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Tarragona La entrevista de los domingos

"Reus lucha más por su ciudad que Tarragona"

Entrevista a Paco Zapater, uno de los abogados más conocidos de Tarragona

Xavier Fernández

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Paco Zapater, en su lugar preferido de la ciudad: el anfiteatro. Nació en Valencia, pero lleva 40 años en Tarragona.  También fue  profesor de derecho de la Escuela de Trabajo Social. Foto: Pere Ferré

Paco Zapater, en su lugar preferido de la ciudad: el anfiteatro. Nació en Valencia, pero lleva 40 años en Tarragona. También fue profesor de derecho de la Escuela de Trabajo Social. Foto: Pere Ferré

Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia, Paco Zapater es uno de los abogados más conocidos de Tarragona. No sólo porque ejerce desde hace 35 años sino también por su implicación en la sociedad civil –fue Síndic de Greuges de la URV y concejal– y por el drama familiar que sufrió y que encogió el corazón de los tarraconenses.

– El refranero alude a ustedes, los abogados... «Un abogado listo te hará creer lo que nunca has visto» o «suegra, abogado y doctor, cuanto más lejos, mejor». Menuda fama.

– Y añadiría «abogados y procuradores, al infierno de dos en dos»... Pero los abogados somos como los catalanes.

– ¿Cómo?

– Vistos de lejos parecen una cosa, pero de cerca son otra.

– Explique, explique.

– De lejos parecen muy suyos, tacaños... pero de cerca ves seriedad y responsabilidad. Aquí está instalada la cultura del esfuerzo. Una sociedad con esas tres virtudes no tiene límites.

– Menudo elogio indirecto a sus compañeros abogados.

– La abogacía es una de las tres profesiones vocacionales, junto al médico y el maestro. Si no existieran los abogados, los países serían ingobernables.

– ¿En serio?

– Los abogados mitigan la pasión de la persona que acude al despacho, su ansia de judicializarlo todo... Buscan consensos.

– ¿No la lían más?

– Puede haber un pequeño porcentaje que tienda a liarla y sacar provecho. Ese porcentaje, como el de la corrupción, es muy pequeño y tapa a la mayoría de abogados.

– Cuénteme alguna anécdota de sus años de ejercicio.

– Hace años vino un hombre que dijo que trabajaba en la construcción de la central nuclear de Vandellós, que habían cavado una zanja y habían colocado un cartucho de dinamita.

– ¿Dinamita?

– Empezó a llover, los trabajadores se fueron corriendo y se dejaron la dinamita. Al día siguiente vinieron las máquinas y llenaron el agujero de cemento.

– ¿Era verdad?

– No sé si era verdad o no. Quería que escribiera a la empresa para exigirle una indemnización y, si no, se iba al Interviú.

– ¿Qué le dijo usted?

– «Si es verdad, denúncielo de inmediato ante la Guardia Civil, pero si es mentira, calle para siempre, pero a mí no me utilice. !Váyase!».

– Hablando de cuestiones legales y de supuestas invenciones. ¿Cree que lo que dijo el exjuez Santi Vidal sobre el proceso soberanista es verdad?

– Hay una gran parte de verdad, pero una persona con un notable afán de protagonismo como Santi Vidal completa esa semiverdad con su propia película. En determinados círculos de correligionarios puede parecer incluso una machada. Por la boca muere el pez.

– Es un bocazas.

– Sí. Se inventa sentencias de tribunales internacionales. Pretendía ser el ministro de Justicia de Catalunya, pero ahora está muerto políticamente.

– ¿El proceso soberanista está cometiendo ilegalidades?

– Están forzando las normas: hay una Constitución y un ordenamiento jurídico que no se pueden vulnerar. En su día, Jordi Pujol dio una conferencia, en la que defendió la seguridad jurídica como un elemento básico del Estado de Derecho. Los que encabezan el procés están vulnerando el principio de seguridad jurídica. Si alguien hace eso, ha de atenerse a los tribunales.

– Cambiemos de tema. Usted fue durante cinco años, entre 2004 y 2009, Síndic de Greuges de la Universitat Rovira i Virgili. ¿Recuerda alguna queja que le llamara la atención?

– Sí. Unos estudiantes se quejaron de que no les dejaban llevar la fiambrera al bar.

– ¿Lo arregló?

