centro de la ciudad. Algunos tramos cuentan con hasta ocho carriles para coches, y ninguno para peatones. De árboles, bancos y carriles bici, ni hablar. Por su parte, los vecinos de La Móra también exigen un paseo marítimo que una el barrio con el núcleo urbano, a través de la Via Augusta. Y los de Sant Pere i Sant Pau reclaman más luz en su recorrido hasta el cementerio. A Tarragona le falta mejorar la conexión. Esto es un hecho. 

La principal causa que explica esta problemática es que la mayoría de estas carreteras son propiedad del Estado. Con el paso de los años, estas vías se han camuflado en la trama urbana, convirtiéndose en paseos imprescindibles para ir de un punto a otro de la ciudad. Actualmente, Ayuntamiento y gobierno central trabajan con el objetivo de traspasar estas vías y mejorar la conexión. ¿Qué proponen llevar a cabo los alcaldables a partir del próximo 26 de mayo?

Los programas electorales de las siete formaciones políticas coinciden en su intención de convertir las carreteras T-11, N-340 y N-240 en avenidas urbanas con pasos de peatones, semáforos y carriles bici. En definitiva, transformar las vías en un paseo más agradable, que permita ir andando hasta el núcleo urbano y viceversa. 

Modelos de autobús
El PSC, liderado por el alcalde Josep Fèlix Ballesteros, saca pecho y asegura que el gobierno local ha trabajado en un plan integral con tres ejes esenciales: la conexión con el centro de la ciudad, los equipamientos y la acción social. Los socialistas destacan la Rambla de Ponent, el Anillo Mediterráneo y el Parc Francolí como modelos a seguir. Ballesteros se excusa en la crisis económica de no haber invertido más, y mira hacia el futuro. «El proyecto del autobús gratuito nos permitirá tener los barrios totalmente cohesionados con la ciudad», asegura el edil socialista. 

No opinan igual algunos grupos, como por ejemplo ERC y la CUP, quienes apuestan por mejorar la frecuencia y los recorridos del autobús. «No puede ser que desde los barrios del Nord –Sant Salvador– hasta los de Ponent, se tarde una hora», asegura Pau Ricomà, alcaldable de ERC. Por su parte, Laia Estrada, número 1 de la CUP, opina que es necesario «renovar la flota de vehículos y crear carriles bus». 

Los paseos de José Luis Martín
Las más concretas de las propuestas electorales son las del PP, actual socio de gobierno de Ballesteros. José Luis Martín, su líder, quiere poner en marcha un proyecto de «ciudad paseo», a través de una serie de obras a realizar en cuatro años y con una inversión de menos de 20 millones de euros. El primer paseo se llamará el de los Miradores de Llevant, que unirá La Móra con la Via Augusta. El segundo será la Rambla al Mar, un paseo desde la Plaça dels Carros hasta la Rambla Vella. Martín ha presentado imágenes virtuales durante la campaña.

La Horta Gran y el Riu Francolí también juegan un papel importante en la tarea de cohesionar la ciudad. Rubén Viñuales, líder de Ciutadans, apuesta por transformar la Horta Gran en un «gran parque, como nexo entre Ponent y el centro». Por otro lado, la mayoría de partidos aseguran que trabajarán para dignificar los puentes y aceras que cruzan el Riu Francolí. «Deben convertirse en las puertas de entrada al centro, con viales para peatones y bicicletas en los laterales», propone el número 1 de Junts per Tarragona, Dídac Nadal. 

Por su parte, la alcaldable de la formación En Comú Podem, Carla Aguilar Cunill, habla de propuestas más concretas, como por ejemplo, incluir un paso de peatones que permita cruzar dirección Hospital Joan XXIII desde la avenida Països Catalans, y rehacer la acera de la carretera N-240, que conecta  con la zona educacional.

La fragmentación existente entre barrios y centro de la ciudad no afecta solo en el ámbito urbanístico, también –y no menos importante– a nivel psicológico. Justamente por esto es tan importante trabajar en esta línea. Lo que resulta curioso es que en este tema, la mayoría de formaciones políticas plantean propuestas muy similares y, en cambio, el avance ha sido insuficiente. Quieren carriles bicis, integrar las carreteras en la trama urbana, mejorar el servicio de autobús y convertir el Riu Francolí en la entrada de la ciudad. Todo parece indicar que los partidos serán capaces de llegar a acuerdos.

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