– No se puede discriminar a alguien por su poco poder adquisitivo. Ya les hubiese gustado poder consumir en el bar. Hablé con quien lo regentaba y se solucionó el tema.

– También ha estado cuatro años de concejal.

– En 2007, Josep Fèlix Ballesteros ya me lo pidió. En ese momento yo estaba de Síndic y quería cumplir mi compromiso. En la anterior legislatura, también me lo había pedido el PSC y lo había rechazado porque estaba criando a mis hijos.

– En 2011 fue diferente.

– Sí. Un año antes, el 24 de julio de 2010, mi hija... (a Paco se le quiebra la voz. Recuerda el fallecimiento de Clara en la avalancha de la Love Parade de Duisburgo. En el trágico suceso murió otra joven tarraconense: Marta Acosta)... Notaba el cariño de la gente. No podía decir ‘no’ una tercera vez. Acepté pero sólo para estar cuatro años.

– ¿Qué tal?

– He hecho un master sobre Tarragona. He descubierto matices de la ciudad, con clases prácticas cada día. He conocido personas de toda condición.

– De toda condición y con caracteres diferentes.

– Sí. Un grupo de personas forma parte de la hoguera de las navidades. Le gusta aparentar, aparentar, aparentar... pero hay otro grupo de personas.

– ¿Y cómo son?

– Ayudan a los demás desde el anonimato. Ha habido personas que lo han pasado mal y esos tarraconenses les han echado una mano sin que se supiera.

– Ejerció de concejal sin dejar su despacho de abogado.

– Lo tuve que compaginar. Y funcionaba con un motor menos. Lo tenía dañado (Zapater alude de nuevo a la ausencia de su hija, Clara). Pero el Ayuntamiento me dio vidilla.

– Le ayudó.

– Me ayudó a luchar, sí.

– Hay quien dice que Tarragona es una ciudad dormida.

– Percibo la atonía de Tarragona, de su gente. Y al mismo tiempo la lucha por su ciudad que tradicionalmente han llevado los de Reus. Me llama la atención.

– ¿Los reusenses luchan más por su ciudad que los tarraconense?

– Sí. Son más nacionalistas de su ciudad, por decirlo así.

– ¿A qué se debe?

– Cualquier ciudadano de Reus tiene 14 ó 15 generaciones de Reus a sus espaldas. Tarragona quedó despoblada tras la ocupación de los franceses. Los tarraconenses se fueron. Vino gente de fuera a repoblarla, pero los que habían vivido en Tarragona quedaron tan acojonados que no volvieron.

– Eso sucedió hace 200 años.

– Son solo cuatro generaciones. Nos falta arraigo en la ciudad. Ahí está la diferencia con Reus.

– Durante muchos años, Tarragona fue una ciudad de curas y militares. ¿Ha forjado eso un carácter conformista?

– Ahora los militares han desaparecido. A los curas no se les ve por la calle, pero otra de las cosas que me sorprendió fue el poder fáctico que tiene la Iglesia en Tarragona. Un poder que no tiene ni en Barcelona, ni Valencia, ni Castellón...

– ¿En qué se plasma ese poder?

– He oído decir a un dirigente político local que en Tarragona es difícil ser alcalde sin el placet del arzobispo.

– ¿Quién es ese dirigente?

– No lo diré.

– Tarragona anda siempre quejándose de Barcelona o Madrid en vez de espabilarse.

– A Tarragona le ha perjudicado la potencia de Barcelona, la deja en la sombra. Y Reus siempre en el rebufo. Pero yo creo en la unidad entre Tarragona y Reus.

– Seríamos más potentes.

– Sí, el segundo polo en población y riqueza de Catalunya. No debemos tirarnos los trastos, vivir de espaldas. Empezando por Reus. Fíjese lo poco que han construido hacia Tarragona. Si lo hubiesen hecho, ya nos estaríamos tocando en las Gavarres.

– El punto medio.

– Se podría haber construido un campus universitario único a medio camino entre ambas.

– La URV está dispersa.

– Sí. Es costoso, pero es el único organismo, aparte de la Diputación, que es provincial. Y además la mitad de los que están en la Diputación no creen en la provincia, pero cobran. Tenemos seis administraciones.

– Cierto.

– Ayuntamientos, Consells Comarcals, Diputaciones, Generalitat, Gobierno y Unión Europea. Es imposible de soportar económicamente.

– ¿Qué le falta a Tarragona?

– Tener metas colectivas y que le pasemos el poder a la siguiente generación.

– ¿El poder?

– Yo vine de Valencia y no volvería, pero tengo dos patrias:la de origen y la de destino. Nuestros hijos han nacido aquí. Hay que darles el poder a ellos.

– ¿Los Juegos del Mediterráneos previstos para 2017, pero retrasados al 2018, podían ser esa meta? ¿O fracasarán?

– Se pueden convertir en fracaso por culpa un poco de todos, pero sobre todo del Gobierno central. Generalitat y Diputación han cumplido, pero el Estado no ha hecho nada. Ytenía que haber pilotado la nave, como hizo con Almería.

– El PP alega que ha estado un año en funciones.

– Pero ha gobernado antes durante cuatro años. Y ha sido incapaz de poner nada. Si el actor principal no se sube al tren, qué van a pensar los patrocinadores del evento.

– ¿No cree que el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, ha vendido humo? Dio la sensación de que todo estaba ligado.

– Todo estaba ligado. Cuando se va a Mersin, había que llevar un aval del Gobierno. El aval está por escrito. Por esoMersin dio los Juegos a Tarragona. Era un Gobierno del PSOE. El color del gobierno no debe importar. Uno hereda lo del anterior. Eso es seguridad jurídica.

– Aún no se sabe si aportarán el dinero que se necesita.

– No. Y sería una muestra de que Tarragona es Catalunya y Catalunya esEspaña. Dan argumentos a los independentistas y además se demuestra el poco peso específico de la ciudad.

– Somos la ciudad de los proyectos pendientes: la Tabacalera, la Residencial, el preventorio de la Savinosa...

– Cierto, cierto. Tenemos un rosario de cosas por hacer, muchos cadáveres... Habría que solucionar al menos uno en cada legislatura.

– Hablemos de una cosa concreta: ¿derribaría usted la plataforma del Miracle?

– No. En su día me pareció un gasto suntuoso. No hay nada más bonito que una playa virgen, pero ya que está se podrían hacer cosas en la plataforma como conciertos o teatro.

– Hablaba usted antes del fallecimiento de su hija. A Tarragona se le hizo un nudo en la garganta cuando se enteró.Todos intentaron apoyarle.

– Noté que estaban a mi lado (se emociona, pero sigue hablando). Éramos una familia normal, con dos hijos que estudiaban y querían mucho a sus padres... Mi hija estudiaba Psicología e hizo un Erasmus en Munster. Íbamos a recogerla a la semana siguiente de la Love Parade de Duisburgo.

– Pero recibió una llamada.

– Clara había ido con compañeros de la universidad a la Love Parade. Recibí una llamada del cónsul español en Duseldorf y me dijo que Clara había muerto.

– No puedo ni imaginar el dolor que sufrieron.

– Fue como si me hubieran abierto el pecho con un hacha. Pasamos los cuatro días más horrendos de nuestras vidas. Ver el sitio dónde ha fallecido tu hija, traerla en un ataúd en un avión en vez de en el coche con sus bártulos, el funeral en Tarragona... Recibimos mucha solidaridad en Tarragona y también en Alemania.

– El anterior alcalde de Duisburgo tuvo un comportamiento deleznable.

– ¡Daba la culpa a los chicos que fueron al concierto! Los ciudadanos le echaron a través de un referéndum. Su sucesor y la presidenta del Land nos han ayudado mucho, pero estamos en una lucha desigual con el sistema judicial alemán.

– Quieren que se procese a los responsables.

– Tras seis años de proceso judicial, el Tribunal de Diusburgo dice que no hace nada porque no ha encontrado indicios de culpabilidad.

– ¿Hubo delito?

– Fue un sobreaforo criminal. Si dejas pasar a un millón de personas donde sólo caben 150.000 personas es muy grave. No quieres matar a nadie, pero puede suceder algo grave.

– Como en el Madrid Arena.

– Allí fallecieron cinco chicas y hay siete condenados a penas de cuatro años. En la Love Parade hubo 21 fallecidos y 500 heridos. Que nos dijeran que no había indicios nos ofendió mucho. Hemos recurrido ante un tribunal superior al que hemos entregado 366.000 firmas, que recogimos en change. org.

– Seguirá hasta el final hasta que logre Justicia.

– Sí. Iré hasta Estrasburgo si hace falta. Tengo a Clara siempre en mi corazón, como si fuera una muñeca matrioska.

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